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Luis del Val: "Debemos ser respetuosos con quienes están dispuestos a dar la vida por la patria"

El periodista llora la muerte del comendante del Ejército del Aire y de su alumna durante una maniobra

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:14

Hay algunos días en que escuchas las noticias por la radio, das una ojeada a los periódicos y notas que la opinión sobre la sociedad en la que vives no es muy optimista. Un chico va a trabajar, como todos los días, y un borracho, conduciendo en dirección contraria, lo mata. El responsable de este homicidio imprudente sale vivo de su hazaña, se niega a declarar y está en libertad, como si lo hubieran llevado al juzgado por tirar una silla en un bar y armar escándalo. Pero hay más detalles.

Un carroñero se acerca hasta el cuerpo que hay dentro del automóvil y se dedica, no a intentar auxiliarle o a pedir socorro, sino a robarle el dinero de la cartera y sus pertenencias, armado de un cúter para no perder el tiempo. Un cúter, menos mal. Hay testimonios de países donde se usa el hacha para cortar la mano y hacerse con el reloj. Pero no es el único joven de veinte años que muere.

Otra chica de veinte muere en una vieja avioneta en compañía de su instructor, de cincuenta años. La alférez de tercer curso y el comandante instructor son víctimas del segundo accidente aéreo en vuelos de entrenamiento que se producen en poco más de una semana. Seremos respetuosos con la investigación y aguardaremos sus resultados, pero creo que también debemos ser respetuosos con quienes están dispuestos a ingresar en el Ejército y dar la vida por la patria.

No es lo mismo dar la vida por la patria que dar la vida por los Presupuestos Generales del Estado. Dar la vida por la patria significa sacrificarse por el prestigio del país en que vivimos, arriesgarse en la defensa de nuestra paz, disuadir a posibles tentaciones de perturbarlas y estar preparados para lo peor. Pero sacrificar la vida por la contabilidad y alargar la vida de los instrumentos de entrenamiento es algo muy caro.

En la aviación civil hay pocos accidentes porque los aviones estén viejos. Y no es que las empresas sean generosas y renuncien a tener más beneficios: es porque ya saben que un accidente les perjudica económicamente mucho más que las ganancias que pudieran suponer alargar el uso de los aviones.

Y no es que quiera decir que a los gobiernos y a los jefes y oficiales no les importe la vida de los soldados, ni mucho menos, pero sí llamar la atención y repetir que es muy noble dar la vida por la patria, pero que ningún español estaría dispuesto a dar la vida por el Producto Interior Bruto o por el Plan de Estabilidad Presupuestaria. Imagínense que, a la entrada de los cuarteles, en lugar de poner Todo por la Patria, se sustituyera por una leyenda que dijera “Todo por el Plan de Estabilidad Presupuestaria”. 

Me consta que aumentar los presupuestos de Defensa, debido sobre todo a los tontos contemporáneos del progresismo, no proporciona votos. Pero no podemos jugar a la ruleta rusa con los aviones de entrenamiento. Eso sí, nos gastaremos cerca de ciento cincuenta millones de euros en organizar otras elecciones. En fin, hay días en que lo que sucede no te lleva precisamente al optimismo. 

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