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Investigadores de la Universidad de Oviedo descubren en Picos de Europa huesos de buey de hace 35.000 años

Este hallazgo permite documentar por primera vez la presencia de este animal en la Cornisa Cantábrica

Personal investigador de la Universidad de Oviedo

Redacción COPE Asturias

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 12:55

Un equipo investigador de la Universidad de Oviedo ha descubierto un conjunto de huesos fósiles de buey almizclero, de hace 35.000 años, en una cueva de Picos de Europa, lo que permite documentar por primera vez la presencia de este animal, de la denominada “fauna del mamut”, en la Cornisa Cantábrica. La cueva donde se recuperaron los restos está situada en las proximidades de Tresviso, en Cantabria, a un kilómetro de la frontera con Asturias. Hallazgos como este demuestran que las cuevas de la Cornisa Cantábrica aún albergan infinidad de tesoros paleontológicos que no solo sorprenden, sino que además obligan a reescribir la historia de los animales que vivían en esta región durante la Última Glaciación. Los resultados del trabajo, que ha llevado a cabo el Grupo GEOCANTABRICA, se han publicado en la prestigiosa revista “Quaternary Science Reviews”.

En el estudio han participado las y los investigadores Montserrat Jiménez Sánchez, catedrática de Geodinámica Externa de la de la Universidad de Oviedo; Diego J. Álvarez Laó, profesor de Paleontología de la Universidad de Oviedo; Daniel Ballesteros, investigador de la Universidad de Rouen-Normandie/CNRS, Francia; Florent Rivals, profesor de investigación del ICREA y la Universitat Rovira i Virgili, Tarragona; Pablo Valenzuela geólogo de TRAGSATEC, León; y Adrián Álvarez Vena, investigador predoctoral en Paleontología de la Universidad de Oviedo. Se contó además con la colaboración de Mario Menéndez Fernández, catedrático de la UNED, de la Dirección, Oficina Técnica y Guardería del Parque Nacional de los Picos de Europa, así como de la Sociedad Espeleológica y Barranquista Escar, del Grupo de Espelología Diañu Burlón y del Tresviso Cave Project.

El hallazgo de los restos que aquí se presentan fue documentado en 1986 por parte de dos grupos espeleológicos británicos, la Lancaster University Speleological Society y el South Wales Caving Club, que exploraban cuevas de los Picos de Europa. Los restos fueron atribuidos originalmente a una vaca, motivo por cual bautizaron a la cavidad como Cueva de Cabeza de Vaca o Cowshead Cave. Más de 30 años después, en 2018, un equipo interdisciplinar de la Universidad de Oviedo llevó a cabo la recuperación de

estos restos, dentro del marco del proyecto “Servicio para la recuperación y estudio de restos fósiles de mamíferos localizados en cuevas del Parque Nacional de los Picos de Europa, 2017-2018”, suscrito entre el Parque Nacional de los Picos de Europa y la Fundación Universidad de Oviedo.

El estudio de estos fósiles se llevó a cabo en el Área de Paleontología de la Universidad de Oviedo, y resultaron ser de dos individuos de buey almizclero: un macho joven de unos 20 meses de edad, que incluye un cráneo casi completo, y otro individuo subadulto de unos 3-4 años. El cráneo constituye una pieza excepcional, pues los hallazgos de cráneos de buey almizclero del Pleistoceno corresponden normalmente a individuos adultos, no habiéndose documentado antes ningún ejemplar joven de las características del hallado en los Picos de Europa. Por esta razón, para realizar un adecuado estudio comparativo de este cráneo, hubo que trabajar con ejemplares modernos, ya que el buey almizclero todavía sobrevive en ciertas regiones del Ártico. Fue necesario, por tanto, desplazarse al Museo de Historia Natural de Copenhague, que alberga una de las mayores colecciones de cráneos de bueyes almizcleros actuales, procedentes de Groenlandia, con casi 300 ejemplares, que resultó de gran valor para realizar el estudio comparativo.

Los resultados del estudio pusieron de manifiesto ciertas diferencias entre el ejemplar de Picos de Europa y sus homólogos actuales de Groenlandia: el espécimen de los Picos de Europa resultó tener un mayor tamaño que el de sus equivalentes actuales, además de presentar peculiaridades en su morfología y en la dentición, que nunca se habían descrito. La causa de la muerte de estos animales estuvo muy probablemente en relación con la caída accidental por una trampa natural, es decir, un pozo natural que comunicase verticalmente la cueva con el exterior. A partir de la edad estimada del buey almizclero más joven, se pudo deducir que este animal murió en invierno. El estudio del microdesgaste en sus molares indicó que el animal se alimentaba principalmente de ramillas y hojas de árboles y arbustos, probablemente sauces y abedules, en el momento en que murió, lo cual es también compatible con una dieta invernal.

Durante las glaciaciones del Pleistoceno Superior, el buey almizclero se extendió por amplias regiones de Eurasia y Norteamérica. En la Península Ibérica, su presencia solo se había detectado en dos yacimientos de Girona. El hallazgo de Picos de Europa constituye, por tanto, la primera evidencia de la presencia de esta especie en la Cornisa Cantábrica, lo cual define un nuevo límite suroccidental en la distribución euroasiática esta especie y obliga a redibujar su mapa de distribución durante el Pleistoceno.

En la Última Glaciación se documenta la presencia de otros animales típicos de clima frío, como mamuts lanudos, renos y rinocerontes lanudos, en el norte de la Península Ibérica. Otros grandes herbívoros, como el bisonte de estepa, el ciervo gigante y el

caballo; y carnívoros como el león de las cavernas, el leopardo y la hiena, vivían por entonces en la Cornisa Cantábrica, en un paisaje denominado “tundra-estepa”, donde la vegetación herbácea era dominante, y los árboles y arbustos eran escasos. En esta época los glaciares aún ocupaban las cotas altas de la Cordillera Cantábrica.

Los restos fósiles han sido entregados al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, en Santander, donde el cráneo se halla actualmente expuesto al público.

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