

"Tarde o temprano votaremos y será, entre otras cosas, gracias a que cierta noche de febrero de 1981 Juan Carlos de Borbón paró un golpe de Estado"
Jorge Bustos analiza la renuncia de Yolanda Díaz a volver a ser candidata de Sumar y los documentos desclasificados del 23-F
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Los papeles secretos del 23F han sido desclasificados. ¿Y qué nos han descubierto? Pues que todo lo que nos habían contado ya los historiadores serios era la pura verdad. Y que aquella noche tuvo fundamentalmente dos protagonistas por encima de todos los demás: Antonio Tejero, el teniente coronel que ejecutó materialmente el golpe y Juan Carlos I, el rey que lo paró. Ya lo sabíamos, pero ahora tenemos aún más pruebas del comportamiento providencial que mantuvo el padre de Felipe VI aquella noche de febrero. De hecho, en los papeles publicados de aquellos salvapatrias de garrafón, don Juan Carlos queda aún mejor que en los libros. Ahora sabemos que los propios golpistas culparon enseguida al Borbón del fracaso de la intentona. Decían allí que había sido “un error dejarlo libre”.
Recordemos que en aquel momento, aparte de la violencia brutal de ETA, la UCD se estaba descomponiendo y el PSOE de Felipe subía como un tiro. Así que uno de los golpistas escribe en un informe que el rey iba a permitir un gobierno de socialistas y que eso sería el suicidio de la nación y que un rey que permite eso, y cito textualmente, no puede ser considerado un símbolo a respetar, sino un objetivo a batir y a anular. Pero es que además hemos conocido la transcripción de la orden que el rey Juan Carlos le dio por teléfono a Milans del Bosch, el teniente general que tenía a los tanques ocupando las calles de Valencia.
Y le dijo lo siguiente el rey: "Te hago saber con toda claridad lo siguiente. Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el rey, se hará contra el rey. Hoy más que nunca estoy dispuesto a cumplir el juramento a la bandera. Por ello, y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las unidades que hayas movido. Te ordeno que digas a Tejero que deponga inmediatamente su actitud. Quien se subleve está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil". Esas fueron sus palabras privadas aquella noche que no conocíamos en su literalidad hasta ahora. Lo que sí conocíamos son sus palabras públicas.
El discurso más importante de la historia de nuestra democracia, entonces recién nacida, no duró más de 2 minutos. No hizo falta más para que el pueblo español, que vivía horas de auténtica angustia, empezara a sentir que se disipaban los fantasmas del pasado, que ni la dictadura ni el enfrentamiento civil iban a volver a ensombrecer España.
La marcha de Yolanda Díaz
Y ahora, queridos niños, vamos a comparar la solemne concisión del hombre que de verdad salvó nuestra democracia del fascismo con el tono involuntariamente cómico de la mujer que quiere estar salvándola ahora. Yolanda Díaz anuncia, una vez más, que se va pero que se queda. Ni Morante de la Puebla se ha ido para quedarse tantas veces. Por supuesto, va a seguir siendo ministra de Trabajo y vicepresidenta del Gobierno hasta el último segundo del último minuto del año 2027, cuando la ley obligue a Pedro Sánchez a convocar elecciones generales. Lo que anuncia en este vídeo es que no optará a liderar el nuevo artefacto que se invente Moncloa para que la extrema izquierda, que no quiere votar ni siquiera este PSOE radicalizado, tenga alguna muleta a la que votar en las generales.
Pero no es que Yolanda Díaz abandone a la extrema izquierda, es que la extrema izquierda ha abandonado definitivamente a Yolanda Díaz. Como diría José María García con quien, por cierto, ayer tuve el honor de recoger el premio de la Confederación Española de Policía, se ha ido 5 minutos antes de que la echen. ¿De que la echen quiénes? Pues sus propios camaradas de ideología.
¿Y por qué renuncia Yolanda a dar la pelea orgánica frente a Antonio Maillo, por ejemplo, o frente al que vaya a heredar sus ruinas? Pues porque su crisis de popularidad ya era inocultable. La incapacidad de Díaz para movilizar, para ilusionar mínimamente a esos 3 millones que llegaron a votarla en 2023 ha quedado acreditada en los pésimos resultados de todas las elecciones a las que ha concurrido Sumar bajo el liderazgo de Yolanda Díaz. Pero la culpa de esto no es solo de su inconsistencia política o de que nunca haya tenido el coraje suficiente para desmarcarse del PSOE cuando arreciaban sus escándalos de corrupción, como siguen haciendo.
La culpa también es de un presidente que decidió escorarse hacia la extrema izquierda a base de robarles muchas de sus iniciativas y el PSOE ha perdido así a cientos de miles de votantes de centro izquierda, pero a cambio ha fagocitado al 'podemismo' para mantenerse al menos por encima de los 100 escaños, aunque no quede nada útil ya a su izquierda. Del balance de la ejecutoria de Yolanda Díaz, yo destacaría los ERTE durante la pandemia que ella aplicó, aunque fueron diseñados en su día por Fátima Báñez, ministra de Trabajo del PP; y la otra medida destacable es la subida del salario mínimo, al menos hasta que la ministra decidió romper el diálogo social y criminalizar a los empresarios que tienen que pagarlo. Dicen los sindicalistas que ha sido la mejor ministra de Trabajo de la de la democracia. Claro, qué van a decir de quien tan generosamente los financia y los respalda.
Y es verdad que se ha generado empleo bajo su mandato, pero en absoluto ha mejorado la precariedad con esa reforma laboral que en realidad no se diferenciaba tanto de la ley anterior. Ahora, una cosa sí hay que agradecerle a Yolanda Díaz, y lo digo en serio, su ideología te puede parecer trasnochada, su retórico te puede parecer hueca o cursi o las dos cosas, pero al menos es una política educada en las formas. Y esas buenas maneras, tal como está el hemiciclo y el propio Consejo de Ministros de los Óscares, por ejemplo, yo cada vez las valoro más. Iván Redondo andará triste porque en 2021 escribió un artículo La Vanguardia vaticinando que doña Yolanda sería la primera mujer presidente del gobierno en España. Que Dios le conserve la vista a nuestro genio de la estrategia comprado de los chinos.
Pero quien hoy estará muy contento es Pablo Iglesias Turrión, que consuma su venganza contra Yolanda por haber dejado a Irene Montero fuera de las listas. Pablo nombró a dedo a Yolanda como su sucesora, pensando que podría teledirigirla y cuando vio que no le hacía caso, empezó a moverle la silla. Y otro que también estará contento es Rufián. Su proyecto personal ha fracasado antes de nacer, pero el de su archienemiga Yolanda también. Así que mal de muchos, consuelo de antifascistas. Ahora bien, ojo con estos movimientos, ojo con la próxima renuncia de María Jesús Montero a todos sus cargos en el gobierno para ser candidata a las andaluzas, porque hay analistas que, viendo todo este ajetreo, se malician un posible adelanto electoral. Yo no sé si sucederá eso, pero sí sé que tarde o temprano votaremos y si en ese momento podremos votar será, entre otras cosas gracias a que cierta noche de febrero de 1981 Juan Carlos de Borbón paró un golpe de estado.



