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El Camino del Henar ambientará una de las próximas novelas de JC Santiago

El escritor ha realizado la Peregrinación que COPE Segovia ha organizado hasta el Santuario del Henar

El escritor ha realizado la Peregrinación que COPE Segovia ha organizado hasta el Santuario del Henar

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Tiempo de lectura: 5'Actualizado 30 sep 2021

En pleno Año Jubilar, que se celebra desde el pasado 8 de agosto y hasta el próximo 18 de septiembre de 2022, COPE Segovia ha caminado durante una semana hasta el Santuario de la Virgen del Henar. Un Camino Henarense poco conocido para el gran público pero que ha enamorado al escritor JC Santiago, autor de la novela “Crimen tras la muerte”, ambientada en la ciudad de Segovia. Tal es así que ha anunciado en COPE que una de sus próximas novelas, que seguirá protagonizando la inspectora Clara Demente, estará inspirada en las localizaciones por las que ha pasado esta peregrinación.

Esta es la carta dedicada por el escritor, con motivo de la peregrinación de COPE Segovia al santuario de El Henar:


Complicado es expresar con palabras las emociones que he sentido realizando este camino, esta peregrinación hasta el santuario del Henar, donde he podido llegar gracias a la iniciativa de la cadena COPE, y a ese buen hacer de los amigos del Camino de Santiago que han recuperado trayectos inolvidables, autopistas de peregrinación hacia nuestro patrón de España.

Y en este peregrinar, en este sentir, he descubierto la historia de la Virgen de la Soterraña, en Santa María la Real de Nieva, donde se levantó un pueblo, una capital de una comarca, por venerar la imagen de su señora, donde hoy residen los restos de Blanca de Navarra, y donde la riqueza de su claustro románico nos habla del poder que tuvo Castilla, con esos campos de cereal, que eran graneros de panes, y que su transformación y su riqueza aún perdura en municipios como Garcillan, de gran tradición panadera y sustento de estos pequeños municipios castellanos, como Añe, donde la panificadora De la Mata Escobar reparte bollos y panes, para sus vecinos, y para este pequeño grupo de peregrinos que descansábamos a los pies de su centenaria fresneda.

Atrás hemos dejado el municipio de los Huertos, un buen lugar de parada, avituallamiento y descanso, pasamos por tierras de garbanzos, que en cualquier época del año Valseca emana aromas a cocido, y desde Zamarramala, donde no es necesario remontarse al siglo XXI hemos visto mujeres empoderadas, y al volver la vista atrás, Segovia, donde coincidí con este grupo de periodistas y peregrinos, que me mostraron la ciudad, su acueducto, su catedral, sus murallas, su Alcázar, una ciudad de la que no pararía de hablar y que volveré siempre que pueda y gozaré de la hospitalidad de sus gentes, de su preciada gastronomía, porque si caminar por la sierra de Guadarrama es hermoso, pasar por la calzada Romana, por el duro puerto de la Fuenfría y beber agua en la fuete de la reina, no hay mejor colofón para esa larga etapa que llegando a este patrimonio de la humanidad, un buen plato de judiones de la granja y una buena ración de cochinillo, acompañados de buen vino de estas tierras o de ese agua cristalino que de los manantiales de la sierra manan, y como colofón, ese maravilloso y desconocido dulce que mi paladar degustaba que es el ponche segoviano.

Y así atravesando la campiña Segoviana he llegado a las puertas de las tierras de pinares, donde Nieva, una joya que esconde una iglesia discreta, pero enormemente bella, me ha ofrecido sus vinos, sus caldos de verdejo con denominación de origen Rueda, y al despedirme, mezclando cereales con viñedos me introduce en ese mar de pinaceas que inunda de verde estos páramos castellanos, el pino Morgas nos da la bienvenida y nos indica el camino, marcado por flechas amarillas, y avisándonos, de que aquí, rodeado de pinos negrales, de donde se obtiene la resina, eran muchos los hombres que trabajaban el pinar, y toda esa gente, recia y amable, dura y curtida por el clima, nos ha trasladado en el tiempo un arte, porque resinar es un arte, que gracias a ellos, y a la miera que de esos pinos bien cuidados se sacaba, se obtienen cosméticos, dulces y aguarrás que entre otros productos disfrutamos.

Me comentan las mujeres que acompaño, que no me olvide de las cremas depilatorias, se lo agradezco, yo no las gasto. He llegado a la Nava, como aquí se conoce a Nava de la Asunción, el municipio más grande de esta comarca, y he saboreado sus dulces, que aún ciegas, están llenas de sabor. Y madrugando, cruzando el vado del Eresma, hemos coronado en Navas de Oro, pueblo resinero donde los haya, pegueros les llaman a sus lugareños, porque empezaron trabajando la pez y continuaron con la resina, y allí, con su torre minarete y la curiosa historia que dicta la calle de la raya, he probado higos, he respirado el aroma del pinar, y he visitado y aprendido en el museo de la resina.

Hemos vuelto a caminar, he andado por la tierra mojada, con ese agua que compacta cortafuegos y nos da frescor y alivia del polvo, y por caminos de arena acompañado de las mujeres de la COPE, de peregrinos y de fervientes devotos de nuestra señora del Henar, he llegado a Coca, me he maravillado con su Castillo y he recordado esa parte de la historia, donde el poder de los Fonseca me ha vuelto a la memoria. Me han agasajado con buen comer en los Vacceos y he degustado la tradición de sus pastas, porque en Coca, todo es riqueza e historia. Aquí abandono el camino De Santiago tras visitar su museo forestal, y tras hacer noche en la casa La Paca, me introduzco de la manos de sus gentes en dirección al santuario del Henar, donde hablando con los paisanos de esta bella tierra he entendido su devoción, su peregrinar de agradecimiento, de gente que camina descalza y que lleva todo el dolor y el sufrimiento guardado en su alma.

Es mucho lo que está tierra les ha dado, y sería imposible entenderlo, sin saber que nuestra señora del Henar nos cuida y nos guarda, y en sus chozos, en sus refugios, estas gentes encontraban cobijo del mal tiempo y dedicaba plegarias, a su Virgen, a su Señora, que en su santuario, nos aguarda. Hoy se ha incorporado Felipe, otro peregrino que venía detrás mío, y que al no desviarse hacia Navas de Oro, hemos coincido en Coca, tampoco ha sido complicado convencerle, y todos juntos, nos hemos adentrado por estos pinares, donde guiados por lugareños, por devotos con los que hemos coincidido hasta llegar a Chañe, allí nos ha recibido el alcalde y nos ha ofrecido su pueblo, un pueblo que huele a huerto, a ajo, a zanahorias y fresas, a carracillo, a puerros y cebollas, a vega en medio de pinares.

El esfuerzo se va cargando en nuestras piernas cuando abandonamos los pinares y por el camino del salinero tomamos dirección Cuellar, donde el legado del duque de Alburquerque sigue presente, y me pierdo por sus calles, por su piedra caliza, por su mudejar, es poco lo que queda hasta ese santuario del que tanto he oído hablar a los compañeros del camino, y en medio de esa pradera rodeado de chopos, fresnos, sauces..., se alza majestuoso con su estilo neoclásico el refugio de la Virgen del Henar. Son muchas las lágrimas que se derraman, y tomando la bota de vino, que en todos los caminos que realizó me acompaña, con esa vieira dibujada en su exterior, y con esa pez, curiosamente obtenida de los pinos de esta comarca, he compartido el festín de Baco con mis compañeros de camino, porque da igual quién camine, los caminos, unen a la gente.

Y hoy, mientras nos despedimos de nuestras amigas y compañeras de la COPE, nos deseamos que este año próximo, que comparten jubileo Santiago de Compostela y la virgen del Henar, nos traiga un poco más de tranquilidad. Felipe y yo continuamos camino hacia el campo de estrellas, hoy haremos noche en Iscar y mañana retomaremos el nuestro peregrinar por tierras castellanas hacia tierras gallegas, con una experiencia, con una sonrisa y con algo que cuando empezamos a andar no esperábamos, una Henarense y una nueva experiencia en la mochila.

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