SOCIEDAD

Isidro, un año de baja por estrés y ansiedad: "La hostelería es una fábrica de gente con problemas de salud mental"

Un estudio revela que el 20% de los canarios padece un trastorno mental, una crisis agravada por la precariedad laboral en el motor económico de las islas

El impacto de la salud mental en el envejecimiento, según la Federación de Salud Mental de Castilla y León
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Isidro Dionis, trabajador de baja

Guillermo García

Tenerife - Publicado el

5 min lectura9:29 min escucha

La salud mental se ha convertido en una emergencia silenciosa que atraviesa a la sociedad canaria. Un reciente estudio de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública en Canarias en colaboración con Intersindical Canaria pone cifras a esta crisis: en torno al 20% de la población de las islas padece algún tipo de trastorno mental. El informe revela, además, un dato que evidencia la creciente presión sobre el sistema sanitario: en los últimos cinco años, la demanda asistencial se ha incrementado entre un 30% y un 35%, con un aumento especialmente notable de los diagnósticos por ansiedad y depresión.

El profesor de Psiquiatría de la Universidad de La Laguna y autor del estudio, Francisco Rodríguez Pulido, apunta a que, a diferencia de otras comunidades donde la ansiedad suele ser reactiva y temporal, en Canarias se observa una mayor cronicidad. Esto se debe, en gran parte, a una falta de intervención psicoterapéutica temprana en el sistema público. Sin embargo, el análisis va más allá y señala directamente a los factores económicos y sociales como catalizadores de este malestar. "La sociedad canaria vive una gran desigualdad, apareciendo una nueva clase de sociedad que se llama el precariado", explica Rodríguez Pulido. La calidad de la vivienda, el nivel de pobreza y, sobre todo, la precariedad en las condiciones de trabajo son, según el experto, indicadores directos que fomentan la aparición de estos problemas.

El rostro humano de la estadística

El estudio destaca que esta precariedad laboral se ceba especialmente con el sector turístico, el principal motor económico del archipiélago. Y es aquí donde la estadística adquiere un rostro y una voz: la de Isidro, un trabajador de un hotel del sur de Tenerife que se ha visto forzado a prejubilarse recientemente. Sus últimos años en activo, como él mismo los define, han sido "penosos". Antes de tomar la decisión de abandonar su puesto, Isidro estuvo casi un año de baja por estrés y ansiedad, una situación que se convirtió en el detonante de un calvario personal y profesional que le obligó a decir basta.

La baja por depresión fue solo el principio. "Eso hizo que mi salud se resintiera y adquiriera otras enfermedades", relata Isidro en Herrera en COPE Tenerife. Durante sus dos últimos años de vida laboral, las bajas intermitentes se convirtieron en una constante. Fue entonces, con la ayuda profesional de psicólogos y psiquiatras, cuando logró tomar distancia y comprender la raíz de su sufrimiento. "Me di cuenta de que el origen de todos mis males estaba en el hotel", afirma con rotundidad. Esa dolorosa constatación le llevó a tomar una decisión drástica: solicitar la prejubilación cinco meses antes de la fecha que le correspondía, renunciando a parte de sus derechos para poder escapar de un entorno que lo estaba destruyendo.

En la hostelería se trabaja con unas cargas muy altas, y eso provoca que haya muchas bajas por ansiedad y depresión"

Isidro

Trabajador del sector turístico que ha estado un año de baja por estrés y ansiedad

Una "fábrica de gente con problemas mentales"

Isidro describe un ambiente laboral tóxico, marcado por una presión insostenible. "En la hostelería se trabaja con unas cargas muy altas, y eso provoca que haya muchas bajas por ansiedad y depresión", señala. Él apunta directamente a un problema estructural en la jerarquía de muchas empresas del sector: " En muchos casos, tus superiores son gente que no tiene empatía, que manipulan, que dividen. Y eso, cuando vas a tu trabajo y todos los días te hacen eso, te destruye", denuncia.

En su caso particular, Isidro asegura haber sufrido una persecución directa y constante por parte de la dirección del hotel. "La directora tenía a varias personas que me perseguían continuamente y me vigilaban a todas horas. El solo pensarlo ahora mismo a mí me molesta", confiesa, evidenciando las secuelas del trauma. Lo más perverso del sistema, según su testimonio, es que las propias herramientas de control acaban siendo víctimas. "Algunas de esas personas que manipularon y que utilizaron están de baja también o se han ido ya del hotel, por la misma causa. Es decir, se utilizan y se tiran", sentencia. Isidro no tiene dudas al afirmar que en su hotel había más personas en su misma situación y que "seguirán habiendo, porque hay una fábrica de gente con problemas mentales si no quitan el origen".

La presión psicológica a la que estaba sometido tuvo graves consecuencias físicas. "Se produce una bajada de defensas y te empiezan a salir cosas. A mí me empezó una parálisis diafragmática, y después problemas cervicales", recuerda. La ansiedad se manifestaba de forma aguda en su día a día. "Iba a trabajar días que se me empezaban a dormir las manos y los pies". El punto de inflexión llegó un día en el que, tras aparcar, fue incapaz de moverse. "Llamé a mi mujer para que viniera a buscarme, no podía salir del coche", rememora sobre uno de sus peores momentos. Antes del diagnóstico, se sentía "hundido y confundido", un malestar que inevitablemente se llevaba a casa y afectaba a su entorno familiar.

"No le aconsejaría a un joven que se meta en la hostelería"

La experiencia ha dejado en Isidro una herida tan profunda que su mensaje para las nuevas generaciones es tajante. "Yo no le aconsejaría a ningún joven actualmente en Canarias que se meta en la hostelería", afirma. Su razonamiento es desolador: "Tarde o temprano acabas enfermo, por una causa o por otra, pero acabas enfermo". Más allá de los problemas de acoso o presión, critica un modelo de organización del trabajo que anula la vida personal. La "incertidumbre sobre los turnos", los horarios partidos, la imposibilidad de conciliar y los "ritmos de trabajo increíbles" por la falta de personal configuran un cóctel que, según él, es insostenible.

Aunque ya está prejubilado y su tratamiento se ha reducido a una medicación puntual para crisis de ansiedad cada vez menos frecuentes, el trauma persiste. "Paso por el hotel y me pongo malo, solo de pensarlo. Es como una lesión postraumática que te queda", admite. Isidro extiende su crítica a la falta de acción por parte de las autoridades. Denuncia que se presentaron "expedientes de acoso" contra la dirección de su hotel sin que hubiera consecuencias. "Nadie hace nada, nadie mueve nada. No sé lo que tiene que pasar, que alguien se cuelgue, se suicide o no sé", lamenta con frustración.

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Salud Mental

"Yo no le aconsejaría a ningún joven actualmente en Canarias que se meta en la hostelería"

Isidro

Trabajador del sector turístico que ha estado un año de baja por estrés y ansiedad

Isidro concluye con una reflexión que conecta directamente con los hallazgos del estudio sobre el precariado y la vulnerabilidad. Atribuye la parálisis y el silencio de muchos trabajadores a una mezcla tóxica de temor y dependencia económica. Asegura que los responsables de estas situaciones "manipulan a la gente y le tienen el miedo inculcado en el cuerpo". Y finaliza con una amarga verdad que perpetúa el ciclo de sufrimiento: "Cuando se junta miedo con necesidad, pues la gente se paraliza y no habla todo lo que ve". 

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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