Un profesor de la UAH integra un equipo científico internacional que resuelve el "problema del fosfato"

El estudio dirigido por César Menor-Salván evidencia que, tal como intuyó Darwin, la vida podría haberse originado en una "pequeña charca caliente"

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Mercedes CastellanoCOPE Guadalajara

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El profesor de Bioquímica de la Universidad de AlcaláCésar Menor-Salván, forma parte del equipo científico del NSF-NASA Center for Chemical Evolution de la localidad estadounidense de Atlanta, que ha resuelto el conocido como "el problema del fosfato".

El estudio dirigido por Menor-Salván avala la intuición que ya tuvo Charles Darwin a finales del siglo XIX de que la vida se podía haber originado en un "pequeño charco caliente en el que se acumulaban sustancias orgánicas, fosfatos... pero en ese momento faltaba mucho conocimiento, tanto de la Química como de la Bioquímica... no se conocía el ADN, por ejemplo, sin embargo, con los medios actuales, estamos comprobando que efectivamente Darwin pudo ser un gran visionario".

Profesor de Bioquímica de la Universidad de Alcalá, César Menor-Salván

Mercedes CastellanoCOPE Guadalajara

La investigación internacional, que arrancó hacia 2015, da respuesta al gran interrogante científico de cómo el fosfato, que es insoluble y no reacciona, pudo incorporarse a otros compuestos para formar parte del origen de la vida. Y es que, según Menor Salván, "el fosfato es tan esencial para la vida como lo puede ser el agua y no dudamos de lo fundamental que es para los huesos, pero es que, además, tiene un papel todavía mucho más importante, que está en todos los organismos vivos de nuestro planeta, ya que el soporte, el libro sobre el que se escriben las palabras de la información genética es el fosfato".

La "lectura" del fosfato que han realizado los científicos promotores de este estudio internacional nos hace retroceder, tal y como nos explica el profesor cisneriano "a hace 4.000 millones de años, cuando en la Tierra no existía oxígeno y no había vida tal y como la conocemos ahora, con gran actividad volcánica y con charcas de agua caliente en entornos que llamamos geotermales, en las que nosotros pensamos se dio el escenario ideal para la vida".

Y, sin duda, uno de los datos más curiosos de la investigación de este avezado equipo de expertos es el punto de arranque de la misma, que no es otra que una granja de cerdos de Girona, cuya fosa de purines constituye la réplica más fiel de aquellas charcas calientes de la Tierra primitiva, ya que, como nos cuenta Menor-Salván, "mientras el dueño de esta granja estaba limpiando una fosa de purines, descubrió unos grandes cristales, muy bonitos, de una especie de mineral que, tras nuestros análisis, resultaron ser un mineral de fosfato, que se llama estruvita, lo cual nos hizo pensar que aquellos charcos de agua caliente primitivos se parecían más a una fosa de purines que a lo que nos podamos imaginar actualmente, ya que contenían agua muy rica en compuestos orgánicos y urea, probablemente maloliente, pero sin vida, sin bacterias, sin microbiología".

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