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Las anécdotas del cine de pueblo del siglo XX en España

Juan Carlos Jiménez Ruiz nos recuerda en el Fin de Semana de COPE la figura del explicador en los tiempos en los que el cine era ambulante

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 13 ene 2019

Imagínate otra época: un tiempo en el que los cines eran ambulantes y los carros viajaban de pueblo en pueblo llevando las maquinarias. En el que existía el oficio de voceador: una persona contratada por los propios cines para subirse a un barril en la misma puerta para anunciar la cartelera. Eran momentos en los que la Policía Nacional tenía reservadas dos entradas gratuitas para los cines de las ciudades, mientras que en los pequeños municipios eran los Guardias Civiles los que podían acceder a los pases de las películas sin pagar entrada.

Son algunas de las anécdotas que nos ha contado Juan Carlos Jiménez Ruiz en el Fin de Semana de COPE con Cristina López Schlichting, autor del libro “Anecdotario cinematográfico. De aventuras del cine y otros cuentos”, y en el que narra diferentes historias recogidas a lo largo de 200 de los cines más antiguos de España. Nos recuerda figuras como el explicador, alguien armado de una vara y dedicado a explicar las películas a los espectadores. Un perfil que recibía muchas burlas desde su auge en 1905 hasta su desaparición en 1915.

El director del Museo Nacional del Cine nos habla de los carteles a principios de siglo, que en lugar de fotografías, eran carteles dibujados uno a uno por verdaderos artistas y que impactaban de gran manera en el posible éxito en taquilla. Son anécdotas del amanecer de un medio que comúnmente se pensaba que pertenecía exclusivamente a la clase trabajadora y más pobre, quedando el teatro reservado para las clases altas. No fue hasta la apertura de las grandes salas de las ciudades, en 1920, cuando estos se popularizaron también entre las familias acomodadas.

El propio Jiménez Ruiz cuenta una anécdota de su padre que, ejerciendo de proyeccionista en el cine Alegrías en los años 60, había olvidado el último rollo de una película. Para calmar a los ánimos del público, pidió al taquillero que recitara poesía para distraer a los asistentes mientras iba y venía con el último rollo. Toda una lista de historias y fotografías de cuando el cine tenía poco que ver con las grandes salas que se conocen ahora y que quedan recogidas en el libro de Juan Carlos Jiménez Ruiz.

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