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Tres asesinos sedientos de sangre

El vampiro de Bucarest, el vampiro de Río de Janeiro y el vampiro de Lyon: tres criminales que bebían la sangre de sus víctimas

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COPE.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:33

Ellos buscaban la sangre. Abrían heridas en los cuerpos de sus víctimas para beber del líquido que manaba. Eran vampiros. Pero no vampiros de leyenda, sino asesinos brutales con esa extraña tendencia a consumir sangre.

Al primero de nuestros protagonistas lo llamaban “el vampiro de Bucarest”. Ion Rímaru fue un brutal asesino rumano que aterrorizó a la ciudad de Bucarest a principios de la década de los 70. Solía pasear de noche, al acecho de mujeres. Cuando encontraba una víctima, se abalanzaba contra ella y la golpeaba en la cabeza con algún objeto contundente. Ya desvanecida, Ion la mutilaba para beber su sangre, causándole una muerte lenta y dolorosa.

Ion Rimarú fue condenado a morir fusilado. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Bucarest, en una tumba sin nombre.

A nuestro segundo protagonista, el brasileño Marcelo Costa de Andrade, le apodaron “el vampiro de Río de Janeiro”. Sus víctimas eran niños de entre 6 y 13 años, a los que engatusaba para que lo acompañaran, para luego estrangularlos y golpearlos hasta la muerte. Ya fallecidos, se bebía su sangre. Marcelo decía que de esa manera llegaría a ser tan hermoso como ellos.

Marcelo Costa de Andrade sigue vivo, y permanece interno en un hospital psiquiátrico de Brasil.

Cerramos nuestro periplo con el francés Martin Dumollard, “el vampiro de Lyon”, un siniestro personaje que engañaba a las mujeres prometiéndoles un trabajo como sirvientas bien remunerado. Su verdadera intención era acompañarlas a un lugar apartado, donde las mataba sin piedad y les robaba sus pertenencias. Pero cuenta la tradición que, antes de abandonar los cadáveres, bebía sangre de cada uno de ellos.

Martin Dumollard fue condenado a morir en la guillotina. Su cabeza se expone actualmente en el Museo Testut-Latarjet.

Son tres vampiros de carne y hueso, muy alejados de aquellos que habitan en las novelas de ficción. Vampiros reales que no podían evitar la tentación de consumir sangre humana.

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