"Zapatero descubrió que hay algo aún mejor que vivir subido a un púlpito anticapitalista, antioccidental y antidemocrático en suma, y es cobrar por ello"

Jorge Bustos analiza los presuntos pagos del empresario Julio Martínez a Zapatero por 450.000 euros en concepto de "asesoría global"

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 Hay gente a la que el éxito no le cambia, ni el dinero ni el poder, pero vamos a reconocer que es difícil. Por ejemplo, cuando uno llega a presidente del gobierno y se pasa unos años en la Moncloa, es muy difícil que el hombre que sale de allí sea esencialmente el mismo que entró. No estoy hablando de Pedro Sánchez, sino del hombre que dijo esto: 

“Esta noche me comprometo a gobernar para todos con humildad y os aseguro que el poder no me va a cambiar. Gracias”. Esto prometía José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 cuando llegó a la Moncloa después de los atentados del 11M. Zapatero fue el primer moralista de la democracia española. Ojo, el moralismo no es lo mismo que la moral, a secas; de hecho, a menudo significa lo contrario: gente que presume de lo que le falta. Pero Zapatero fue el primer presidente que llegó al cargo prometiendo, no tanto un programa, como una forma de ser, aquello del talante, del diálogo y la sonrisa perpetua frente al ceño fruncido de José María Aznar. Pero Aznar, con toda su aspereza, era capaz de recomendar la lectura de un republicano tan notorio como Manuel Azaña, mientras que Zapatero fue el primero en desenterrar la Guerra Civil para hacer política divisiva a través de la memoria histórica.

Y cuando salió de la Moncloa, se pasó algunos años escondido. Era un apestado hasta para la izquierda; había dejado el país al borde de la quiebra y escribió un librito para intentar justificarse, pero nadie le hacía mucho caso, tampoco Pedro Sánchez, porque además Zapatero había apoyado a Susana Díaz. Con la llegada de Podemos, Zapatero empezó a sacar cabeza y con el tiempo acabó compartiendo con Pablo Iglesias no solo la admiración por el chavismo y su ideología, también por su generosidad retributiva, vamos a decirlo así, porque dar lecciones de superioridad moral está bien, pero hacerse rico está aún mejor. En algún momento de su vida de expresidente, Zapatero descubrió que hay algo aún mejor que vivir subido a un púlpito anticapitalista, antiamericano, antioccidental y antidemocrático en suma, y es cobrar por ello.

El diario El Mundo viene publicando una serie de informaciones sobre las oscuras actividades del expresidente español como lobbyista, especializado en blanquear dictaduras y en engrasar negocios entre regímenes como el chino o el venezolano y la democracia española. Algo así como “tú me pagas y yo le digo al gobierno de mi amigo Pedro que favorezca, por ejemplo, la industria del coche eléctrico chino o que reciba a Delcy o que rescate esa aerolínea quebrada”. La investigación parte de un empresario llamado Julio Martínez, que pagó a Zapatero 450.000 € en concepto de “asesoría global” a lo largo de seis años. Este Julio Martínez salía a correr con el expresidente, pero parece que también salían a despachar. Martínez fue contratado como conseguidor por la aerolínea de capital venezolano Plus Ultra y todo apunta a que Martínez, a su vez, subcontrató los cotizados servicios de su compañero de running, que gozaba y goza aún de hilo directo con los jerarcas chavistas.

Vamos a recordar que Delcy a Zapatero lo llamaba “mi príncipe”. Bueno, pues parece que el príncipe no se movía solamente por el amor, sino también por la pasta. Y vamos a recordar que Julio Martínez fue detenido por la UDEF en una operación de blanqueo de capitales que el juez relaciona con el rescate de la aerolínea Plus Ultra, aquel rescate que nos costó a todos los españoles 53 millones de euros. El ministro del ramo entonces se llamaba José Luis Ábalos, pero Ábalos ha contado que él se resistía a esa operación porque no creía que Plus Ultra fuera una compañía estratégica. Pero Zapatero sí lo creía y logró imponerle a Sánchez, al gobierno y a la SEPI su criterio, y ahora sabemos que no era un criterio desinteresado, como también sabemos que en el momento de su detención, Martínez tenía entre 300.000 y 400.000 pavos en metálico en casa. No parece la típica cantidad que guardamos en casa para la propina del repartidor de comida china.

El propio Zapatero ha confirmado los pagos al diario El Mundo, pero afirma que sus labores de asesoría eran perfectamente legales. Bueno, José Luis, eso me temo que tendrá que decidirlo un juez, pero antes tendrá usted que explicarlo en sede parlamentaria. Porque, efectivamente, el Partido Popular ha citado a declarar en el Senado al expresidente para que detalle la naturaleza de sus negocios cuando esos negocios, que no son estrictamente privados porque interviene el dinero público gestionado por el Ministerio de Transportes, por ejemplo para ese rescate de Plus Ultra. Zapatero podría empezar por explicar por qué su amigo y su pagador cobraba de sociedades radicadas en Gibraltar, que es la sede de los chanchullos fiscales de media Europa.

Y podría continuar explicando, don José Luis, por qué esa empresa que le pagaba no tenía empleados y dedicaba casi la mitad de su facturación a pagarle a él, porque eso apesta a sociedad instrumental. Naturalmente, a Zapatero le asiste la presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario. Víctor de Aldama dice que Koldo cifró la contraprestación por el rescate de Plus Ultra en una comisión de 10 millones de euros a través de una cuenta en Panamá. Es una acusación muy grave, pero es lo que dice Aldama que le dijo Koldo, hay que demostrarlo. Igual que todavía hay que abrir el famoso sobre de Aldama que, según él, vincula a Delcy con la financiación ilegal del Partido Socialista. Todo se acabará sabiendo; de momento solo sabemos que el expresidente no ha sido invitado a hacer campaña en Aragón. Estamos en la recta final de la campaña aragonesa y es raro, porque Zapatero solía ser la estrella invitada en las últimas campañas sanchistas y, además, es el padre político de Pilar Alegría. Pero por lo que sea, ha dejado de ser súbitamente un activo electoral. Es lo que tiene el poder o el deseo de tenerlo, que hace que la gente cambie.

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