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ASÍ FUE

Tras 28 años el caso del triple crimen de Alcàsser sigue abierto

Un juzgado de Alzira, la Guardia Civil y la INTERPOL mantienen abiertas hoy las investigaciones sobre la tragedia que se desencadenó el viernes 13 de noviembre 1992.

Tumas de las tres niñas de Alcásser

ABC

Luis M. Agudo

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 12:25

Todo comenzó hace hoy 28 años, un 13 de noviembre, que también era viernes, de 1992. Desiree Hernández, de 14 años, Miriam Garcia, también de 14 y Antonia Gómez, de 15, tres amigas de Alcàsser, decidieron ir por la tarde noche a una discoteca de Picassent haciendo autostop. Nunca llegaron. No trascendió públicamente hasta el lunes siguiente cuando se difundió el aviso de la desaparición.

Más de 70 días se estuvo buscando a las niñas. El 27 de enero de 1993, dos apicultores encontraron los cadáveres semienterrados en una fosa de un paraje conocido como La Romana. Fueron violadas, torturadas y vejadas por los dos jóvenes, Antonio Anglés y Miguel Ricart, que las recogieron en el coche cuando hacían autostop. Anglés al final las mató de un tiro en la cabeza a cada una. Sólo pudo ser capturado Ricart. En el juicio, en 1997, por aquellos hechos fue el único condenado por los crímenes: 170 años de cárcel. Antonio Anglés, considerado autor material de los asesinatos, nunca apareció. Hoy un juzgado de Alzira mantiene abierta una pieza separada de aquellos hechos precisamente sobre la investigación. Y la INTERPOL mantiene activa su búsqueda

20 años pasó Miguel Ricart en prisión, que terminaron en 2013 cuando la derogación de la "doctrina Parot" permitió que dejara la prisión de Herrera de la Mancha. La búsqueda de Anglés continúa.

En la memoria colectiva de España, en la de los cientos de guardias civiles, policías nacionales, policías locales, letrados, médicos forenses, psiquiatras y periodistas perviven aún hoy frescos los detalles de esta historia auténtica de terror que derivó en una "caza del asesino" aún inconclusa y en el nacimiento de un género periodístico: la tele basura y los juicios paralelos. Así sucedieron los hechos.

El triple crimen

Todo empezó en la tarde del viernes 13 de noviembre de 1992, aunque no sería hasta el lunes cuando trascendió la desaparición de las tres menores.

La Guardia Civil confirmaba que tres niñas de Alcásser, Míriam García Iborra, de 14 años, Desirée Hernández Folch (Desirée), de la misma edad, y Toñi Gómez Rodríguez (Toñi), de 15 años, estaban desaparecidas de sus casas en Alcácer. Desde el primer momento, el padre de Miriam, Fernando García, se convertía en portavoz. Contó angustiado cómo las tres chicas se habían despedido de las familias para ir ese viernes tarde a la discoteca Coolor, situada en las afueras del vecino municipio de Picassent, a dos kilómetros. Sospechaban que habrían hecho autostop porque es lo habitual en muchas chicas dado que había algún tramo oscuro.

Se habían ido con lo puesto y descartaban las familias que se tratara de una huida juvenil en la que se hubieran puesto de acuerdo los tres. Por ello denunciaron su desaparición.

Comenzaba una búsqueda desesperada. Algunos vecinos aseguraban haberlas visto subiendo a un coche blanco. Pero ni rastro.

Mientras, el Ayuntamiento de Alcácer editaba miles de carteles con datos de las pequeñas, la Guardia Civil comprobaba entre reclusos salidos de prisión, hospitales, se organizaban batidas por la zona, helicópteros, perros policía, nada.

Comenzaba un incansable recorrido de las familias por las instituciones pidiendo ayuda. Fueron recibidas por el entonces ministro del Interior, José Luis Corcuera y en Nochebuena por el entonces presidente, Felipe González. Aquellas navidades del 92, en muchas familias valencianas se celebraron con un nudo en la garganta.

El hallazgo de los cadáveres

En la mañana del miércoles 27 de enero de 1993, un apicultor de 69 años y su consuegro suben al monte a revisar unas colmenas de su propiedad en un remoto paraje montañoso, La Romana, en el término municipal de Llombay, a unos doce kilómetros al norte del pantano de Tous y unos sesenta kilómetros al suroeste de la ciudad de Valencia. A las diez de la mañana, en las proximidades de las colmenas, los apicultores descubren un brazo humano medio desenterrado con un reloj de gran tamaño en la muñeca. No trascendería el hecho hasta la tarde cuando Cope Valencia ofreció un avance informativo. Y es que el juez de guardia de Alcira, encargado del levantamiento de los cadáveres, tardó varias horas en llegar al lugar, pues estaba levantando un cadáver en otro municipio. Al excavar se descubrieron otros dos cuerpos, los tres de chicas, en avanzado estado de descomposición.

Los detalles del hallazgo eran aterradores: los cadáveres estaban envueltos en una alfombra en el interior de una fosa de grandes dimensiones que había sido excavada a propósito. Los cuerpos estaban maniatados y apilados uno encima del otro, sin tocarse entre sí. Dos de ellos presentaban la cabeza separada del resto del cuerpo.

Eran los cadáveres de Miriam, Toñi y Desireé. La noticia cayó como una auténtica bomba en toda España y en especial en Valencia y en Alcásser.

Mientras se preparaban los funerales en Alcàsser, tomada por las televisiones desde esa misma noche, llegaban noticias de una operación de la Guardia Civil en Catarroja. Habían acudido los agentes a casa de una familia de apellido Anglés. Y es que en la inspección de la zona aparecieron en unos matorrales unos trozos de papel que, al reconstruirlos, resultaron ser un volante del Hospital La Fe de Valencia a nombre de un tal Enrique Anglés, que había sido atendido meses atrás. Detenían a Miguel Ricart, amigo de la familia, pero tras comprobar que Enrique no tenía que ver con el crimen, se lanzaron los agentes a la búsqueda de Antonio Anglés un delincuente fichado por la policía que había suplantado la identidad de su hermano porque fue él quien realmente acudió al hospital.

Mientras tanto, a las once de la noche acudía a Alcásser el presidente de la Generalitat Valenciana, Joan Lerma, para hablar con las familias. Poco antes de la medianoche, los cuerpos fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense de Valencia.

El asesino, a 100 metros de los estudios de COPE Valencia

A pesar del secreto del sumario, trasciende la primera declaración del único detenido: Miguel Ricart confesaría su participación en el crimen y realiza una primera descripción de lo ocurrido. Él y Antonio Anglés recogen a las tres niñas en un Opel Corsa y, en lugar de llevarlas a la discoteca Coolor, las trasladan a una caseta en la partida de la Romana. Allí las torturan y violan. Luego, obligan a las niñas a caminar, a la luz de unas velas, hasta una fosa, donde las asesinan de un tiro en la cabeza. A continuación, envuelven los cadáveres de las niñas en un trozo de moqueta y las entierran.

La policía no consigue dar con el paradero de Antonio Anglés, que había emprendido su huida desde el primer momento. Dos días después del hallazgo de los cadáveres, Antonio Anglés, estaba muy cerca de los estudios de COPE Valencia. A escasos 100 metros de nuestra emisora, en el Pasaje del Dr. Serra, 2, el asesino había acudido a un fotomatón de la estación del Norte de Valencia para fotografiarse con el pelo teñido de rubio y poder cambiar así el aspecto de su foto que llevaban ya todos los coches de las Fuerzas de Seguridad.

Luego emprendió huida por carretera por la N-3 hacia Madrid, tras apoderarse en Vilamarxant de un coche a punta de pistola amenazando a su propietario, un agricultor. A partír de ahí se le pierde el rastro. Los investigadores han determinado que Antonio Anglés marchó a Portugal y permaneció durante dos semanas en oculto en el puerto, con otro amigo suyo antes de embarcar como polizón en el mercante City of Plymouth que iba hacia Irlanda. Antes de llegar a Dublín, al ser descubierto, se lanzó al mar con un chaleco salvavidas. Y posiblemente murió en el agua por las bajas temperaturas, aunque no hay más prueba de él que un chaleco salvavidas que sería encontrado más adelante en la bocana del puerto sin rastro del polizón. Hoy, 28 años después, la INTERPOL lo sigue manteniendo como "En busca y captura" como uno de los delincuentes más buscados de Europa.

Cuatro años después comenzaba el juicio contra Miguel Ricart en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Valencia, en medio de un revuelo mediático. La sentencia: Miguel Ricart, condenado a 170 años de prisión por rapto, violación y asesinato con los agravantes de despoblado y ensañamiento

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