Luis del Val: “Iglesias dio una lección bolivariana para arreglar la Sanidad cuyas recomendaciones incumple”

Comienza a resultar patético ese afán por estar presencialmente en el Consejo de Ministros o por aparecer en una rueda de prensa

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:58

Comienza a resultar patético ese afán por estar presencialmente en el Consejo de Ministros o por aparecer en una rueda de prensa. Promueve a una cierta conmiseración esa confusión mental de no distinguir una rueda de prensa de un mitin, y empieza a ser cargante esa soberbia vestida con el pasteleo de la falsa humildad, que engrandece cada día la dimensión de su cinismo. Me refiero, claro está al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias.

Pero, ayer, me sorprendió algo nuevo. No la paradoja de presentarse junto al ministro de Sanidad, que insiste en el confinamiento, mientras él se lo salta cuando le sale del arco del triunfo de Galapagar; ni siquiera, que a las 24 horas de que el presidente del Gobierno, dijera en el Congreso que era tiempo de olvidar las ideologías hasta que esto acabe, y pidiera la unión de todos, y le dieran su apoyo los partidos de la oposición, el vicepresidente de este Gobierno, que acaba de pedir una tregua para la discusión ideológica, el patético Pablo Iglesias, levantara la bandera de su ideología de marxista trasnochado, y diera una lección bolivariana para arreglar la Sanidad cuyas recomendaciones él incumple, a la vez que alentara la cacerolada antimonárquica, el mismo día en que supimos, como un símbolo, que entre los caídos estaban ya una enfermera, un policía municipal y un guardia civil.  

Lo que más me asombró es que, cuando se le inquirió sobre su responsabilidad como secretario general de Unidos Podemos o Unidas Podemas, declarara que él estaba allí como vicepresidente del Gobierno. Es decir que hay dos Iglesias Turrión. El Iglesias Turrión, vicepresidente del Gobierno, y el botarate secretario general de Unidos Podemos, o Unidas Podemas, que aprovecha cualquier resquicio para llevar a cabo lo que el Gobierno o prohíbe o ruega que no se haga.  

De esta dualidad tenemos un antecedente, que es Pedro Sánchez, que, según una de sus vicepresidentas, también son dos: el Pedro Sánchez de las elecciones, y el Pedro Sánchez que, ya presidente del Gobierno, hizo absolutamente todo lo contrario de lo que había dicho que iba a hacer. Sin embargo, esta dualidad es más fácil de entender, porque se divide entre el pasado y el presente, pero no se mezcla. Aquí, en cambio, nos encontramos con un Iglesias Turrión que ahora mismo es el secretario general de Unidas Podemas y, al minuto siguiente, puede ser el vicepresidente del Gobierno. Si entra en los lavabos de la Moncloa, antes o después del Consejo de Ministros ¿Quién se pone a mear: el secretario general o el vicepresidente? No se trata de una pregunta con intención humorística, sino esclarecedora: ¿Cuándo se siente en la comisión que controla el Centro Nacional de Inteligencia, se sentará el vicepresidente o el secretario general? Y si es vicepresidente, mientras se entera de los secretos de Estado, de eso que él llama las cloacas ¿hay garantías de que no le cuente estos secretos al botarate secretario general, organizador de caceroladas?

La pregunta es importante, porque podríamos estar ante un esquizofrénico, es decir, ante un enfermo peligroso, que, en los casos extremos, puede comportarse como un bondadoso monje benedictino y, al día siguiente, como un asesino en serie.

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