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"Hay días que no se olvidan, que se quedan grabados para siempre, como aquél 11 de diciembre de 1987"

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:56

Hay días que no se olvidan. Incluso en este oficio donde hablar de muertos forma parte de lo cotidiano, hay días en que el yerro incandescente  de la ganadería de la vida, se aplica a la piel del alma para evitar cualquier olvido. Y aquél día, dos semanas antes de la Navidad, sonó lo más opuesto al villancico, y nuestra compañera de Zaragoza hablaba de trozos de cuna, de muñecas destripadas, y de niñas que también habían sido despedazadas  y que jamás acunarían a sus muñecas.

Cuando hace unos años leí una entrevista a Jesús Eguiguren, donde contaba que en las conversaciones con Josu Ternera había encontrado afinidades, porque habían hablado de los hijos respectivos, y que al fin  y al cabo, ambos tenían una familia, me pregunté cómo era posible que Eguiguren jamás hubiera hablado con los guardias civiles a los que ETA había arrebatado la vida de sus hijas, y que también tenían una familia, pero  una familia destrozada.  Y, ayer, cuando le escuché calificar a Josu Ternera como  un héroe de la democracia, me percaté que, en realidad, Jesús Eguiguren sentía una lógica y comprensible admiración por Josu Ternera, desde un punto de vista objetivo, y es que Eguiguren, en su carrera criminal, no ha pasado de pegarle una paliza a su mujer, y ser condenado a 17 días de arresto, mientras que Josu Ternera es responsable de la matanza de niños al por mayor. Es como si un jugadorcillo regional, de un equipo que aspira a jugar en la Tercera División, de repente, se encuentra hablando de tú a tú, con Ronaldo o con Messi. Y también es explicable que Otegui hable de autoritarismo, porque no le parece explicable que la Justicia persiga a los asesinos de niños, mientras que secuestrar a las personas, asunto en el  que Otegui tiene experiencia, lo debe observar como un ejercicio democrático, o de libertad de expresión, ¿Amas la libertad de expresión? Pues nada, toma a una persona a la fuerza y métela en un zulo. ¿Eres un vasco patriota y quieres que tu 'pueblo sea feliz? Pues pon bombas en una casa cuartel, y que salten por los  aires las cunas y sus muñecas, y las dueñas de esas muñecas a las que ya nunca dirá su madre que es tarde  hay que levantarse.

Hay días que no se olvidan. Por la avenida de Cataluña pasaba de niño en el tranvía, y, de joven,  con un utilitario, camino  del río Gállego, el otro río  de Zaragoza que riega las huertas de Santa Isabel Montañana. Y cuando aquél día volví al estudio, tras volcar el dolor  y la desesperación sobre las teclas, me temblaban las manos, e Iñaqui Gabilondo  se desplazó hacia mi lado, porque intuía que podría romperme y no terminar.   

Sí, hay días que no se olvidan, que se quedan grabados para siempre, como aquél 11 de diciembre de 1987, cuando  dos semanas antes de la Navidad, ETA se adelantó a Herodes,  y comenzó a reventar niños con la zambomba del amonal que manejaba Josu Ternera. 

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