El curioso método que ha utilizado una serpiente pitón para escapar de un piso de Santander: varios metros de altura
Una pitón diamantina se escapó de un piso en Santander y acabó en una urbanización cercana. La Guardia Civil investiga al dueño por tenerla sin autorización

Santander - Publicado el - Actualizado
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La sorpresa fue mayúscula en una urbanización de Santander cuando los vecinos se encontraron con una serpiente de grandes dimensiones reptando por la zona común. No se trataba de un animal cualquiera, sino de una pitón diamantina, una especie exótica incluida en el convenio CITES, cuya tenencia requiere de autorización expresa. La Guardia Civil ha abierto diligencias contra el propietario, que ahora está investigado como presunto autor de un delito contra la flora, fauna y animales domésticos.
Todo comenzó con una llamada de alerta a la Policía Local de Santander. Un vecino había visto a una serpiente moverse en el interior de la urbanización, lo que rápidamente activó los protocolos de seguridad. Fue entonces cuando intervino el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza) de la Guardia Civil de Cantabria, que se hizo cargo de la investigación para esclarecer de dónde había salido el animal y quién era su propietario.
Los agentes no tardaron en localizar al dueño, que reconoció que la serpiente se le había escapado del domicilio. Según explicó, el reptil salió por una de las ventanas y descendió por el canalón de la fachada hasta llegar al suelo. Desde ahí, se desplazó reptando hasta la urbanización colindante, donde fue avistada y finalmente recuperada por el mismo propietario.
Una especie protegida y sin veneno
El animal en cuestión es una pitón diamantina, originaria de Australia y Nueva Guinea. Aunque no es venenosa, puede alcanzar varios metros de longitud y provocar una gran alarma social si aparece en un entorno urbano como el de Santander.
Desde la Guardia Civil recuerdan que este tipo de reptiles están incluidos en el listado del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), lo que significa que su posesión, transporte o compraventa está sujeta a un estricto control administrativo. En este caso, el propietario no contaba con la autorización correspondiente, por lo que además de la investigación penal se enfrenta a posibles sanciones administrativas.
Por el momento, la serpiente ha quedado bajo la custodia del dueño, aunque está previsto que un centro de rescate especializado se haga cargo de ella en los próximos días para garantizar su bienestar y seguridad.
Riesgo y alarma social
El hallazgo ha generado inquietud en la zona, ya que se trata de un animal completamente ajeno a la fauna cántabra y que, pese a no ser venenoso, puede llegar a ser peligroso por su tamaño y fuerza. Desde el SEPRONA insisten en que este tipo de especies no deben mantenerse en domicilios particulares sin las condiciones legales y de seguridad adecuadas.
“Un reptil de estas características supone un riesgo si se escapa, y también plantea un problema de bienestar animal, ya que requieren cuidados muy específicos y un hábitat adaptado a sus necesidades”, apuntan fuentes de la investigación.
El caso se enmarca en la legislación española que regula la protección de especies incluidas en el convenio CITES. La tenencia sin autorización puede constituir un delito contra la flora y fauna recogido en el Código Penal, además de sanciones económicas.
En los últimos años, el SEPRONA ha intensificado la vigilancia sobre la tenencia de especies exóticas en Cantabria, con casos que van desde aves rapaces hasta reptiles o tortugas de gran tamaño. El objetivo es evitar la introducción de fauna no autóctona que pueda alterar el equilibrio ecológico o poner en riesgo la seguridad ciudadana.
Concienciación ciudadana
La Guardia Civil recuerda a los ciudadanos que antes de adquirir un animal exótico deben informarse bien sobre los permisos necesarios y las condiciones que requiere. La compra irresponsable de especies que luego no se pueden mantener en un hogar es una de las principales causas de abandonos y de situaciones como la vivida en Santander.
En este sentido, desde el propio sector de la protección animal se insiste en que la fascinación por tener mascotas “diferentes” no puede estar por encima de la legalidad ni del bienestar del propio animal. Un susto con final controlado
El suceso se ha quedado en una anécdota que, eso sí, ha dejado tras de sí una investigación penal abierta.



