Alumnos de las Aulas de la Experiencia en la EHU: “Para que no se duerma el cerebro y socializar”
El grado para mayores de 55 años demuestra que la jubilación puede ser el momento perfecto para estudiar por puro placer

Aulas de la Experiencia en Álava
Euskadi - Publicado el
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Lejos de la idea de que la universidad es sólo para veinteañeros, las Aulas de la Experiencia de la EHU en Euskadi se han consolidado como un espacio donde las personas mayores de 55 años encuentran un nuevo aliciente. El objetivo no es obtener un título para ejercer una profesión, sino, como explica su directora en Vitoria, María Teresa Vizcarra, ampliar conocimientos y, sobre todo, tener “un entorno social muy agradable”. Se trata de aprender por el simple placer de hacerlo, manteniendo la mente activa y el contacto social.
Un proyecto con más de dos décadas
El programa no es nuevo. Las Aulas de la Experiencia comenzaron su andadura en Álava en el año 2001, un proyecto iniciado por Júncal Durán y que ha contado con el apoyo de la Diputación y de la Fundación Vital. Antes habían llegado a Bizkaia y Gipuzkoa. Aunque el número de matrículas varía, la satisfacción es la norma. “Las personas que se acercan a las aulas no se arrepienten de su elección”, asegura Vizcarra. Actualmente se ofertan 50 plazas para una población que, aunque menor que en otras provincias, muestra un gran interés.
La estructura académica consiste en un Título Universitario en Ciencias Humanas de cuatro años de duración, con su correspondiente acto de graduación. Sin embargo, para muchos el final del grado es sólo el principio. Según la directora, la experiencia “genera cierta adrenalina y cierta adicción”, y hay personas que llevan hasta 20 años reenganchándose, cursando optativas, cursos complementarios o incluso matriculándose en asignaturas de los grados ordinarios junto a los más jóvenes.
Aprender por placer y sin presión
El plan de estudios está centrado en las humanidades, con materias de historia, historia del arte, música y literatura, pero también aborda temas de actualidad con asignaturas como Cambios Ambientales. La formación teórica se complementa con una intensa actividad exterior, como explica Vizcarra: “En cada asignatura tienen normalmente alguna salida, pues igual van a ver la fábrica de boinas de Balmaseda, o van a ver una iglesia románica”.
Que no se me quedara dormido el cerebro”
Los testimonios de los alumnos reflejan una experiencia transformadora. Para Elena, de 66 años, la principal motivación fue “la necesidad de que no se me quedara dormido el cerebro”. Faustino, de 68, buscaba cubrir “lagunas académicas en materias que no había podido cursar” en sus estudios técnicos. Pero más allá de lo académico, el aspecto social es fundamental, como asegura Rosana: “Lo que más riqueza me aporta es mis compañeros. Tengo una clase excepcional, lo pasamos estupendamente”, confiesa.

Aulas de la Experiencia Bizkaia
Aprendo tanto de mis compañeros como de los profesores”
Una de las claves del éxito es la filosofía del programa. “No tenemos una presión académica por obtener unos resultados o unas notas”, explica Faustino. Se trata, según él, de “compartir experiencias y disfrutar aprendiendo” en un “ambiente cómodo y relajado”. Esta empatía se extiende a la relación con el resto de participantes. “Yo en casa suelo decir que aprendo tanto de mis compañeros, que son altamente cualificados, como de los profesores”, afirma.

Aulas de la Experiencia Gipuzkoa
Un puente entre generaciones
La iniciativa también fomenta el contacto entre distintas edades. Vizcarra destaca las “experiencias muy bonitas intergeneracionales”, como un grupo de teatro que une a estos alumnos con jóvenes de la Facultad de Letras. Cuando los estudiantes mayores se integran en clases de grados ordinarios, “aportan una experiencia y un saber estar y un saber preguntar que la gente joven se suele sorprender”, lo que genera un intercambio muy enriquecedor para todos.
Para quienes dudan en dar el paso, el mensaje de los alumnos es claro. “No lo dudéis, de dejarlo siempre tenéis tiempo, apuntaros, probar, ver qué es esto”, anima Elena. Su experiencia, como la de sus compañeros, demuestra que la jubilación no es el final de nada, sino el comienzo de una etapa en la que, por fin, muchos pueden estudiar por el puro gusto de aprender.




