"El presidente del Gobierno es un maestro de la división: lleva diez años aplicando a rajatabla eso de 'divide y vencerás'"

Es el análisis de Bustos de este lunes 16 de febrero

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Imaginarás que la audiencia está expectante y que nosotros estamos deseando que nos cuentes cómo viste al rey Juan Carlos en Abu Dabi este fin de semana. Por las fotos que publicó cope.es, la verdad es que presenta muy buen aspecto. 

Y esperamos tu crónica de la expedición. Tiene un problema de movilidad, nada más; por lo demás, la salud la tiene magnífica. Dice que tiene las cifras constantes —si quieres, te enseño la analítica—. No hace falta, me fío, me fío.Pues nos alegramos de que el rey Juan Carlos esté bien de salud.

Por fin es lunes y, por fin, hemos vuelto a ver el sol. Se nos había olvidado cómo era ese disco amarillo que da luz y calor. Resulta que no estaba muerto: estaba de borrascas. Ocho borrascas consecutivas hemos encadenado en estos albores de 2026. Pero parece que ya llega la calma y tenemos motivos para recobrar la fe en la llegada de la primavera, que pensábamos que este año pasaría de largo.

Y no lo dicen solo nuestros sentidos: también lo dicen los meteorólogos. En este primer día de la semana, la noticia es que ya no lloverá en todo el país. 

Las precipitaciones se concentrarán en el norte, donde pueden ser más intensas: en el Cantábrico, en Galicia, en Vizcaya y Guipúzcoa, y en el Pirineo navarro. Día marcado por el viento en el Mediterráneo, con rachas que en el interior de Tarragona podrían superar los 90 kilómetros por hora. En Canarias, por cierto, hay alerta por calima en todas las islas. Las temperaturas suben en la mayor parte de la península y, en Castellón, fíjense, hoy podrían llegar a 26 grados en pleno febrero.

Pero, más allá de estos primeros latidos de primavera —que nacerá oficialmente dentro de un mes—, hay otras noticias importantes.Del exterior, tenemos que analizar lo ocurrido en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde el secretario de Estado Marco Rubio pronunció un discurso de resonancias históricas, aunque más conciliador con Europa que el que pronunció hace un año el vicepresidente J. D. Vance, rival encubierto de Rubio en la carrera por la sucesión de Donald Trump.

Dicen los analistas que Rubio simboliza el puño de hierro en guante de seda de Estados Unidos. Una definición muy elocuente de liderazgo. Lo contrario de un líder es un youtuber, por ejemplo: uno de esos que gritan mucho en internet, lanzan ataques a todos, pero que en el mundo real carecen de verdadera influencia. Eso sí que son guantes de hierro en puño de seda.

Luego, a las seis y media, vamos a explicar las conclusiones del foro de Múnich celebrado este fin de semana y el papel que ha jugado España —o, más bien, el que ha dejado de jugar—.Nuestra irrelevancia internacional es una pésima noticia, porque las estrategias que se discutieron en Alemania van a condicionar el futuro de todos los europeos: el tuyo y el mío también.

Pero vamos a ocuparnos ahora de los liderazgos nacionales, porque parece que esos liderazgos, en la izquierda, no acaban de morir y, en la derecha, no acaban de nacer.Terminamos la semana pasada con el Partido Socialista dando un espectáculo público de división interna a cuenta del análisis de los resultados electorales en Aragón. 

"sánchez aprieta filas, no habla de elecciones y huye de la autocrítica"

Ya sabes que la consigna de Moncloa —y de Ferraz—, que Sánchez se aplica el primero, es apretar filas, no hablar de elecciones, cambiar de tema y, si es posible, huir de la autocrítica y, sobre todo, culpar al PP. El problema es que no todo el mundo es capaz de seguir la consigna con el mismo descaro que el presidente. Y todo el plan se fue al garete cuando habló Óscar López, que no es precisamente un atleta del pensamiento político. No es un paladín del coraje moral; no es el lápiz más afilado del estuche sanchista. Se le calentó la boca y acabó revelando lo que piensan todos los del búnker, pero tienen la prudencia de callárselo.

¿Y qué piensa el núcleo duro del sanchismo, con Pedro a la cabeza? Pues que, efectivamente, Javier Lambán era un traidor que nunca fue suficientemente sanchista y que le hacía el juego a la derecha, y que por eso pasó lo que pasó en las elecciones aragonesas. Esta hipótesis no solo es miserable —porque hay que ser muy rastrero para culpar a un muerto que no puede contestarte—; es que, además, es falsa. Porque ser muy sanchista hoy es garantía de descalabro en las urnas.

Momento en el que ha votado Pilar Alegría (PSOE).

PSOE

Momento en el que ha votado Pilar Alegría (PSOE).

Recordemos que Pedro Sánchez —como señala hoy El Mundo— solo ha ganado seis de las últimas veintiséis elecciones. Te lo repito: seis de veintiséis.

Y lo peor es que a López se le dio la oportunidad de rectificar al día siguiente y no solo no lo hizo, sino que se reafirmó en su tesis. 

Esa mezquindad ha abierto una herida en el partido difícil de cerrar, porque, en el fondo, está anticipando la guerra del postsanchismo: la previsible lucha entre continuistas y renovadores que estallará cuando Pedro pierda el poder. Ya sabemos que el presidente del Gobierno es un maestro de la división: lleva diez años aplicando a rajatabla eso de «divide y vencerás». Pero llega un momento en que la división no es la causa de la victoria, sino la consecuencia inevitable de la derrota. Y va a ser difícil que el partido entero acepte convertirse en carne de cañón de su estrategia personal.

La división no es la causa de la victoria, sino la consecuencia inevitable de la derrota"

Jorge Bustos

El plan de Moncloa consiste en dejar que concejales, alcaldes, diputados provinciales y autonómicos vayan por delante encajando el castigo de los electores: que desahoguen su malestar en autonómicas y municipales, y que luego, en las generales, ya si eso, perdonen a Pedro y vuelvan a votarle por miedo al auge de la extrema derecha. O sea, el mismo guion que en 2023.

Lo que ocurre es que esa estrategia ya no funciona. Primero, porque Vox está recibiendo voto del PSOE: la izquierda ya no es su alternativa, es su granero. Y segundo, porque hay muchas familias de cargos territoriales socialistas que viven de esto y van camino del paro, porque concurrir hoy a unas elecciones bajo la bandera de Pedro Sánchez es ir a una muerte segura.

Y la pregunta es: ¿se va a dejar llevar el partido mansamente al matadero electoral o se producirá algún conato de rebelión antes de 2027?

De momento, el partido está reprimiendo cualquier disidencia y hasta se sirve del escarmiento ejemplar a Felipe González, señalándole incluso la puerta de salida. Veremos si, tras los hundimientos previsibles del PSOE en Castilla y León y, sobre todo, en Andalucía, se mueve algo en ese partido o si, por el contrario, se certifica su muerte cerebral y ya solo queda que los votantes oficien el entierro en unas generales.

El expresidente del Gobierno Felipe González

EFE

El expresidente del Gobierno Felipe González

Pero ojo: también hay división en la derecha. En Extremadura siguen sin acuerdo y hay quien no descarta la repetición electoral, lo que sería un fracaso absoluto. En Aragón tampoco hay avances visibles, quizá porque Vox no concede ningún papel relevante a sus delegados autonómicos: es un partido centralista que toma sus decisiones desde la sede nacional en Madrid. 

En cambio, el PP es un partido autonomista, con liderazgos sólidos en las comunidades.Ahora bien, si el PP quiere atraerse la voluntad de Vox, quizá debería cambiar de estrategia negociadora: quizá debería comportarse también como un partido centralista y confiar a Feijóo directamente la interlocución con Abascal para desatascar la situación.

Este programa le planteó a Jorge Azcón esa posibilidad la mañana siguiente a las elecciones, pero el presidente aragonés no lo veía claro. 

Sin embargo, en las últimas horas parece que los barones del PP empiezan a volver los ojos hacia Génova en busca de ayuda. Y la idea no es descabellada: Alberto y Santiago, solos, mano a mano, con tiempo por delante, respetando cada cual a los votantes del otro y definiendo un acuerdo marco para responder a un mandato electoral muy claro: no solo desalojar al sanchismo, sino deshacer lo peor de su legado con una agenda de reformas viables y ambiciosas.

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