Jóvenes que buscan piso y mayores que viven solos: la solución es compañía a cambio de vivienda

El programa 'Viure i Conviure' conecta a estudiantes con personas de la tercera edad para paliar la soledad y facilitar el acceso a la vivienda en Cataluña

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"Vivir y compartir"

Montse Rodríguez

Barcelona - Publicado el - Actualizado

3 min lectura12:59 min escucha

La soledad no deseada en la tercera edad y las dificultades de los jóvenes para acceder a una vivienda son dos realidades que encuentran una solución común en el programa "Viure i Conviure". Impulsado por la Fundació Roure, este proyecto intergeneracional conecta a personas mayores de 65 años que viven solas con estudiantes universitarios, ofreciendo alojamiento a cambio de compañía.

Para muchas personas mayores, el principal problema llega al final del día. "Por la noche, cuando llego a casa, la casa se me come", explican algunos participantes a los responsables del programa. Más allá de la compañía, tener a alguien en casa aporta una valiosa seguridad. Como señala Olga Ibáñez, psicóloga y coordinadora del proyecto, "no es lo mismo que llegue la teleasistencia si te has caído o te encuentras mal y estás absolutamente solo, que tener a una persona que te calma, te ayuda y puede avisar a tus hijos".

Un 'matching' basado en la confianza

El éxito del programa, que nació como una prueba piloto en Barcelona y ya se ha extendido por toda el área metropolitana, reside en su cuidadoso proceso de selección. El equipo de la fundación entrevista a los ancianos en sus domicilios y a los estudiantes, derivados por las universidades, en la sede de la entidad. El objetivo es realizar un "matching" que tenga en cuenta el carácter, las aficiones, las necesidades y la salud de ambas partes para asegurar una convivencia enriquecedora.

Los requisitos para la persona mayor son tener más de 65 años, ganas de convivir y disponer de una habitación en condiciones de habitabilidad. Por su parte, el estudiante debe estar cursando un grado o posgrado y no tener residencia en el municipio. "Es un programa solidario", subraya Ibáñez, donde el joven colabora con una aportación simbólica para los gastos y dedica unas horas a la semana para acompañar al anfitrión en tareas como ir a la compra o a una visita médica, siempre fuera de su horario lectivo.

Lazos que se convierten en familia

Lo que comienza como una solución habitacional a menudo se transforma en un vínculo mucho más profundo. Olga Ibáñez afirma que "las relaciones perduran más allá de la estricta convivencia" y que, con el tiempo, "se han creado verdaderas relaciones de amistad". Los estudiantes que terminan su estancia continúan visitando a la persona mayor, e incluso les presentan a sus futuras familias.

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Una convivencia que aporta a ambas partes 

Se han creado verdaderas relaciones de amistad"

Olga Ibáñez, psicóloga y coordinadora del proyecto

Un ejemplo es el de Àngels, de 88 años, que convive con Jormis, una estudiante cubana de máster. La coordinadora del programa cuenta con emoción cómo Àngels tiene en una estantería de su casa las fotos de todos los estudiantes con los que ha convivido, a los que considera "casi como de la familia".

Los beneficios son mutuos y evidentes. Mientras el estudiante encuentra un hogar y conoce la cultura local de una manera única, la persona mayor recibe una compañía que combate la soledad y estimula su día a día. "Es una estimulación cognitiva que te ayuda a retrasar un posible deterioro cognitivo, porque hablas, comentas noticias, explicas cosas de tu vida y escuchas las suyas", concluye Ibáñez.

Es una estimulación cognitiva que ayuda a retrasar un posible deterioro cognitivo"

Olga Ibáñez, psicóloga y coordinadora del proyecto

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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