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Rutas de leyenda: Madrid

Leyendas y misterios de la capital de España 

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 12:59

Cada domingo, en esta sección de 'Fin de Semana', no solo conocemos los mejores sitios para visitar del lugar del que hablamos sino que también descubrimos algunos de los misterios que los rodean, gracias a nuestro experto en leyendas José Talavera.

En esta ocasión viajamos por Madrid, capital de España desde 1561 (aunque esto también tiene su historia), porque a pesar de que ese año el establecimiento permanente de la Corte en Madrid otorgara a la Villa la condición de capital, el reconocimiento jurídico le llegó en 1931, casi cuatro siglos después.

Una capitalidad que esta ciudad ha perdido en varias ocasiones: entre los años de 1601 y 1606, pasó a Valladolid con Felipe III; posteriormente, de 1729 a 1733, la corte se trasladó a Sevilla por decisión de Isabel de Farnesio, que buscaba cura para el estado depresivo de su esposo, el rey Felipe V.

Y también durante la Guerra de la Independencia la Junta Suprema Central, opuesta a José Bonaparte, se estableció en Sevilla, en 1808, y en 1810, como Consejo de Regencia, en Cádiz.

Y ahora es el momento de conocer una de sus leyendas más famosas, la de la Casa de las Siete Chimeneas y la relación que guarda con la realeza.

Cuenta la leyenda que esta casa se construyó para servir de morada a la hija de un montero de Felipe II, de quien se dice que fue amante en secreto. La joven se llamaba Elena y poseía una extraordinaria belleza que cautivó al entonces príncipe.

La casa asoma a la Plaza del Rey, a pocos pasos de la Gran Vía y forma parte del Ministerio de Cultura. Pero en el siglo XVI era una casa de campo rodeada de huertas y jardines en el límite de la ciudad.

El caso es que la joven no tenía mucho linaje y se casó con un capitán del ejército del Rey, Zapata. Murió en la batalla de San Quintín y ella se quedó desolada. Ni comía ni bebía y murió de pena.

El asunto se complicó cuando los sirvientes afirmaron que en realidad Elena no había muerto de pena sino asesinada, porque habían descubierto en su cuerpo varias marcas de cuchillos.

Por eso empezaron a circular rumores que relacionaban la muerte de la joven con el Rey, que había sido su amante y tal vez trataba de ocultar una relación de la que había nacido una supuesta hija por evitar futuros problemas sucesorios.

¿A quién se acusó formalmente del crimen? Al padre de Elena, que fue interrogado. Luego el cuerpo sin vida del padre apareció colgando de una cuerda en la casa.

Años más tarde, un hombre afirmó haber visto por la noche una figura deslizándose sobre el tejado entre las chimeneas de la casa.

Se trataba de una mujer vestida de blanco que llevaba una antorcha en una mano y que con la otra señalaba hacia el Alcázar, donde vivía el Rey.

Esta aparición se confirmó posteriormente por otros que pasaron por allí durante los meses posteriores.

Unos decían que era el espíritu de Elena que vagaba por el tejado y que reclamaba justicia. Pero otros dijeron que en realidad era la hija de Elena, nacida poco antes de la muerte de su madre y que fue criada como huérfana a pesar de que su verdadero padre era el propio Felipe II.

Lo curioso es que cuando a finales del siglo XIX el Banco de Castilla decidió instalarse en el edificio, se llevó a cabo una reforma para adecuarlo al nuevo uso y durante las obras se encontró el esqueleto de una mujer enterrado bajo el suelo, y a su lado varias monedas de oro de los tiempos de Felipe II, lo que reavivó la leyenda del fantasma de Elena y las sospechas sobre el Rey.

Y de esta leyenda vamos con los misterios del Metro, que tiene y muchos. Parece ser que el epicentro de lo desconocido en el Metro de Madrid lo encontramos en dos estaciones, la de Tirso de Molina y la de Chamberí. De la primera cuentan una leyenda escalofriante, aunque yo nunca he vivido nada parecido.

Cuenta la leyenda que una joven esperando en la estación de madrugada el último convoy, se sube y ve cómo dentro del vagón sólo hay tres personas: una mujer y dos hombres.

La mujer la mira durante todo el trayecto sin parpadear, algo que le pone nerviosa. Pero decide seguir en su asiento.

El metro sigue su camino, parando en las estaciones hasta que en una de ellas, un hombre se sube al vagón donde se encuentra esta chica y se sienta a su lado.

El hombre se da cuenta de lo que la mujer mira a la joven. Se acerca a ella y le susurra: “No te muevas, no hables, no le mires a la cara y bájate conmigo en la siguiente parada”. Le hace caso y se baja con él.

Entonces le dice: “Siento haberte asustado, pero la mujer que teníamos enfrente y que no dejaba de mirarte, estaba muerta y los dos hombres que la acompañaban, la sostenían”.

Dicen que tiene que ver con unos restos óseos que encontraron en 1921 durante la construcción del suburbano, que pertenecían a un cementerio del Convento de la Merced que se había ubicado allí, pero nunca se ha encontrado la relación.

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