La gloria efímera del deporte que han puesto de manifiesto la renuncia de Marco Justo y la destitución de Miguel Soler, del ascenso a un adiós precipitado
Reflexiones sobre lo ocurrido sólo unos meses después de ascender ya no son los entrenadores de Palmer y Porreres, respectivamente

Marco Justo y Vicenç Palmer tras el ascenso
Mallorca - Publicado el - Actualizado
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La soledad del entrenador debe ser cruel, tan angustiosa como adictiva. La describió Luis Aragonés para referirse a lo que vive un entrenador, al que no se suele jalear, que debe dirigir a un grupo de jugadores a los que tiene que convencer, que tiene la soga de la directiva muy cerca del cuello a la vez que el fuego externo del entorno, medios de comunicación y afición, siempre apuntando al banquillo.
La reflexión del ex seleccionador y entrenador del Mallorca entre otros muchos equipos, que dejó un magisterio de vida en los banquillos, procede de un tiempo distinto en el que los entrenadores de fútbol realmente estaban muy solos. Entonces no eran los cuerpos técnicos interminables del fútbol de hoy, como dice Javier Aguirre, pero aún así, la soledad no tiene que tanto ver con la gente alrededor, sino con ser el centro de todas las miradas y alguien que debe ser capaz de soportar la presión.
Las toma de decisiones del entrenador sigue siendo objeto continuo de escrutinio público, forma parte de la esencia del deporte, suele cargar con las derrotas y caer en el olvido en las victorias. Rara vez se corea al entrenador, aunque también ocurre, cuando el entrenador logra cosas y tiene el carisma suficiente y capacidad de liderazgo para llegar al entorno. Por eso Luis estaba muy atento siempre al entorno y procuraba hacer sentir que lo vigilaba. Era muy listo.
Los entrenadores saben que la maleta siempre tiene que estar preparada, lo asumen como parte de una profesión excitante, vocacional, intensa y por ello adictiva. Generalmente el entrenador no quiere hacer otra cosa que entrenar. Saber que tienes que dirigir a un grupo de jugadores para que den lo mejor de sí mismos, para que mejoren, para conseguir victorias, que eres el jefe de ese grupo, que debes ser líder, profesor, a veces padre, a veces consejero... que puedes alcanzar la gloria si es un equipo con potencial ganar cosas o si es un equipo destinado a salvarse.
Alegrías pasajeras.-
En el deporte se ha demostrado sin embargo que la gloria es muy efímera. Aquello de disfrutar el momento no es ninguna frase hecha y es lección de vida, muchas veces se confunde con celebrar los logros. Por supuesto los éxitos en el deporte o en la vida se celebran, aunque disfrutar el momento no es exactamente eso, se trata de atender el presente, ser consciente del momento más o menos agradable que estamos viviendo.
El deporte te da esa intensidad presencial, es tan intenso que te obliga a estar al 100% en lo que estás, no puedes jugar con la cabeza en otro sitio, al revés, el deporte te mete en eso porque no se trata de pensar sino de ejecutar y en el caso de los jugadores recuperar el lado lúdico con el que creciste.
Para el entrenador es presente al máximo porque sólo así se entrena y dirige. Por todo ello es tan adictivo, el deporte te obliga. Cualquier cosa que hagamos debería significar atención máxima pero el deporte te lo exige, por ello muchos jugadores y entrenadores lo extrañan tanto cuando se ven fuera.
Sin embargo, a veces no se es feliz, quizá es lo que le ha ocurrido a Marco Justo, entrenador que ha renunciado en el Palmer tras cinco partidos y cuando sólo hace unos meses había logrado un ascenso espectacular.
Hay entrenadores que ven claro que cuando no se sienten realizados, no ven reflejada su obra, es mejor dejarlo. Sin embargo, también es virtud de un entrenador la capacidad de adaptación y resiliencia. Es decir, no tengo lo que quiero, tengo otra cosa, pero voy a tratar de sacarle partido a lo que tengo, soy capaz de adaptarme a mi realidad y busco otros caminos, no los inicialmente previstos, para conseguir resultados. Esto forma parte de la vida diaria de un entrenador también. Otros hubieran pagado por seguir en el puesto, se habían ganado crédito y confianza tras un ascenso histórico, es el caso de Miguel Soler en el Porreres de Segunda RFEF y destituido nada más empezar la temporada.
Ambos entrenadores celebraban sus respectivos ascensos hace cuatro días como aquel que dice. Ha pasado muy poco tiempo. Hace unos meses las risas, los abrazos, las lágrimas de alegría, las celebraciones, hoy ya no son entrenadores de estos equipos. Es la gloria efímera del deporte, que es exagerado en todo, por ello es pasión de millones de personas, tiene la capacidad de darle algo más a quienes lo quieren, darle esa emoción extra que hace la vida más intensa y da pertenencia a un gran comunidad, da igual si es un equipo con millones de seguidores o un equipo del pueblo con 1.000 socios.
Los éxitos de ayer no cuentan hoy, son pasado. Por eso Antonio Vadillo, técnico del Palma Futsal, siempre repite que lo de ayer no me vale, aun cuando ha ganado un gran título, "camarón que se duerme se lo lleva la corriente", repite Vadillo la frase popular de su tierra. Habla de que la gloria es pasajera pero también de que el profesional que no es capaz de motivarse con el siguiente reto, a pesar de tener el estómago lleno, lo tiene difícil.
Qué cercana está la visita con la copa de campeones de la Segunda FEB del presidente Vicenç Palmer y el entrenador Marco Justo a Deportes Cope Baleares. ¿Qué ha pasado para que cinco partidos de Primera FEB después el entrenador no haya querido seguir? Del mejor verano de su vida como entrenador con un Oro con España sub 18, a esta amargura.
Suele decirse que en la vida después de grandes alegrías pueden llegar grandes tristezas, la clave estará, supongo, en darle el mismo carácter pasajero a la victoria y a la derrota, los impostores de los que nos hablaba Rudyard Kypling. Debe ser eso.



