Una de las pioneras que abrieron el camino de la abogacía a las mujeres en España y que tiene una calle en Pamplona
Nacida en 1900, fue la primera mujer en ejercer la abogacía en Pamplona y la tercera en España, pero su carrera fue truncada por la Guerra Civil

Historia de Pamplona
Pamplona - Publicado el
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El historiador y autor Juan Echenique desvela el origen del nombre de la calle María Lacunza, situada en el barrio pamplonés de Soto de Lezkairu. Esta vía, que cruza el barrio de lado a lado, rinde homenaje a una de las figuras femeninas más relevantes de la historia local y nacional. La elección de su nombre responde a la voluntad del Ayuntamiento de Pamplona de feminizar el callejero, un esfuerzo que se refleja en las calles paralelas, también con nombres de mujer como Isabel Garbayo, Adela Bazo y María Camino Oscoz.
Una mujer adelantada a su tiempo
María Lacunza Ezcurra, nacida en Pamplona en el año 1900, fue, en palabras de Echenique, “una mujer adelantada a su tiempo, de esas que abrieron camino a muchas que han venido después”. Estudió Derecho en las facultades de Zaragoza y Madrid, finalizando su formación en 1926. Su presencia en las aulas ya era excepcional, ya que fue la única mujer que acudió a clase durante los cinco cursos de la carrera.
Un año después, en 1927, solicitó su admisión en los colegios de abogados de Pamplona y San Sebastián, convirtiéndose en la primera mujer en ejercer la abogacía en ambas ciudades. A nivel nacional, fue la tercera mujer en colegiarse en toda España, solo por detrás de María de la Ascensión Chirivella (Valencia, 1921) y Victoria Kent (Madrid, 1925), y el mismo año que la célebre Clara Campoamor.
Mujer que sabe triunfar por su propio esfuerzo""
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Su logro es aún más significativo si se considera el contexto de la época. Echenique recuerda que a comienzos del siglo XX, la abogacía estaba vedada para las mujeres por una ley medieval, las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, que datan de 1256. No fue hasta una ley de 1910 cuando se les autorizó a ejercer la profesión una vez obtenido el título, un camino que pocas se atrevieron a tomar.
María Lacunza abrió su propio despacho en Pamplona y San Sebastián, que funcionó entre 1927 y 1931. La prensa local, como el periódico ‘La Voz de Navarra’, se hizo eco de su hito en 1927 con un reportaje que, si bien la elogiaba como “mujer que sabe triunfar por su propio esfuerzo”, también utilizaba términos de la época como “bella señorita” o “damita gentil” para referirse a ella.
Carrera truncada por la Guerra Civil
En 1932, su carrera dio un giro al empezar a trabajar en el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio. Fue nombrada secretaria de la comisión de estudio para la reforma agraria, lo que la llevó a viajar por toda Europa para estudiar modelos de países como Alemania, Austria o Polonia, consolidándose como una profesional altamente preparada.
Con el estallido de la Guerra Civil, el gobierno republicano la trasladó a Valencia en noviembre de 1936 para protegerla del asedio de Madrid. Tras el fin del conflicto, Lacunza fue sometida a un expediente de depuración por su vinculación con la República.
La resolución, emitida en 1940, le permitía volver al servicio del Estado, pero con dos duras condiciones: quedaba inhabilitada para ocupar puestos de mando y debía trasladarse forzosamente a Sevilla. Ante estas imposiciones, María Lacunza renunció a su readmisión, se estableció en Valencia y abandonó para siempre el ejercicio de la abogacía.
Aunque su carrera como abogada fue breve, el legado de María Lacunza es innegable. Como destaca Echenique, su valentía y determinación abrieron el camino a muchísimas mujeres que, décadas después, seguirían sus pasos en el mundo del derecho y la justicia en España.
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