Pedro Martínez, psicólogo: "Los algoritmos digitales no se plantean que el usuario esté sano, sino que contrastan síntomas para ver qué enfermedad tiene más probabilidad, asustando al usuario"
La hipocondria digital va a más y, en nuestro país, más de 9 millones de personas creen que tienen una enfermedad que realmente no padecen

Pedro Martínez, en Fin de Semana
Madrid - Publicado el
3 min lectura18:52 min escucha
Dolor de cabeza, malestar estomacal, cansancio general. Para muchas personas, el primer impulso ya no es pedir cita con el médico, sino sacar el móvil y escribir los síntomas en un buscador. En apenas unos minutos, lo que parecía una molestia pasajera se transforma en un diagnóstico alarmante. Este fenómeno, cada vez más extendido, tiene nombre: hipocondría digital.
El psicólogo Pedro Martínez advierte sobre este hábito creciente y lo resume con una frase contundente: “Los algoritmos digitales no se plantean que el usuario esté sano, sino que contrastan síntomas para ver qué enfermedad tiene más probabilidad, asustando al usuario”, señala en una entrevista en Fin de Semana, de COPE.

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Según explica Martínez, los buscadores y herramientas basadas en inteligencia artificial no funcionan como un profesional sanitario. “Si introduces síntomas, el sistema cruza datos con enfermedades posibles, no con estados de salud”, explica. Es decir, no contemplan la opción de que no ocurra nada grave.
“Dolor de cabeza, tos y cansancio pueden ser un catarro, pero el algoritmo te muestra primero enfermedades serias porque estadísticamente existen”, apunta el psicólogo. El resultado es inmediato: miedo, ansiedad y una sensación de amenaza constante.

No debemos autodiagnosticarnos por Google
El especialista aclara que buscar información médica no es negativo por sí mismo. “El problema aparece cuando pasamos de informarnos a obsesionarnos”, señala. Esa frontera se cruza cuando la persona consulta repetidamente, contrasta una y otra vez los mismos síntomas y nunca se queda tranquila con ninguna explicación.
De hecho, muchos pacientes continúan buscando información incluso después de acudir al médico. “Aunque el profesional confirme que es algo leve, el hipocondríaco digital duda y vuelve a internet para comprobar si puede ser otra cosa”, explica Martínez.
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La hipocondría digital es una forma moderna de un problema antiguo. “La diferencia está en la intensidad y en el acceso constante a información alarmante”, indica el psicólogo. El síntoma principal no es físico, sino emocional: ansiedad elevada y pensamientos repetitivos sobre la enfermedad.
“Se convierte en un pensamiento intrusivo que ocupa gran parte del día”, señala. La persona vive en un estado permanente de alerta, interpretando cualquier señal corporal como una amenaza grave.
Aunque tradicionalmente se asociaba la hipocondría a adultos, Martínez observa un cambio preocupante. “En mi práctica profesional cada vez veo pacientes más jóvenes”, afirma. La razón es clara: rapidez, inmediatez y acceso constante al móvil.
“Los jóvenes buscan respuestas rápidas y los algoritmos se las dan, pero a un precio emocional muy alto”, explica. En muchos casos, la información digital se convierte en la única fuente de consulta.
El miedo es el motor principal de este problema. “Hay personas con mayor predisposición a interpretar la realidad de forma catastrofista”, señala Martínez. A ello se suma el aprendizaje familiar: entornos donde se refuerza la preocupación excesiva por la salud aumentan el riesgo.

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Por eso, el psicólogo recomienda implicar al entorno. “Los familiares deben evitar reforzar la alarma constante y no alimentar la búsqueda continua de síntomas”, aconseja.
Si la búsqueda de síntomas genera angustia diaria, interfiere en la vida cotidiana o provoca visitas constantes a médicos y buscadores, es momento de pedir ayuda. “La hipocondría digital no se cura con más información, sino aprendiendo a gestionar el miedo”, concluye Pedro Martínez.
En un mundo hiperconectado, la clave está en recordar que Google informa, pero no diagnostica, y que la tranquilidad no se encuentra en un algoritmo, sino en una consulta profesional.



