El Decano de los abogados de Badajoz responde: ¿por qué hasta el peor criminal merece una defensa?
Ildefonso Seller analiza por qué este principio es la piedra angular que protege a todos los ciudadanos, culpables o inocentes, frente al poder del Estado

Ildefonso Seller
Badajoz - Publicado el - Actualizado
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En una carta enviada a nuestra redaccion, Ildefonso Seller Rodríguez, Decano del Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Badajoz, ha abordado una de las cuestiones más espinosas del sistema judicial, muy de actualidad ante los últimos sucesos acaecidos en Extremadura: el derecho a la defensa para acusados de crímenes atroces. Ante la indignación social que generan ciertos casos, Seller recuerda que esta garantía es "la piedra angular que fortalece un Estado de derecho".
Aquí podrás leer el la carta al completo:
Según el decano, es un error común confundir la defensa jurídica con la defensa moral del acto cometido. El derecho a la defensa no se concede por "la calidad moral de la persona", sino por la dignidad inherente a todo ser humano y para asegurar que la justicia actúe con reglas claras, no con impulsos.
El abogado defiende el proceso, no el delito
Seller es tajante al afirmar que un letrado no justifica el crimen, sino que garantiza que el proceso sea limpio, "que las pruebas se obtengan legalmente, que no haya abusos y que la condena, si la hay, sea proporcional". De ahí su máxima: "La defensa no protege al delito, protege al proceso".
La defensa no protege al delito, protege al proceso"
Decano del Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Badajoz
El Decano subraya la posición de vulnerabilidad de cualquier ciudadano frente a los inmensos recursos del Estado, como la policía o la fiscalía. En este escenario, "el/la abogado/a equilibra la balanza", un equilibrio que considera imprescindible "incluso en los casos más execrables" para evitar la arbitrariedad.
La fortaleza de un sistema justo
La fortaleza de un sistema democrático, según expone Seller, "no se mide por cómo trata a los inocentes, sino por cómo trata a los culpables". Defender a quien nadie quiere es, para él, un "acto de progreso y de civilización" que demuestra que la justicia no cede a la "ira colectiva".
En este sentido, el autor defiende que el derecho a un abogado es una declaración de principios fundamental que resume en una frase contundente: "la justicia no se rebaja al nivel del crimen que juzga".
La justicia no se rebaja al nivel del crimen que juzga"
Decano del Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Badajoz
Renunciar a este principio, advierte, nos llevaría a un sistema donde los derechos dependen de la opinión pública o del poder político, y "nadie se encontrará realmente protegido". Por ello, concluye que el ejercicio de la abogacía, guiado por la prudencia y el secreto profesional, refuerza la cohesión social y la legitimidad del sistema penal.



