Boletín

"Si ya has conseguido ese milagro que es encontrar alguien a quien amas, todo lo demás se puede solucionar"

Audio

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 11:38

Todos tenemos capítulos familiares absolutamente sorprendentes. Algunos los conocemos, otros quizás no los ocultaron y nos enteramos casi por casualidad un día. La historia de amor de los padres de Rosa Martínez merece la pena ser contada. Ella lo hizo en varios publicaciones de Twitter y es tan bonita que hemos querido darle eco: “Cuando mi papá tenía ya 3 hijos con mi mamá, siendo los dos muy jóvenes, le ofrecieron la posibilidad de ascender en la empresa, pero debía estar destinado primero 2 años en Barcelona. Os hablo de hace casi 60 años. No había Internet, el teléfono costaba una pasta y no había viajes exprés como ahora con trenes AVE o vuelos de fin de semana. A sabiendas de que eso supondría un gran esfuerzo, los dos decidieron que era lo mejor para su familia. Y mi padre se fue a Barcelona dejando en Madrid a su joven mujer con 3 niños pequeños. Mi padre se alojaba en una pensión y buscó además un trabajo de camarero para las tardes-noches en un famoso local de Barcelona. Vivía con las dietas que le pagaba la empresa y enviaba a mi madre los dos sueldos íntegros. Le escribía una carta a diario a mí madre. A diario. Como él, había otros compañeros en su misma situación. Así que a veces quedaban para comer y salir. Y un día, decidieron ir a un club que mi padre no conocía. Al entrar, muchas señoritas vinieron a hablar con ellos. Los compañeros se fueron acompañados a los "reservados". Mi padre se pidió un café y se quedó jugando a una maquina de pinball, mientras esperaba que terminaran los compañeros. Aquello se convirtió en costumbre y todos los sábados iban allí. Los compañeros se burlaban de mi padre y creían que era gay. Las señoritas también. Un sábado, mi padre estaba tomando su café y escribiendo una carta. Una señorita le preguntó a quién escribía y él le dijo que a su mujer. Ella le confesó que creía que era "marica", pero que le alegraba saber que había hombres que respetaban a sus esposas. Le pidió a mí padre si podía escribir una carta para su madre, ya que ella no sabía escribir. Mi padre accedió encantado. Después de un tiempo, mi padre tomaba su café invitado por la casa, mientras escribía cartas para las familias de aquellas mujeres. Ellas contaban que trabajaban limpiando en casa señoriales, de dependientas en boutiques o de camareras en buenos restaurantes. Y mandaban dinero también a sus familias a sabiendas de que, si supieran cómo lo ganaban, no lo aceptarían. A mi padre le tenían en mucha estima. Los compañeros seguían burlándose y, un día, cuando ya se iban, empezaron a decirle cosas de por qué no iba con mujeres. Mi padre dijo que él ya tenía una mujer, que estaba casado. Uno de ellos le respondió: "pues como nosotros, también estamos casados". A lo que mi padre replicó: "sí, estáis casados, pero no como yo". Si por entonces hubieran existido los zascas, este hubiera hecho zozobrar la muralla china. ¿Cómo sé esto? Podría decir que me lo contó mi padre, que también, pero lo cierto es que me lo contó uno de aquellos compañeros de mi padre, el día que le hicieron un homenaje por su jubilación. El compañero había ido sin su mujer, ya que hacía varios años que se habían divorciado. No sé si me lo decía como para demostrarme lo que mi padre quería a mi madre quizá no era consciente el hombre de que yo lo veía a diario en mi casa. Mi padre siempre decía que más que amor, era una elección: él había elegido amar a mi madre toda la vida y solo entendía una manera de amar. Y cada día de su vida volvió a hacer la misma elección. Nos quejamos mucho del amor y de las relaciones hoy día. Quizá deberíamos dejar de quejarnos y empezar a hacer elecciones verdaderamente importantes, sin importar el sacrificio que conlleven. Quizá ese sea el truco. Quizá tampoco. Qué sé yo. Yo sólo sé #CosasQueMiPadreMeEnseñó”

Lo más