

"La crisis de la vivienda no se soluciona con demagogia, se soluciona con grúas, que llevan funcionando sin el ritmo adecuado desde el estallido de la burbuja"
Jorge Bustos analiza las tres medidas anunciadas por el Gobierno este lunes para impulsar la vivienda
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Se nota que es año electoral porque los políticos vuelven a hablar de vivienda. Pedro Sánchez se ha puesto un chaleco reflectante para anunciarnos el desbloqueo de la 'operación campamento'. ¿Qué es la 'operación campamento'? Pues es un proyecto de desarrollo urbanístico para construir casi 11.000 viviendas a precio asequible, aprovechando unos viejos terrenos del ejército, unos carteles ya obsoletos. Son más de 200 hectáreas situadas al suroeste de Madrid, bordeando la Casa de Campo. En realidad, este proyecto data de los años 80. Cuando yo era niño, oía hablar básicamente de tres cosas: la quinta del buitre, la bola de cristal y la operación campamento.
De hecho, se cumplen ahora 20 años desde que se firmara el protocolo de intenciones entre el Ayuntamiento de Madrid y el Ministerio de Defensa, cuando sus titulares eran Alberto Ruiz Gallardón y José Bono. Eh, pero ahora viene Pedro se pone el chaleco para la foto y trata de capitalizar políticamente una operación que en realidad tiene muchos padres. Y oye, bien está, es buena noticia que se empiece por fin a construir en esa zona, pero hombre, esto es como si en la recta final de una maratón salta uno del público, cruza la meta en vaqueros y reclama la medalla de oro. Pues mira, no cuela, Pedro.
Nuevas medidas para el alquiler
Pero más allá de la foto, el presidente del gobierno nos anunció un nuevo Real Decreto para abordar el mercado del alquiler que tanto preocupa a los españoles y por tanto a los candidatos electorales. Pero esta vez Pedro ha elegido una fórmula que no gusta ni a los podemitas ni a los liberales. Es una propuesta demasiado socialdemócrata para la extrema izquierda, pero sigue siendo demasiado intervencionista para los defensores de la ley de la oferta y la demanda. Y me voy a explicar.
Ya sabes que este año vencen cientos de miles de contratos de alquiler que se hicieron durante la pandemia, año 2021, en condiciones ventajosas entonces para los inquilinos y desventajosas, por tanto, para los propietarios. Pero con la actual escalada de los precios en el sector inmobiliario es obvio que muchos caseros van a aprovechar esta revisión del contrato quinquenal para subir la cuota mensual a sus inquilinos, porque si no lo hacen, estarán perdiendo dinero y la gente alquila sus casas, queridos niños, no por altruismo, sino para ganar dinero, y es perfectamente legítimo.
Pues bien, el gobierno pretende ahora ablandar a los propietarios mediante bonificaciones fiscales de hasta el 100% en el IRPF para aquellos caseros que decidan renovar los contratos con sus inclinos sin subirles el precio, sin subirles la cuota mensual. Ojo, esta es una medida más respetuosa con el mercado de lo que este propio gobierno venía defendiendo hasta ahora. El problema es que este gobierno ha pactado con Podemos, con Sumar, con Esquerra, con Bildu. Y claro, cuando le compra su trasnochada ideología anticapitalista a todos estos para poder seguir viviendo en la Moncloa, pues ya no hay vuelta atrás.
Es verdad que para intentar complacer a sus socios radicales, Sánchez también anunció ayer que el ejecutivo limitará por ley el precio máximo del alquiler de habitaciones, porque ya sabes que ante el crecimiento de la población que está experimentando nuestro país, Ahora se ha disparado el mercado de alquiler de habitaciones sueltas dentro de los pisos, pero la maniobra de Pedro no ha colado. Eh, lo de intentar compensar los incentivos fiscales a los propietarios con el tope al precio de las habitaciones no ha amortiguado el cabreo que se han cogido en ese partido que gobierna España en coalición con el PSOE.
Pero han sido precisamente las garrafales políticas intervencionistas de la izquierda en estos años, las que han empeorado el acceso a la vivienda de los más vulnerables. Porque cuando topas el alquiler no provocas que baje el precio, sino que suba más, porque los propietarios tienen miedo al impago o deja de compensarle sacar sus pisos al alquiler y por tanto se reduce la oferta y por tanto aumenta el precio. No es tan difícil entender cómo funciona un régimen de libre mercado. Y desde luego es muy fácil constatar el desastre que provoca la intervención del precio de la vivienda allí donde se ha ensayado sin excepción.
Pero esta es la ideología demagógica con la que se ha liado el PSOE de Sánchez y ya es tarde. Ya es tarde para volver a la socialdemocracia que proponga gente voluntariosa como Jordi Sevilla. Así que con el fracaso de este Real Decreto anunciado por Sánchez, porque está tan cantado ese fracaso como el naufragio parlamentario de la financiación singular pactado con Esquerra, tendremos que concluir que esto no es nada más que una maniobra de propaganda. Sencillamente el gobierno carece de apoyos para legislar, ya no tiene margen para hacer reformas mínimamente ambiciosas.
Más grúas y menos promesas
Así que sí, lo que anunció ayer Pedro con el casco y el chaleco reflectante no es más que un eslogan electoral. Y la y el PP o la oposición en general, ¿qué dice? ¿Cuál es su receta en materia de vivienda? ¿Tiene alguna? Pues mientras Vox parece añorar las políticas de vivienda de los años 50 y 60, que son inviables en el contexto actual de economías abiertas, el PP apuesta por mayor protección de la propiedad privada y un decidido impulso a la construcción, grúas.
Ayer Feijóo en Barcelona propuso un aumento de la financiación para las autonomías que construyan vivienda de protección oficial, reducción de burocracia, movilización del suelo disponible, lucha contra a la ocupación y bajada del 10 al 4% del IVA los jóvenes que compren vivienda nueva. Pero en todo caso son políticas que llevan tiempo exigente nacida y aparte una mayoría parlamentaria también.
La crisis de la vivienda no se soluciona con demagogia, se soluciona con grúas que llevan paradas o funcionando sin el ritmo adecuado desde el estallido de la burbuja en este país. Pero claro, construir es bastante más difícil que prometer. Los esloganes de campaña no van a resolver el problema de la vivienda en un país en el que además entran medio millón de personas nuevas cada año. En algún en algún lugar tienen que vivir, ¿verdad? Para afrontar la crisis de la vivienda hacen falta políticos que no piensen en las siguientes elecciones, sino en las siguientes generaciones. Pero llevamos demasiados años abonados al golpe de efecto, al regate de corto plazo y a la construcción no de vivienda, sino de relato. Y en un relato no se puede entrar a vivir.



