Antonio Agredano y el quedarse atrapado: "Qué grandes somos y en qué sitios tan pequeños nos metemos a veces"
El cronista de Herrera en COPE habla de esas situaciones en las que nuestros Fósforos quedaron atrapados en alguna ocasión.

¿Qué hago yo aquí?, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
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En Sri Lanka, en Pakistán durante un viaje de novios o en una revuelta anterior en Irán... nuestros Fósforos nos cuentan dónde se quedaron atrapados y Antonio Agredano diserta sobre ello.
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¿Qué hago yo aquí?, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
Qué grandes somos y en qué sitios tan pequeños nos metemos a veces. Como aquellos Diminutos que veíamos en la televisión, a veces abandonamos el salón y nos escondemos en cualquier agujero. En los trabajos y en las rutinas. Renunciando a la pasión y al riesgo. En la sombra de los días. En las zonas templadas de la tabla. Tan lejos de Europa como del descenso.
Pero la cabra siempre tira al monte. Y una mañana, de repente, algo nos sacude por dentro. Como un rugido en el estómago. Como un hambre de algo que aún no conocemos. Y rompemos lazos y mostramos nuestra incomodidad en público y no agachamos la cabeza, sino que miramos a la cara y decimos lo que jamás pensamos que diríamos.
Porque necesitamos el vértigo. Necesitamos el movimiento. Tener la sensación, a veces suicida, de que no nos hemos conformado. De que los años tienen sus propias sendas, sus precipicios, sus misterios, sus pérdidas… pero también sus tesoros. Y nos lanzamos a la aventura sin mirar hacia atrás.
Y nos alejamos de aquellos sitios minúsculos en los que un día construimos nuestro nido. Y volvemos a conocer el miedo. Y encontramos en ese cosquilleo íntimo algo de lo que somos. De lo que realmente somos.
Releía el otro día a Pere Gimferrer y encontré un verso que ya es mi propia elegía. Decía: «Morir serenamente como nunca he vivido». Pues eso. Ya llegará el momento de la pausa, pero hoy sólo quiero ver luces, quiero ver gente y quiero sentir que la ciudad es infinita. Este es el tiempo del júbilo. Si está en una jaula, no lo llames corazón.



