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Luis del Val: "Batet y Llop han comenzado sus presidencias dando muestras de cobardía"

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:55

He asistido a muchas bodas de familiares, de amigos y, últimamente de hijos de amigos. Imagino que lo mismo que la mayoría de ustedes. Y, en ninguna boda, en ninguna, cuando le formulan a los contrayentes su compromiso, jamás he oído una coletilla al 'Sí quiero'. Nunca he escuchado a la novia decir “Si, quiero, por imperativo legal, a pesar de que mi marido es del Real Madrid y yo del Atlético”. O el novio expresar “sí quiero, aunque me voy a dedicar a cambiar las leyes matrimoniales”. Porque se trata de un compromiso serio y solemne, delante de la familia y de los amigos, que no admite cachondeos.

En la tramitación de un préstamo, se nos pide una declaración jurada de bienes. Y firmamos un documento donde dice yo, Fulano de Tal declaro bajo juramento que poseo los siguientes bienes, y se adjunta la relación y se firma. No hay antecedentes de que un ciudadano español haya dicho “juro mi declaración de bienes por imperativo legal, y porque en los demás bancos son igual de plastas que en éste”.

Los ciudadanos españoles, el pueblo español, donde reside la soberanía, está compuesto por millones de personas responsables, que cumplen las normativas, y no plantean problemas. Pero cuando los representantes de ese pueblo, los diputados y senadores, se encuentran ante la situación solemne de iniciar una legislatura, se comportan como si estuvieran en una fiesta infantil y se tratara de sortear los puestos para el turno de romper la piñata. Esta pandilla de gamberros, disfrazados de ideología de baratillo, esta recua de descomedidos que interpretan con entusiasmo el papel de chisgarabís, no solo representa a sus partidos, sino que nos representan a todos nosotros, y miro a mi alrededor, y nosotros no somos tan groseros, tan descorteses, tan zafios ni tan mequetrefes como ellos.

Ni la presidente de las Cortes, ni la del Senado han querido o no han sabido que una ceremonia que debiera ser respetuosa se haya convertido en un concurso de ocurrencias de concurso televisivo. No me extraña por parte de la presidente del Congreso, la señora Batet, politizada socialista hasta en la vida familiar, pero me sorprende en una juez, que cuando estaba en el juzgado número de 5 de violencia de género, no admitió ni una chirigota de acusados o de testigos, porque los hubiera despachado de la sala. ¿El Senado le parece menos importante? ¿Allí sí que se admite la quiebra de las normas y convertir lo solemne en un botellón de palabras?

Han comenzado su presidencia dando muestras de pusilanimidad, de cobardía o de partidismo, más o menos disimulado. Pertenecen a las cuatro más importantes jerarquía del país, pero no han sabido estar a la altura encomendada, permitiendo esa falta de respeto al pueblo que representan. Y esto puede seguir: dentro de nada un vicepresidente, que se consume por tardar tanto en serlo, podrá jurar el cargo delante del Rey, diciendo que promete por imperativo legal y que cumplirá y hará cumplir las leyes hasta que las cambie y llegue, por fin, la República a España”. Faltan unos días, y esa será la consecuencia de esta permisividad suicida, de esta ambición de poder personal, sin que a nadie le importen los medios.

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