OPINIÓN - tiempo añadido

Sadiq y los hitos de pago: cuando el fútbol se explicó solo

La Real Sociedad ha traspasado a Umar Sadiq al Valencia CF por algo más de 4,5 millones de euros y hasta 2028, poniendo fin a una de las operaciones más controvertidas y fallidas de su historia reciente.

Sadiq se lamenta tras un error ante el arco contrario
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Deportes COPE Gipuzkoa

Jokin Aperribay explica los "hitos de pago" incluidos en el fichaje de Sadiq por la Real Sociedad

Marco Antonio Sande

San Sebastián - Publicado el - Actualizado

3 min lectura0:25 min escucha

Por fin se ha acabado. El traspaso de Umar Sadiq al Valencia no es una noticia más de mercado, es el desenlace lógico de una operación que nació mal y terminó peor. Conviene decirlo sin rodeos, porque con el paso del tiempo el fútbol tiende a dulcificar los errores y a repartir responsabilidades hasta que ya no son de nadie.

Cuando la Real Sociedad fichó a Sadiq, el delantero nigeriano no era la primera opción deportiva del club. La Real había explorado otras vías, había contactado con perfiles como Ayoze Pérez o Edinson Cavani, y solo cuando esas puertas se cerraron de tanta indecisión apareció su nombre. Fue una solución de urgencia, de mercado al límite, aunque después se intentara vender ante los medios como una apuesta largamente madurada. No es un detalle menor que todo se cerrara a última hora y el último día.

De Almería a Madrid, con intermediarios

La operación fue tan precipitada como enrevesada. Arrancó en un hotel de Almería y acabó en un despacho de Madrid, donde fue necesario recurrir a un cuerpo de intermediarios para desbloquear tensiones que nadie reconocía en público. Todo se movía en silencio hasta que Deportes COPE Gipuzkoa soltó la bomba informativa: la Real negociaba en Madrid el fichaje de Sadiq. A partir de ahí, nada volvió a ser igual.

El enfado de Olabe y el control del relato

Aquella filtración cayó como un misil en el área deportiva. Roberto Olabe, entonces director de fútbol y con mando absoluto en lo deportivo, siempre llevó mal las filtraciones. Esta le dolió especialmente. No era la primera vez que chocaba con la presidencia por el uso del altavoz mediático, pero aquí el conflicto fue mayor porque el fichaje ya no era solo una cuestión deportiva, también lo era de poder y control del relato.

Mientras tanto, el jugador tuvo que apartar a su agente y forzar la máquina en Almería para doblegar a un jeque que está en el fútbol como quien juega al Monopoly. Al final, el acuerdo se cerró. Pero el ruido interno ya era imposible de apagar.

La rueda de prensa de los “hitos de pago”

El rebote se estiró hasta una comparecencia que hoy se recuerda con ironía. Jamás Jokin Aperribay había dado tantos detalles económicos de una operación. Los famosos “hitos de pago” se explicaron con una minuciosidad casi obscena: variables por ganar la Liga, por la Bota de Oro, por objetivos que rozaban la fantasía. Solo faltó detallar la talla de los calzoncillos. Todo, además, subrayado con fosforito y envuelto en un discurso permanente de buen rollo entre todas las partes.

Pagaremos al Almería un millón si ganamos una Liga, 750.000 € si Sadiq es Bota de Oro y 500.000 € si es Pichichi...

Jokin Aperribay en la presentación de Sadiq

Presidente de la Real Sociedad

Con el tiempo, aquella transparencia resultó ser más un síntoma que una virtud. Cuando una operación necesita tanta explicación pública es porque algo no termina de cuadrar.

La lesión no lo explica todo

La grave lesión de rodilla explica parte del fracaso, pero no puede explicarlo todo. La Real pagó como estrella a un futbolista que nunca terminó de serlo en ese contexto. Ni por encaje táctico, ni por perfil, ni por el momento elegido. El precio marcó una expectativa que jamás se sostuvo en el césped.

El desenlace: salida inevitable

Hoy Sadiq se marcha al Valencia CF por algo más de 4,5 millones de euros y firma hasta 2028. Era inevitable. Y era necesario. Seamos claros: estamos ante el peor fichaje de la historia de la Real Sociedad, un fracaso estrepitoso. En cualquier empresa privada, una decisión de este calibre tendría consecuencias inmediatas para quien la tomó.

Cuando el error se repite

Lo más preocupante es que no fue un error aislado. A este fichaje le siguió otro de la misma naturaleza, el de Orri Óskarsson, casi otros 20 millones invertidos en un experimento que contradice los principios básicos de Zubieta y de la identidad histórica del club.

No hablamos de mala suerte. Hablamos de decisiones. Y al final, en los clubes serios, no te define lo que prometes en una rueda de prensa, sino lo que aciertas cuando el foco se apaga y solo queda el resultado.

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