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Luis del Val: "La ONU trata a las vacas con objetividad y con los seres humano se pone muy amable"

El tertuliano de 'Herrera en COPE' analiza las recomendaciones de Naciones Unidas para cambiar nuestra alimentación

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:06

El inconveniente que tiene el informe de la ONU es que trata a las vacas con objetividad y, en cambio, con los seres humanos se pone muy amable, como si comiéramos y no hiciéramos la digestión con todas sus consecuencias.  A ello añádase ese pudor victoriano de evitar cualquier alusión fisiológica, hablando en términos amables de la emisión de metano, como si el metano les saliera a las vacas por las orejas o al abrir la boca. No, las vacas expelen metano por el ano, exactamente igual que los seres humanos, como consecuencia del proceso químico de la digestión al procesar las hierbas y cereales ingeridos. Y ese gas metano, que puede salir de una manera discreta y sin ruidos, o bien de una manera más bullanguera y tronante, desde  Cervantes hasta nuestros días se le ha llamado peo o pedo. Don Francisco de Quevedo, hace  ya unos 350 años incluso le dedicó un poema, a lo largo del cual dice en dos versos:  “el pedo es como un  alma en pena/ que a veces sopla, que a veces truena”. 

Desde luego el de las vacas debe ser grandioso, dado su peso, pero en el planeta en el que habitamos hay 1.500 millones de vacas, mientras que los seres humanos rondamos los 8 .000 millones. Ocho mil millones, la mayoría de los cuales, como no somos vacas, aplicamos una enorme discreción cuando nos dedicamos a expeler metano a la atmósfera, pero eso no quiere decir que no lo hagamos. Y así como 1.500 millones de vacas, estén en el establo o en el prado, arrojan constantemente metano a la atmósfera, los casi ocho mil millones de bípedos implumes, estén vestidos, anden por la calle, permanezcan sentados en una oficina o en un transporte público, también lo hacen, o también lo hacemos. La ONU sabe muy bien que no tenemos el cuerpo angélico y carga de una manera sectaria contra las flatulencias de las vacas, como si los seres humanos proyectáramos al aire que respiramos Paco Rabanne y Chanel número cinco.

Pero lo que más me aterra del informe de la ONU,  no es su decidido empeño en  que disminuyamos el consumo de vacuno con el noble objeto de que disminuya también el número de vacas, sino la entusiasta recomendación de que aumentemos el consumos de legumbres y leguminosas.  Apelo al sentido común de nuestros oyentes y a su experiencia para tratar este problema con datos empíricos. Recuerden lo que sucede por la tarde tras consumir un bistec o un churrasco, y recuerden la tarde que se pasa, cuando te has tomado para comer unas alubias de Tolosa, unas fabes o unos garbanzos.  Podemos disminuir el consumo de carne, pero aumentaremos el número de cuescos por habitante y año, creo que aumentaría el gas metano arrojado a la atmósfera. Lo que me hace pensar que los informantes de la ONU no se han tomado  un buen plato de judías  por lo menos desde que Chencho Arias dejó de ser allí embajador. 

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