Ignacio: "Tengo unos zapatos buenísimos que me los compró mi madre cuando tenía 14 y me duran con 64; costaron 4.900 pesetas"
La historia de Ignacio, un oyente de COPE, destapa el vínculo emocional que miles de personas mantienen con sus objetos más preciados y que se niegan a tirar por mucho que pasen los años

Escucha la Hora de los Fósforos del viernes 16 de enero
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La Hora de los Fósforos, con Alberto Herrera, abrió hace unos días el micrófono a los oyentes para hablar de esas prendas y objetos que, a pesar del paso del tiempo, el desgaste o las modas, se niegan a tirar. La consigna ha destapado un universo de historias personales donde el valor sentimental supera con creces al material, demostrando que un objeto puede ser un ancla a nuestros recuerdos más queridos.
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El caso más sorprendente ha sido el de Ignacio, un oyente a punto de cumplir 64 años que ha compartido la historia de sus zapatos Yanko. Su madre se los compró cuando él tenía apenas 14 años, un esfuerzo económico notable en la época. "Le costaron 4.900 pesetas. Los pagó poquito a poquito, porque quería que su niño tuviese unos zapatos Yanko", ha relatado emocionado.
Cincuenta años después, Ignacio sigue usando aquel calzado mallorquín. El motivo es tan sorprendente como la propia historia: su talla de pie no ha cambiado. "Con 14 años, tenía yo la misma que tengo ahora. La misma, la misma, un 43, y sigo teniendo un 43", ha confirmado. Se trata de unos zapatos de vestir marrones, con suela de goma, que se conservan como una auténtica reliquia.
Los pagó poquito a poquito, porque quería que su niño tuviese unos zapatos yanko"
Historias de apego y caos
La anécdota de Ignacio ha servido de catalizador para otras historias, como la de Amparo y la cartera de su marido. Era un objeto tan viejo que "nos daba vergüenza a mis hijos y a mí que la sacara". Más que cartera, parecía un acordeón, ha descrito. El clímax llegó cuando su marido, en un viaje, la tiró en una papelera del aeropuerto porque se iba a cambiar de cartera, lo que provocó una alerta de seguridad al pensar la policía que le habían robado.

Imagen de recurso de una cartera vieja
El apego a los objetos cotidianos también ha quedado patente en el testimonio de Ángel, quien lleva 51 años usando el mismo juego de cubiertos que le regalaron para su comunión: "Desayuno, comida y cena lo uso todos los días estando en casa". Similar es el caso de Miguel Ángel, de 52 años, que duerme con camisetas de cuando tenía 15. "Ya están tan lavadas y tan finitas, que esto es un papel de fumar", ha confesado, lamentando que su cuñada le tiró a su hermano todas sus prendas viejas.
No obstante, hay objetos que son un vínculo directo con el pasado familiar. Así lo ha contado María Rosa, de 75 años, que atesora el plato de la mili de su padre, quien nació en 1918 y estuvo en el frente. Aunque está abollado, para ella tiene un valor incalculable y un uso muy concreto: "Este plato lo uso todos los días que hay patatas en mi casa".

Un grupo de jóvenes españoles haciendo la mili
La tecnología de antaño también tiene sus defensores. Pili conserva un transistor National de su abuelo de 1979 que "funciona mejor que lo que hay hoy día". Por su parte, Diego, de 78 años, ha relatado cómo una cucharilla de alpaca que cogió en un hotel de Estados Unidos en 1992 se convirtió en su herramienta indispensable para tomar sal de fruta todos los días desde hace 33 años.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




