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“Es un amor más grande que el de las novias”

Íñigo Alcaraz, sacerdote jesuita, presenta en Fin de Semana con Cristina su libro ‘Jesuitas que nos inspiran’ y explica en qué consiste su vocación

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 15:05

El 19 de marzo es Día del Seminario y es fecha que viene asimilada al Día de San José, y quizás no le damos mucha importancia. Pero lo cierto es que a muchos les sorprende en gran medida que gente joven renuncie a una vida con una mujer y elija este camino dedicado a Dios, es más, muchas veces estas personas tienen un misterioso halo pacífico y de alegría, traen consigo una paz que muchas personas no tienen.

En Fin de Semana con Cristina vamos a conocer a un hombre joven: 33 años, alumno en su día de los Jesuitas, en Madrid, tanto en colegio como en universidad, y que acaba de sacar un libro sobre jesuitas importantes en la historia y que han ido viajando por el mundo entero dando su testimonio y predicando con el ejemplo: ‘Jesuitas que nos inspiran’.

Él se llama Íñigo Alcaraz y recuerda su llamada a la vocación: “Todo surge en un verano de la carrera, en 3º, que tuve la oportunidad de participar en un voluntariado internacional que ofrecía la Universidad Pontificia de Comillas y nos fuimos un grupo a trabajar a la India y no es no nos gusten las chicas, es que uno descubre algo más grande, pues eso me pasó a mí. En medio de un ámbito muy pobre y olvidado de este mundo descubrí una alegría mayor, un amor más grande que el que yo había conocido desde mi familia, amigos, novias, etc., un horizonte nuevo de vida. Al principio piensas que estás un poco loco y luego vas aterrizando y te das cuenta de que es el lenguaje con el que habla Dios por dentro y que igual tu vida está llamada a otra cosa, otro camino”.

Para muchos eso es lenguaje ‘marciano’ y se preguntan qué es aquello que uno toca y ve y que le roba la razón, algo que detalla Íñigo: “No es fácil explicarlo en dos palabras pero Ignacio, el fundador de los Jesuitas, uno de los diez compañeros que lo fundaron, consiguió, a través de los ejercicios espirituales, intentar traducir en sentimientos, emociones y en cosas que nos pasan y reconocemos cómo Dios nos habla, porque es verdad, no le tenemos al lado y no le podemos dar un abrazo, no tenemos a Jesús para conversar, pero sí su espíritu. Y eso los cristianos, que lo vivimos a través de los sacramentos y de la realidad de la vida, lo podemos ir interiorizando y descubriendo en cómo, concretamente, te llama a ti y hacia dónde, esa fue la traducción al final”.

Es bastante más normal de lo que parece”, asevera, que añade que “sientes un gran fuego, como quien está enamorado, una llamada y un deseo de darte y te la juegas hacia donde crees que Dios te llama”.

Cuando uno está enamorado para seguir una vocación religiosa, “tiene en la cabeza el Reino de Dios y a Jesús, el sueño de otro mundo y de otra forma de vivir”, cuenta Íñigo. “Al final, lo que atrapa la fe y Jesús es que no termina porque tu esposo o esposa un día se acaba, incluso tu familia, lo más querido de este mundo, un día se acaba. Pues ahí está Dios diciendo ‘oye, que este amor que te traigo no se acaba, ayúdame a cambiar el mundo y reconstruirlo de otra manera, alíate conmigo así y juntos haremos las cosas nuevas. Ese es el sueño, por eso digo que es un amor un poco más grande el que nos ha atrapado y nos ha convencido, porque no termina con la muerte”.

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En su libro se cuentan cosas impresionantes como un texto de 1614 de un jesuita que fue ahorcado por su fe: “A mí también me asusta”, reconoce nuestro sacerdote, que continúa: “Muchos compañeros y cristianos nos han transmitido la fe en épocas muy difíciles. El Papa acaba de viajar a una tierra donde es muy complicado ser cristiano, como es Irak. Hay veces, ocasiones y lugares donde es muy difícil dar ese testimonio de fe y donde tu vida está en juego, pero ni la vida ni la salud es lo más importante para un cristiano sino dar testimonio de esa vida alegre que nos llama Jesús a vivir y de ese Evangelio que todavía sigue y seguirá llamando a mucha gente”.

Íñigo no duda en meterse en temas más complicados como lo que se dice popularmente, relata, de que “para ser cura hay que estudiar”: “Ahí está Vicente Cañas, un hermano jesuita que era camarero en Albacete. Entró en la Compañía y se fue de misión en medio del Amazonas. Entró en contacto con una tribu que ningún ser humano, hasta el siglo pasado, había conocido, y se hizo uno de ellos. Viviendo su vida, no haciendo más que eso y metiendo el Evangelio y hablando de Dios, corrió la misma suerte que sus compañeros de tribu, que estaban continuamente amenazados por los terratenientes brasileños que querían más terreno. Al final lo apuñalaron y murió allí asesinado”.

El sacerdote explica también que esta sensibilidad de darse cuenta de que todos somos hijos de Dios y debemos tender puentes, todos debemos luchar juntos contra el integrismo yihadista es específicamente jesuítica: “Es cristiana, primero, pero sí creo que tiene una nota de los jesuitas en el sentido de que la compañía tiene una gran preocupación por ella y está también lanzada al diálogo con el Islam. Los medios de comunicación han subrayado mucho, y bien hecho, en este viaje cómo el Papa Francisco ha ido a dar voz a los cristianos, que allí las están pasando canutas y es verdad, muchos han tenido que huir, pero también es generar otro tipo de relaciones con los hermanos musulmanes y que la historia no está escrita. Aunque la enseñen en el colegio podemos escribir y reescribir con nuevo trazo lo que tenemos por delante, no tenemos que estar enfrentados. Si a un musulmán le va bien probablemente a un cristiano le vaya bien porque eso es que la libertad religiosa está funcionando y siempre combatiendo el fanatismo venga de donde venga. Eso ha intentado Francisco y eso intentamos como Iglesia”.

Íñigo quiere ser “optimista” sobre el futuro de la Iglesia, particularmente en Europa, porque “creo en el Espíritu Santo y pienso que lo mejor siempre está por llegar. A esa disminución constante en Occidente le añado autenticidad. Es verdad, va a haber menos cristianos en nuestras iglesias, pero igual son comunidades verdaderas y menos cristianismo heredado culturalmente y más por opción y por verdadera experiencia. Creo que nos la jugamos en eso, en contagiar una experiencia de Jesús que vive, un fuego que se transmite, y cuando está flojito se transmite menos, y quizás nos está tocando eso en Occidente pero la Iglesia es muy grande y diversa. Trabajo en otros continentes y ahí se vive otro clima eclesial. Animémonos a contagiar esta experiencia y a vivir esa disminución, si nos toca, desde la alegría aportando a la sociedad y sirviendo desde lo que somos: cristianos comprometidos en hacer un mundo mejor”.

Íñigo Alcaraz es autor de ‘Jesuitas que nos inspiran’, de la Ed. Mensajero y se puede adquirir a través de gcloyola.com.

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