Así eran los cuatro mártires beatificados en Tortosa

En 'La Linterna de la Iglesia' hablamos con Carlos Comendador, el postulador de la causa, y con algunos de los familiares de los mártires

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Así eran los cuatro mártires beatificados en Tortosa

Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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Hacemos parada en Tarragona, exactamente en Tortosa, donde este sábado van a ser beatificados cuatro sacerdotes de la Hermandad de Sacerdotes de Operarios Diocesanos: Francisco Cástor Sojo López, Millán Garde, Manuel Galcerá y Aquilino Pastor, asesinados todos ellos por odio a la fe entre 1936 y 1938.

La ceremonia, presidida por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro, podrá seguirse en TRECE a partir de las 11 de la mañana.

Pero ¿quiénes eran estos sacerdotes operarios? ¿Por qué fueron asesinados? Estos cuatro mártires son el último grupo por beatificar de un total de treinta mártires de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos que dieron su vida durante la persecución religiosa del siglo XX en España.

Uno de los beatificados será Cástor Sojo. Teresa, la sobrina-nieta de este sacerdote operario le recuerda casi como la figura de un abuelo al que nunca conoció: "Tuvo muchísima relación con sus sobrinos. A todos les enseñó música. Y, antes del 36, ellos ya eran conscientes de que Cástor estaba en peligro porque en España había una ola de anticlericalismo". La persecución religiosa que se vivía en los años 30 en España hizo que a Cástor le dieran la posibilidad de huir del seminario de Ciudad Real, donde daba clases. Él ya sabía que su vida corría peligro, pero se negó a ocultarse y renunciar a lo que creía.

Otro de los sacerdotes que sufrió martirio en aquel verano de 1936 fue Aquilino Pastor, el mártir más joven de la Hermandad, de 25 años. Su sobrina Antonia, que tiene 85 años, explica que fue fusilado en Úbeda el día que cumplía su primer año como sacerdote. "Iba con una cara risueña y alegre, gritando '¡viva Cristo Rey!'. Murió contento y feliz, y decía que para Jesucristo".

Quien también conoce bien la historia de Aquilino Pastor es el párroco de su pueblo natal, Zarza. El padre Emiliano Moriano ha estudiado la vida del futuro beato desde hace más de una década, y tiene registrado el relato de la testigo que presenció cómo lo apresaron: "Lo sacaron por la tarde, el día 28 de agosto de 1936. Una religiosa dio testimonio de que iba perdonando".

Librada es la sobrina-nieta del sacerdote catalán, Manuel Galcerá, y nos cuenta la ilusión con la que toda la familia espera la beatificación de mañana; incluida su madre, Sofía, a la que el mártir siempre tuvo un cariño especial: "La familia, toda en pleno, se ha volcado. Han sentido la llamada de la religión otra vez".

Todos ellos perdieron la vida cuando ejercían como formadores en los seminarios de Ciudad Real, León y Baeza. No buscaron la muerte pero tampoco huyeron. Sus vidas nos dejan un gran testimonio de fe que muestra el sentido de la vida, como recuerda el postulador de su causa, Carlos Comendador.

El postulador remarca la condición de formadores de seminario de estos cuatro sacerdotes operarios: "No sólo fueron mártires, fueron formadores de mártires, de aquellos que pasaron por los seminarios por los que estuvieron ellos, entonces su martirio tiene un poder multiplicador".

En la víspera de la beatificación, la catedral de Tortosa ha acogido una vigilia de oración por las vocaciones: "Ha sido por las vocaciones en la Iglesia y en la Hermandad. Un sacerdote que ha venido me decía que verdaderamente le ha emocionado. Estaba cansado y venía por hacer acto de presencia antes de ir al hotel a descansar para mañana. Ha sido muy emotiva.

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