Cómo vivir con hambre a todas horas

Marcos tiene una enfermedad rara, la de Prader-Willi, y nos lo cuenta junto a su madre en 'La Noche de COPE'.

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Esta enfermdad provoca ganas de comer las 24 horas. COPE.ES

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:29

Marcos llegó un mes y medio antes de la fecha prevista, por lo que a su madre Mari Ángeles tuvieron que provocarle el parto. Unos meses más tarde se dieron cuenta de que Marcos tenía una enfermedad rara, el síndrome de Prader-Willi.

Esta enfermedad afecta al funcionamiento de la región cerebral del hipotálamo. Y la sufren uno de cada 15.000 nacimientos. Marcos es un joven que ha aprendido a vivir con los límites que esta enfermedad le impone, una de ellos, la de estar permanentemente a dieta. Cuando nació no era capaz de mover los brazos, las piernas o llorar, incluso. Esta enfermedad provoca síntomas físicos como hipotonía, elevado umbral del dolor, somnolencia diurna, no regulan bien la temperatura, necesidad de comer constantemente.

Este síndrome no solo provoca unas ganas de comer a todas horas sino una mayor facilidad para aumentar de peso. “Yo tengo hambre las 24 horas del día”, cuenta Marcos en La Noche de COPE. “Nosotros comemos y decimos, ya no puedo comer más porque me he saciado. En ellos, su hipotálamo no funciona bien y no tienen esa sensación de saciedad. Por eso, siempre tienen hambre y siempre buscan algo que comer”, explica su madre Mari Ángeles.

Marcos, que ahora tiene 19 años, asegura que no siente “ni calor ni frío. Si me baño con agua o sopa ardiendo no siento nada”. Y en más de una ocasión ha acabado en urgencias por atracones o comer cosas no comestibles. “Comí comida de gato, comí abono de plantas y comí pintura”. Para evitar que entre a la cocina, su familia ha puesto una cerradura electrónica con un código numérico. “ Así no se puede acceder a la cocina si no tienes un código para entrar”, dice su madre.

Además, Marcos explica lo que es vivir con esta enfermedad y los impedimentos que ha supuesto en su vida. “Me siento muy mal de no poder hacer lo que hace la gente normal, como salir con los amigos o tener novia. En el colegio tuve problemas porque los profesores y alumnos no entendían mi enfermedad, sufrí bullying. Pero gracias a la recomendación de una psicóloga, cambié de colegio y todo cambió, los profesores me entendían y estuve súper contento”.

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