Luis del Val: "Feliz Navidad, Papá y mamá, gracias por enseñarme que la Navidad puede ser alegre sin dinero"

Ya puedes escuchar la 'Imagen de Luis del Val' de este viernes 24 de diciembre, día de Nochebuena

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Luis del Val: "Feliz Navidad, Papá y mamá, gracias por enseñarme que la Navidad puede ser alegre sin dinero"

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La patria más auténtica de cualquier persona es la infancia y, en Europa y en América, no hay infancia sin Navidad. Por eso, esta mañana y esta noche es una mezcla agridulce de encuentros y ausencias; de la alegría de los pájaros que vuelven al antiguo nido, con pajarillos más chicos, y de la melancolía agazapada al advertir la nómina de los que ya no volverán; del alborozo que produce observar cómo los más chicos construyen la patria de su particular infancia, y del inevitable recuerdo de esa infancia lejana que te convirtió, para bien y para mal, en lo que eres. Y, a la vez, ese calambre que te atraviesa, esa necesidad de que en otros nidos suceda algo parecido, esa premisa de que es imposible la felicidad personal, si no está extendida y generalizada y, por eso, envías un abrazo a esas familias de La Palma, que han perdido sus nidos y celebrarán la noche en una caravana, y a esos otros nidos, donde la pandemia les arrebató la alegría y la presencia de alguien de los suyos.

No se puede ser héroe de manera ininterrumpida, ni tampoco solidario. Lo somos, hoy, porque hace 2021 años nació un personaje que revolucionó su tiempo, y cuyo mensaje de amor ha aguantado más de dos mil años, que ya es aguantar en estas sociedades donde el cambio parece una obligación diaria. Y, sí, es cierto, puede que muchos confundan, o confundamos, la alegría de la celebración con la procedencia humilde de un mensaje, tan humilde que le hizo a escribir a Lope de Vega: “Yo vengo de ver, Antón,/ un niño en pobrezas tales/que le dí para pañales/ las telas del corazón”.

Envuelto en esas telas quiero enviar un abrazo a quienes nos escuchan, y convierten nuestro trabajo en una tarea reconfortante; a todos mis compañeros, que desde la redacción o desde las salas de control de emisiones hacen posible que siga funcionando este invento. Y, esta noche, cuando venga el instante de desearnos la paz y la salud, abrazaré a mi mujer, hijos y nietos, y, allá en el fondo, por entre las telas del corazón, sin pronunciar las palabras, diré “Feliz Navidad, Papá; feliz Navidad, mamá. Y gracias por enseñarme que la Navidad puede ser alegre y feliz, sin dinero. Gracias por dejarme de herencia esa patria, que es mi infancia”. Y, a todos, frente a tantos días complicados, feliz Nochebuena.

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