Antonio Agredano y la relación entre menores y RRSS: "Sólo la educación nos protege"
El cronista de Herrera en COPE habla de la difícil relación de los más pequeños con las nuevas tecnologías.

Redes y menores, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
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Una app para restringir contenidos, un teléfono sin acceso a internet, ofrecer juguetes como alternativa a las nuevas tecnologías... los Fósforos abordan la relación de sus hijos con las redes sociales y Antonio Agredano le pone voz y letra.
REDES
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«No podéis estar todo el día tirados con el móvil en la mano», les dice una madre a sus hijos. Ella, precisamente, acaba de levantar la vista de su propio móvil. Ha estado pasando con el dedo vídeos y vídeos de Instagram. Para ella ha sido un segundo, para los demás, que observamos desde otro punto de la sala, han sido varios minutos de silencio, de risas para sí misma, de desconexión con los demás.
Muchas veces me han interrumpido conversaciones para, casi involuntariamente, mirar el teléfono. Con la excusa de un whatsapp que llega, se hace repaso rápido de X o de Facebook o de Instagram. Una vuelta rutinaria, como de guardia jurado por el centro comercial. Cuando vuelve mi interlocutor a la mesa, yo ya no recuerdo de qué hablábamos.
Los pitidos constantes. La intrascendencia. La imposibilidad de leer un libro sin interrupciones. Ver una peli y tener qué consultar en qué película trabaja no sé qué actor. Que nada merezca nuestra atención plena. Que siempre haya tareas paralelas, simultáneas, urgentes. Así son nuestros tiempos. Y algún día sabremos las cosas que hemos perdido por el camino.
Está bien poner límites a los adolescentes. Los límites dan seguridad, dan argumentos y dan autocontrol. La ausencia de límites no es libertad, sino desconcierto. Contra la frustración, sólo caben la firmeza y alternativas. Pero también creo que no hay mejor forma de enseñar que con el propio ejemplo.
Estoy seguro de que algún día todo esto pasará. Que volveremos al tacto y a lo real. A lo físico. Que nos aburriremos de las pantallas. Que volveremos a llamar vida a lo que pasa a este lado de la pantalla. Que volveremos a las llamadas de teléfono, a ligar en los pubs, a echar tardes en los parques con los amigos bebiendo litronas y comiendo pipas. Que estará de moda no tener móviles. Que presumiremos de no pisar ese áspero, maleducado y hostil mundo virtual, lleno de imágenes falsas, de vídeos manipulados. Que no creeremos nada de lo que allí sucede. Que volveremos a confiar en nuestros ojos.
Pero hasta entonces, sólo la educación nos protege. Hasta entonces, nada mejor que ser conscientes de nuestros propios excesos. Nada mejor que ser ejemplo de lo que queremos para nuestros hijos. Educar es acompañar, no imponer. Esto no va de leyes, sino de hogar, de equilibrio y de respeto a lo que somos y a lo que siempre soñamos con ser.




