Antonio Agredano y cómo se le da improvisar en pleno viaje: "No me gustan las carreras ni me gustan los ya veremos"
El cronista de Herrera en COPE habla de esos imprevistos de última hora que hemos sufrido durante un viaje.

Improvisar, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
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Perder tres vuelos en un mismo día, llegar a un apartamento y que ya esté alquilado por equivocación o quedarse tirado en Marruecos en una autocaravana... los Fósforos nos han hablado de esas experiencias fallidas en viajes y cómo salieron de ellas. Antonio Agredano le pone voz y letra.
IMPROVISAR
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Improvisar, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
Con la edad, he perdido algo de osadía. Ahora ya siempre llego pronto a los sitios. Soy cauteloso. Me gusta vivir con todo bien medido. Improvisar es un lujo lejano, algo que trato de evitar. No me gustan las carreras ni me gustan los ya veremos. Con lo que yo he sido.
De esos de hacer un equipaje en veinte minutos y montarme en un coche con rumbo desconocido. De vuelos baratos, destinos desconocidos y noches en camas prestadas. De largos paseos, de calles poco concurridas, de entrar en antros y ser recibidos con miradas incómodas y extrañamiento.
Pero todo tiene su tiempo. Me he convertido en ese tipo de hombres que comprueban quince veces si llevan el pasaporte en la mochila en la propia cola de embarque. Soy de los que leen los comentarios negativos de los hoteles donde quieren alojarse. Soy de los que se levantan temprano para llegar los primeros a los museos. De los que se hacen un bocadillito para después en el bufet del desayuno. De los que se ponen gorra, ropa de explorador y calzado cómodo y se echan crema en la cara para no quemarse.
Quizá madurar sea sólo renunciar a la aventura. Aunque la vida luego es traicionera, y nos prepara fiestas sorpresas. Y regalos inesperados. Y hay que estar preparado. Preparado para lo impredecible. Preparado para que tu vida sufra una sacudida. Preparados para el vértigo y las prisas.
Porque llega un momento en el que se rompen los mapas. Llega un momento en el que nos montamos en el tren equivocado. Llega un momento en el que todo salta por los aires. Y pese a la zozobra inicial, pese al miedo y la perplejidad, descubrimos que así es la vida, que así funciona el mundo, que estamos listos para esa última locura. El corazón nos late rápido y, de repente, encontramos belleza en la incertidumbre. Y olvidamos que hubo un tiempo para la paz, y descubrimos que también somos felices en el laberinto.



