EN 'EL ESPEJO'

Mariano Fazio: "Con caridad, una sonrisa y comprensión, hay que decir lo que llena nuestro corazón".

 

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Redactora de Religión

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 14:01

El Vicario General del Opus Dei, Mons. Mariano Fazio, acaba de publicar "El último romántico. San Josemaría en el siglo XXI", un libro editado por RIALP que aborda varios aspectos de la mirada del fundador del Opus Dei, cuando se cumplen 90 años de esta fecunda historia eclesial.

En El Espejo ha explicado que San José María se consideraba el último romántico, haciendo referencia a los románticos del S.XIX, que no eran católicos precisamente pero sí tenían un gran aprecio por la libertad y estaban dispuestos a perder la vida para defender la libertad.

"La libertad es un concepto cristiano fundamental porque todos estamos llamados a amar y para amar necesitamos ser libres", ha afirmado M. Fazio quien ha dicho que su fundador hacía una invitación a utilizar la libertad para expresar lo que llevamos en el corazón, sin complejos. Sin tener miedo a ser políticamente incorrectos: "A veces estamos con miedo a quedar mal y sin embargo, los que no piensan como nosotros no tienen ningún problema a exponer sus ideas".

Desde la adolescencia San José María sentía que el Señor le llamaba a algo especial, pero no sabía a qué. "Y el 2 de octubre de 1928, -ha contado en El Espejo Mons. Fazio-, en el convento de los Páules de Madrid, sintió una llamada concreta a la santidad, en medio del mundo, a través de las circunstancias ordinarias". En una época en la que se pensaba que solo podían ser santos los sacerdotes y los religiosos esto resultaba muy novedoso.

Mons. Mario Mazio ha explicado que el objetivo del libro es poner el mensaje de San José María en el contexto contemporaneo: "Los cristianos tenemos que cambiar una sociedad tan secularizada y transformar este mundo, con la Gracia de Dios, adecuándolo a la dignidad de la persona humana y al mensaje de Dios".

"San José Mª hacía un llamamiento a la coherencia y a la unidad de vida -ha dicho-. No se puede reducir la vida cristiana a ir a misa los domingos. Esa fe vivida se tiene que transmitir en todas las dimensiones en las que nos encontremos, en primer lugar en el trabajo. A veces hay que trabajar menos y dedicar más tiempo a la familia, a los amigos y a las emergencias sociales".

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