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Día Mundial del Corazón

El déficit de vitamina D, el estrés crónico o falta de higiene bucal, factores de riesgo para el corazón

Más allá del sedentarismo, el sobrepeso o una alimentación inadecuada, existen otros factores perjudiciales para la salud cardiovascular cuyo impacto puede pasar desapercibido

Ataque al corazón

Palma

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09:55

Las enfermedades isquémicas del corazón son la primera causa de fallecimiento en España.Nueve de cada diez infartos de miocardio están provocados por algún tipo de factor de riesgo “clásico, conocido y modificable”, como el sedentarismo, un peso poco saludable, una alimentación inadecuada, el tabaquismo o la falta de control de enfermedades como la diabetes o la hipertensión arterial.

Pero también existen otro tipo de factores del día a día que pueden llegar a impactar negativamente en el corazón y que, en muchos casos, no se suelen encontrar bajo el radar. Es el caso del estrés crónico, la falta de vitamina D o una mala higiene bucal. La Sociedad Española de Cardiología alerta de que la mortalidad hospitalaria por infarto de miocardio se ha duplicado durante la pandemia y muchos de los factores de riesgo aociados a problemas cardiovasculares han incrementado su incidencia durante los últimos meses.

FACTORES DE RIESGO

Con motivo del Día Mundial del Corazón (29 de septiembre), la aseguradora de salud Cigna, expone algunos hábitos o situaciones de la vida diaria que pueden suponer un factor de riesgo para la salud cardiovascular:

Vivir con niveles altos de estrés durante un largo periodo de tiempo: El estrés crónico puede llegar a provocar problemas cardíacos, como hipertensión arterial o arritmias, así como favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en personas que ya padecen problemas cardíacos, tales como isquemia cerebral (ictus), angina de pecho o infarto. Esto se debe a la respuesta fisiológica que provoca el estrés y que obliga al corazón a trabajar más intensamente: tensión extra en los músculos, incremento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial y mayor demanda de oxígeno. Por esa razón, es recomendable aprender a manejarlo incorporando en la rutina diaria actividades que contribuyan a limitar su impacto.

Descuidar la higiene bucal. Una mala higiene bucal está relacionada con un mayor riesgo de sufrir hipertensión o un accidente cardiovascular . El origen está en las enfermedades periodontales - inflamación de las encías por falta de higiene-, que pueden causar presión arterial alta y, a su vez, ocasionar daños en los vasos sanguíneos y una acumulación de placa en el flujo sanguíneo.

La falta de vitamina D. La falta de radiación solar directa en la piel también puede aumentar el riesgo de padecer problemas de corazón, como la hipertensión. Esto se debe a que la exposición a la luz solar es fundamental para sintetizar la vitamina D en el cuerpo. Si los niveles de esta vitamina son bajos, se incrementa el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, según revelan numerosos estudios.



Una mala calidad del descanso. Un estudio muestra que las personas que duermen menos de 6h. diarias pueden tener un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, en comparación con aquellas que descansan entre 7.h y 8h. Este factor de riesgo podría estar afectando a un porcentaje elevado de la población, ya que, únicamente el 29% indica que la calidad del descanso es “muy buena o excelente”.

Excederse con el ejercicio. Pese a que el ejercicio es una excelente actividad para mantener una buena salud y bienestar, realizar actividades que supongan un esfuerzo extra al que no se está acostumbrado también puede tener consecuencias negativas para el corazón.

Roncar en exceso. Aunque roncar no presenta riesgos importantes para la salud, sí conviene consultar con un profesional de la salud, ya que, en muchos casos, las personas que roncan en exceso padecen una problemática denominada ‘apnea obstructiva’. Este problema causa que, al dormir, una persona deje de respirar durante unos instantes, provocando que sus niveles de oxígeno en sangre disminuyan drásticamente y se produzcan irregularidades en el ritmo cardiaco. Esta alteración, a la larga, aumenta el riesgo de hipertensión, insuficiencia cardíaca, derrame cerebral o infarto de miocardio.

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