CRIMEN CASTRO

Encuentran sangre en la casa de la presunta asesina del vizcaíno decapitado en Castro

El último registro en el hogar de la presunta autora de la decapitación de Jesús Mari Baranda, Carmen Merino ha revelado manchas de sangre en varios sitios

Jesús Mari baranda, junto a Carmen Merino

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:09

Fue en la última inspección ocular cuando los investigadores del caso encontraron estos restos de sangre, jutno a una marca cuadrada en la terraza de la casa del mismo tamaño que la caja en la que después apareció el cráneo del hombre desaparecido.

Según desvela El Periódico, los investigadores del ya conocido como “Crimen de la cabeza” de Castro Urdiales (Cantabria) han encontrado manchas de sangre hasta en cinco sitios distintos en la casa

Las fuentes del caso cuentan al medio que estas manchas de sangre aparecieron en el pasillo y la pared del piso de arriba y que la marca de la caja en la terraza apunta a que Merino (encarcelada por el crimen), pudo tener en su casa durante un tiempo la caja con la cabeza de su pareja dentro.

Esta caja es la que, supuestamente, Carmen Merino entregó a una amiga por no poder soportar el olor que desprendía.

Caso espeluznante

El caso comenzó hace casi un año, en abril de 2019, cuando fue denunciada la desaparición de Jesús Mari Baranda, jubilado vasco de 67 años, que faltaba desde febrero,una denuncia que presentaron sus primos y amigos, extrañados por la repentina ausencia de Jesús.

Fue en ese momento cuando también dejaron de creerse la versión de su pareja, que siempre les dijo que se fue de casa porque la había abandonado.

El caso tomó un giro dantesco el 27 de septiembre, cuando apareció la cabeza del desaparecido, guardada en una caja precintada que la mujer había entregado a una amiga para que se la guardara con el peregrino pretexto de que dentro había unos “juguetes sexuales” que no quería que los agentes encontraran en su vivienda cuando acudieran para investigar la desaparición de Jesús Mari.

Una vez detenida y ante el juez, Merino declaró que el cráneo se lo habían dejado unos desconocidos en la puerta de su vivienda y ella decidió conservarlo porque era lo único que le quedaba de su pareja.

Poco después de esta declaración el juez ordanaba su ingreso en la prisión de Santoña.

Limpió la casa

También se ha sabido que en el mismo mes de febrero en el que desapareció Jesús Mari, la mujer habría pedido a una limpiadora que se llevara unas bolsas de basura “negras y pesadas” que supuestamente contenían tierra de las macetas, y las depositó en un punto limpio.

Nuevos datos

Hoy El Periódico desvela que durante la inspección ocular de su caso Merino explicó a los agentes de la guardia civil que tras la desaparición de Jesús Mari “no había vuelto a usar el dormitorio conyugal y que prefería dormir en un sofá”.

En ese momento los investigadores decidieron registrar a fondo el sofá y descubrieron 10.000 euros escondidos por la mujer, algo que casa con la falta de 12.500 euros de la cuenta de Baranda tras su desaparición.

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