El pilates se convierte en el aliado de los payeses: "Ahora parece que tenga 40 años, antes me dolía todo"
Un grupo de agricultores de Lleida narra cómo esta disciplina les ha devuelto la agilidad perdida por las malas posturas y los movimientos repetitivos de su trabajo

lo ha contado Ramón Boleda, un agricultor de 73 años, en los micrófonos del programa 'Herrera en COPE Cataluña'
Barcelona - Publicado el
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El trabajo en el campo es sinónimo de esfuerzo, sacrificio y, en muchas ocasiones, de dolor. Las largas jornadas, las posturas forzadas y los movimientos repetitivos pasan factura al cuerpo de los agricultores, generando dolencias crónicas que merman su calidad de vida. Sin embargo, un grupo de payeses de Verdú (Lleida) ha encontrado en el pilates un aliado inesperado para combatir estas dolencias. Así lo ha contado Ramón Boleda, un agricultor de 73 años, en los micrófonos del programa 'Herrera en COPE Cataluña', donde ha explicado cómo esta disciplina está transformando su bienestar y el de sus compañeros de faena.
Del tractor a la esterilla
La iniciativa surgió de manera casual, como una necesidad compartida por un grupo de amigos y colegas del sector. “Éramos un grupo de payeses de la zona y, hablando de los dolores y las molestias, surgió la idea”, ha relatado Boleda. A pesar de que al principio el centro de pilates tenía el horario completo, la insistencia del grupo les permitió conseguir una clase exclusiva. “Le pedimos si nos podía hacer un horario especial, al principio dijo que no, pero al final como un favor nos hace a la una y media una hora de pilates”, ha comentado el agricultor.

La iniciativa surgió de manera casual, como una necesidad compartida por un grupo de amigos y colegas del sector.
Estamos moviendo músculos que no pensábamos que teníamos"
Los resultados, según Ramón, han sido espectaculares y se notaron casi de inmediato, a pesar de haber comenzado en noviembre. “Lo notamos mucho. Tal como dice un compañero, ‘estamos moviendo músculos que no pensábamos que teníamos’”, ha afirmado con satisfacción. A sus 73 años, ha experimentado una mejora radical en su agilidad: “Yo, por ejemplo, cuando bajaba del coche o me levantaba, hasta que no me enderezaba, pasaba un buen rato. Ahora bajo y salgo corriendo, se han acabado los agarrotamientos”.
Adiós a los dolores crónicos
La efectividad del pilates en este colectivo se debe a que trabaja precisamente la musculatura y la flexibilidad más castigadas por su día a día. Boleda describe su trabajo como una sucesión de “movimientos muy repetitivos” que sobrecargan zonas concretas. “Cuando vamos en el tractor, si es carretera, vas mirando adelante. Pero cuando trabajas en el campo, todos miramos hacia atrás, y la espalda se queda encorvada”, ha explicado. A esto se suman otras tareas, como la recogida del pistacho, que les obliga a pasar “todo el día mirando al aire”, lo que deriva en “problemas en las escápulas y en los hombros”.
Gracias a los ejercicios, ahora se siente “mucho más ágil” y ha notado una diferencia abismal a la hora de podar, caminar o realizar cualquier movimiento. El éxito ha sido tal que la propia profesora, llamada Esther, está sorprendida con la rápida progresión del grupo. Por ello, Ramón no duda en recomendar la experiencia a otros profesionales del sector. “Yo recomendaría a todos los payeses y a todos los que hacen faenas rutinarias que se apunten, que pierdan la vergüenza”, ha insistido, calificando el beneficio obtenido como “más que multimillonario”.

“En octubre y noviembre parecía que no había tantos, pero llega diciembre y empiezas a ver conejos y más conejos”
La otra gran plaga: los conejos
Pero no todos los problemas del campo se pueden solucionar en una esterilla. Durante la entrevista con José Miguel Cruz, Ramón Boleda también ha denunciado la desesperante situación que viven con la plaga de conejos. “En octubre y noviembre parecía que no había tantos, pero llega diciembre y empiezas a ver conejos y más conejos”, ha lamentado. Según el agricultor, su capacidad de reproducción es descontrolada y se multiplican a un ritmo vertiginoso, lo que hace que sea imposible pararlos.
Si queréis conejos y especies protegidas, pagádnoslo"
Las consecuencias para sus cultivos son devastadoras. “Yo, de diez hectáreas, me han arrancado siete”, ha revelado Boleda, explicando que los animales se comen la corteza de los árboles y los echan a perder. Ante esta situación, los agricultores se sienten completamente desamparados por la administración, de la que no reciben “compensación ninguna”. Boleda va más allá y acusa directamente a las autoridades de proteger a estos animales en detrimento de los agricultores. “Hemos llegado a la conclusión de que la administración está a favor de los conejos”, ha sentenciado.
La razón, según su testimonio, es que “el conejo es el alimento de muchas especies protegidas”. Ante esta realidad, su reclamo es claro y contundente: “Lo que pedimos es, vale, si queréis conejos y queréis especies protegidas, pues también nos tenéis que proteger a nosotros y pagar lo que nos hacen”. La frustración acumulada durante más de veinte años soportando esta plaga ha llevado al sector a un límite insostenible. “Estamos muy cansados de quejarnos”, ha concluido Ramón, resumiendo el sentir de un colectivo que se siente abandonado a su suerte.
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