Javier se enamoró de la costura y le ha cambiado la vida: "Lo comparo mucho con los libros, porque construyes historias, vas construyendo algo"
Javier, profesor de literatura de 59 años cuenta a Cristina López Schlichting su amor por la costura y cómo descubrió que le gustaba tanto

Javier cuenta cómo y por qué aprendió a coser
Madrid - Publicado el
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La costura ha sido durante generaciones una habilidad muy presente en los hogares. Durante décadas, saber coser un botón, arreglar un pantalón o confeccionar una prenda formaba parte de la vida cotidiana de muchas familias. Con el paso del tiempo, sin embargo, estas habilidades se han ido perdiendo en una sociedad cada vez más acostumbrada a comprar y sustituir antes que reparar.
Sin embargo, en los últimos años está resurgiendo un interés por lo artesanal. Talleres de costura, bordado o confección vuelven a llenarse de personas que buscan aprender a crear con sus propias manos. Entre ellas está Javier Pintor, un profesor de literatura de 59 años que ha descubierto recientemente una nueva pasión que, según reconoce, le ha cambiado la vida.
De profesor de literatura a aprendiz de costura
Su historia la cuenta a Cristina López Schlichting en Fin de Semana de la cadena COPE, donde explica cómo un simple gesto familiar terminó despertando en él una afición inesperada.

Coser es una afición que funciona muy bien
Durante décadas, Javier Pintor ha estado vinculado al mundo de los libros y la enseñanza. Profesor de literatura durante muchos años, nunca imaginó que terminaría dedicando parte de su tiempo libre a algo tan diferente como coser.
De hecho, reconoce que hasta hace muy poco no sabía ni lo más básico. “No cosí un botón, no cosí ningún bajo… nunca había cosido nada”, recuerda.
Había crecido viendo a su madre coser en casa, pero nunca se había planteado aprender. “Mi madre cosía y tenía una máquina de coser muy bonita, pero los hombres que me rodeaban jugábamos al fútbol y nunca nos acercamos a eso”, explica. Todo cambió gracias a sus hijas.
El detonante llegó cuando su hija mayor, cineasta, decidió apuntarse a clases de costura y le propuso acompañarla. Al principio la idea le sorprendió, pero terminó aceptando. “Me dijo que por qué no la acompañaba a clase de costura para compartir ese momento”, recuerda. A partir de ahí comenzó una experiencia que no esperaba. “Yo me apunto a un bombardeo con ellas, así que dije: vamos a probar”, cuenta.
Aquella decisión, aparentemente sencilla, abrió para él una puerta completamente nueva.

Coser puede servir para quitar estrés y estimular la imaginación
Una afición que conecta con su pasión por los libros
En pocas semanas, Pintor descubrió que coser tenía algo que le resultaba sorprendentemente familiar. El proceso creativo, la paciencia y el cuidado por los detalles le recordaban mucho a su trabajo con la literatura. “Lo comparo mucho con los libros, porque construyes historias, vas construyendo algo”, explica.
Para él, la costura tiene algo íntimo y creativo al mismo tiempo. “Enhebrar, cortar, hacer un patrón, unir tejidos… vas construyendo algo con tus propias manos”, señala. Además, destaca el ambiente que se crea en las clases. “Se genera una conversación muy agradable en torno a lo que estamos haciendo”, cuenta, comparándolo con los clubes de lectura que dirige en su ciudad.
Aunque lleva relativamente poco tiempo en este mundo, Pintor ya ha adquirido varias habilidades básicas que nunca imaginó aprender. Primero tuvo que dominar los fundamentos: medir, trazar patrones, hacer dobladillos o manejar la máquina de coser. “He tenido que aprender los rudimentos básicos”, explica.
Con el tiempo ha empezado a crear sus propias piezas. “He hecho varias bolsas que ahora uso para llevar mis libros al trabajo o mis cosas al gimnasio”, comenta con orgullo. También ha confeccionado un delantal para cocinar, otra de sus aficiones. “Me gusta cocinar y he hecho un mandilón que está muy bien hecho”, afirma.
Su próximo reto es más ambicioso. “Ahora estoy intentando hacer camisetas y después, si puedo, un pantalón, que ya son palabras mayores”, dice entre risas. Más allá de la afición personal, Pintor cree que aprender este tipo de habilidades debería ser algo común para todo el mundo. “Estoy totalmente de acuerdo en que todos deberíamos aprender a coser un botón o arreglar una prenda”, afirma.

La costura puede salvarte de más de un aprieto
En su opinión, muchas de estas capacidades se han perdido en una sociedad dominada por el consumo rápido. “Estamos perdiendo el comercio pequeño y artesanal”, lamenta. También recuerda que en algunos países europeos los centros educativos incluyen talleres donde los estudiantes aprenden habilidades prácticas. “En muchos colegios los alumnos aprenden desde coser un botón hasta hacer pequeños arreglos en casa”, explica.
Para Pintor, otro de los aspectos más interesantes de esta experiencia es romper ciertos estereotipos. Durante años, la costura ha sido vista como una actividad femenina. Sin embargo, él cree que esas divisiones no tienen sentido. “Muchas veces pagamos a alguien por algo que podríamos hacer nosotros mismos”, comenta.
En su propia casa, además, ha vivido siempre rodeado de mujeres que realizan todo tipo de tareas domésticas y técnicas. “Las mujeres que están a mi alrededor taladran, cuelgan cuadros y hacen muchas cosas incluso mejor que yo”, reconoce. Por eso, su mensaje es claro: aprender habilidades prácticas no debería tener género.
Y en su caso, además, ha descubierto algo inesperado: una pasión nueva que le permite seguir creando, igual que hacía con los libros, pero ahora también con hilo y tela.




