La erupción del Vesubio sigue sorprendiendo: otro hallazgo extraordinario

El estudio ha sido realizado por un equipo de investigadores dirigido por el antropólogo Petrone, de la Universidad de Nápoles.

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Pompeya, una de las ciudades más prósperas del Imperio Romano, fue sepultada bajo las cenizas provocadas por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C. Pompeya desapareció de la superficie de la tierra y con ella, miles de personas. Además localidades cercanas como Herculano y Estabia también quedaron enterradas. Nada ni nadie consiguió huir de la lava y nunca más se volvió a saber de ella hasta 1599, 600 años después. 

El arquitecto Domenico Fontana, al excavar un túnel subterráneo, descubrió unos frescos con contenido sexual por lo que los volvió a enterrar. Pero no fue hasta 1738 cuando Carlos III, entonces, rey de Nápoles y futuro rey de España, encargó a un ingeniero militar español, Roque Joaquín de Alcubierre, que iniciase unas excavaciones para encontrar la ciudad perdida. Los primeros yacimientos se hicieron en la zona de Herculano. Allí consiguieron desenterrar algunas estatuas, pero el monarca era muy ambicioso y decidió ampliar el alcance de la búsqueda. Fue así como en 1748, se comenzó a excavar en la zona de la antigua Pompeya, aunque la ciudad no fue identificada como tal hasta 1763. 

Hoy hemos conocido nuevos hallazgos de restos del fatídico desenlace de Pompeya. 

El estudio ha sido realizado por un equipo de investigadores dirigido por el antropólogo Petrone, de la Universidad de Nápoles. Casi 2000 años después de la erupción del Vesubio, este profesor ha descubierto que la lava que sepultó la ciudad, convirtió el cerebro de una víctima en vidrio por el elevado calor. La temperatura del fuego era de 520 grados.

Ya en unas excavaciones en la década de los 60, se encontraron entre las cenizas volcánicas, una cama de madera y los restos carbonizados de un hombre. Los arqueólogos creyeron que era el cuerpo del custodio del Colegio de los Augustales, un edificio dedicado al culto de Augusto. Probablemente se encontraba solo durmiendo allí cuando fue sorprendido por la erupción.

 Por primera vez se han encontrado minúsculos fragmentos de cerebro, no solo carbonizado como el resto del cuerpo, si no VI-TRI-FI-CA-DOS por las altas temperaturas. Unas temperaturas de entre 370 y 520 grados que sepultaron la ciudad entera de Pompeya tras la erupción en el año 79 d.C del Vesubio.

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