Cómo quitar correctamente una garrapata: el gesto clave para evitar complicaciones

Actuar con rapidez y precisión ante una garrapata es esencial para proteger la piel y evitar riesgos innecesarios

Una garrapata

Erik Karits

Una garrapata

Caterina Ruiz Ponce

Barcelona - Publicado el

2 min lectura

Con la llegada del buen tiempo, aumentan las actividades al aire libre y también la presencia de garrapatas en entornos naturales, jardines e incluso zonas urbanas. Estos pequeños parásitos pueden pasar desapercibidos durante horas, adheridos a la piel sin causar molestias inmediatas. Sin embargo, una extracción incorrecta puede provocar complicaciones importantes, por lo que es fundamental saber cómo actuar de forma segura.

Las garrapatas se alimentan de sangre y se fijan a la piel introduciendo parte de su aparato bucal. Este proceso hace que queden firmemente adheridas, dificultando su retirada. Uno de los errores más habituales es intentar quitarlas con los dedos o aplicar sustancias como aceite, alcohol o calor, creyendo que así se desprenderán. En realidad, estas acciones pueden provocar que el parásito libere contenido interno en la piel, aumentando el riesgo de irritación o infección.

La forma correcta de retirar una garrapata es sencilla pero requiere precisión. Se deben utilizar unas pinzas finas y sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel, evitando presionar su cuerpo. A continuación, hay que tirar suavemente hacia arriba con un movimiento firme y continuo, sin girarla, asegurando que se extrae por completo. Este paso es fundamental para evitar que queden restos en la piel.

Una vez retirada, es importante observar la zona afectada. Si queda algún fragmento incrustado, no se debe intentar extraer de forma brusca, ya que podría empeorar la lesión. En estos casos, es recomendable vigilar la evolución o consultar ante cualquier duda. Después, se debe limpiar bien la zona con agua y jabón o un desinfectante suave para reducir el riesgo de infección.

En los días posteriores conviene prestar atención a posibles síntomas. La aparición de enrojecimiento intenso, inflamación, fiebre o malestar general puede indicar una reacción adversa, por lo que es recomendable acudir a consulta. Aunque muchas picaduras no causan problemas graves, una mala actuación inicial puede aumentar los riesgos.

La prevención también es clave. Utilizar ropa clara, aplicar repelentes y revisar el cuerpo tras estar en zonas con vegetación son medidas básicas para evitar picaduras. Las garrapatas suelen adherirse en zonas cálidas y húmedas del cuerpo, como axilas, ingles o detrás de las rodillas, por lo que es importante revisar bien estas áreas.

También es recomendable revisar la ropa y a los animales domésticos tras cualquier salida al campo. Las garrapatas pueden permanecer en tejidos o en el pelaje y adherirse posteriormente a la piel, aumentando el riesgo sin que la persona lo perciba en el momento.

Actuar correctamente ante una garrapata es una medida sencilla pero fundamental. Con información adecuada y una intervención rápida, es posible evitar complicaciones y disfrutar del entorno natural con mayor tranquilidad y seguridad.

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