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El enorme gesto de solidaridad que tuvo Camilo Sesto tras representar "Jesucristo Superstar"

Luis del Val recuerda al cantante con unas emotivas palabras en "Herrera en COPE"

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COPE.ES

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:32

Hemos pasado un domingo agridulce, entre la muerte de Camilo Sesto, la hazaña de Nadal, que nos ha robado unas horas de vigilia a cambio de la emoción, y la satisfacción de los chicos de Scariolo, con Ricky Rubio a la cabeza, que se han impuesto a los correosos serbios en baloncesto. Así que este lunes vuelvo a contemplar datos sobre la falsa negociación entre PSOE y Podemos, y recibo la peligrosa impresión de que hay dos sociedades distintas: la de los políticos, encerrados con su único juguete, y el resto de los ciudadanos.

La primera vez que oí hablar de Camilo Sexto fue a Antonio D. Olano, uno de los periodistas estrellas del diario PUEBLO, amigo de Picasso y Luis Miguel Dominguín, y agitador de la vida cultural de Madrid. Un día, cuando el cardenal Montini había ascendido al Papado como Pablo Sexto, un gamberro le preguntó a Antonio D.Olano si el cantante era hermano del Papa, y Antonio le envió a hacer puñetas. Tampoco recuerdo quién era entonces alcalde de Madrid o ministro de Cultura. Ni creo que Rafael Nadal, cuando con 19 años ganó el Roland Garrós, supiera quién era el presidente de la autonomía balear.

Tampoco pienso que Camilo Sesto supiera quién era el alcalde de Madrid, cuando terminó de representar Jesucristo Super Star, y la casa Guillette le ofreció 57.000 dólares por afeitarse la barba. Y se la afeitó, e hizo algo que nunca hubiera hecho un político: donó los 57.000 dólares a un asilo de niños abandonados.

Sí, lo cierto es que esta mañana, tras el agridulce domingo lleno de dos momentos gloriosos y un funeral, la mala obra de teatro de las elecciones me produce un interés tan intenso que tengo que ponerme la mano en la boca para no bostezar.

Si me ofrecieran una importante cantidad de dinero por acordarme de quién era el presidente de la Diputación Provincial el día que me casé, me quedaría sin premio. Y, si cambiaran la pregunta, y consistiera en acertar quién ostentaba la cartera de Asuntos Exteriores la primera vez que hablé en la COPE, tampoco acertaría. Lo mejor que podrían hacer los políticos sería no molestar. Lo malo es que, aunque no te metas con ellos, ellos terminan por meterse en tu vida. Y te suben los impuestos, o te dicen el automóvil que debes comprar con tu dinero, o ponen en marcha medidas que hacen peligrar el empleo, tuyo o de tu familia, o intentan arreglar el precio del alquiler de los pisos y, en cuanto lo anuncian, muchos propietarios, por miedo, retiran pisos del mercado de alquiler y, al haber menos ofertas, suben los precios. Y eso que están en funciones, en funciones de tarde y noche, aunque la gente con lo que se exalta es con el entusiasmo de los triunfos de los compatriotas, o acude a una capilla ardiente, porque alguna vez, en su vida, sonó una canción que le trae la afectuosa nostalgia de una chispa de amor, el recuerdo de un momento de esa existencia que se teje cada día, al margen de quienes se dedican a conquistar o mantener el poder.

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