El misterio del embalse con dos nombres que esconde un pueblo sumergido en Aragón
Conocido como Joaquín Costa y también como Barasona, este enclave del Alto Aragón no solo es clave para el regadío, sino que guarda una fascinante historia bajo la superficie

Entrevista a Daniel Herrero sobre el pantano de Joaquín Costa
Zaragoza - Publicado el
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Quienes viajan por la carretera hacia Graus, en el Alto Aragón, conocen bien la imagen: tras pasar el Congosto de Olvena, una imponente masa de agua irrumpe en el paisaje. Es el embalse de Joaquín Costa, aunque muchos lo conocen por su otro nombre, Barasona. Este gigante hídrico es una pieza fundamental del territorio, pero su historia y sus funciones encierran detalles que van más allá de la postal. Para desgranar sus secretos, el ingeniero químico y creador de "El Podcast del Agua", Daniel Herrero, ha explicado en el programa Herrera en COPE las claves de esta infraestructura.
Un embalse y dos nombres: el porqué de la doble denominación
Una de las primeras curiosidades que llama la atención es su doble nomenclatura. Según Herrero, esta dualidad es común en muchos embalses españoles, donde conviven el topónimo histórico y el nombre oficial. "Barasona es el topónimo histórico, el de un pequeño núcleo que existía junto al río Ésera antes de la construcción de la presa", aclara el experto. Por otro lado, Joaquín Costa es la denominación "honorífica y administrativa", un homenaje al político e historiador regeneracionista que defendía el agua y el regadío como "palanca de progreso para modernizar España". De esta forma, un nombre explica el territorio y el otro rinde tributo a su inspirador.
La verdadera misión: más allá de la energía hidroeléctrica
Aunque su tamaño es considerable, con una capacidad de 92 hectómetros cúbicos, el embalse de Joaquín Costa no es de los más grandes del Pirineo. Sin embargo, su valor estratégico es incalculable. Construido en 1932, su función principal no es la generación de energía, como podría pensarse. "Su misión más concreta es regular el río Ésera y dar estabilidad al Canal de Aragón y Cataluña", detalla Herrero. Este canal es vital, ya que riega entre 95.000 y 100.000 hectáreas de cultivo, y su viabilidad depende directamente del agua almacenada en Barasona.
La idea es almacenar agua cuando el río baja con fuerza y liberarla en los periodos secos para que las campañas agrícolas no dependan "del capricho de las lluvias o del deshielo". La producción hidroeléctrica existe, pero es un aprovechamiento secundario. Como resume el ingeniero, "lo importante es que no manda la electricidad, manda la gestión del agua". Este control de un río de montaña tiene sus desafíos, como la acumulación de sedimentos en el fondo, un fenómeno que el experto define como "el precio de regular un río vivo de montaña".
Un pueblo bajo el agua y un centro de ocio en la superficie
Bajo la tranquila superficie del embalse yace la memoria del territorio: el antiguo pueblo de Barasona, que da nombre al pantano. Entre las ruinas sumergidas se encuentra una iglesia con un campanario, ya derruido, que protagonizaba una de las anécdotas más recordadas del lugar. Herrero rememora que, antiguamente, "cuando bajaba mucho el nivel se veía la torre de la iglesia", una imagen que conectaba el presente del embalse con su pasado anegado.
Cuando bajaba mucho el nivel se veía la torre de la iglesia"
Creador de El podcast del agua
Hoy, lejos de ser solo una infraestructura hidráulica, el embalse de Joaquín Costa se ha convertido en un importante centro de uso social y lúdico. Sus aguas acogen actividades como baños, navegación, kayak o pádel surf, que lo han transformado en un destino habitual de ocio para locales y visitantes. Así, el embalse que garantiza el futuro agrícola de la región es también un espacio de vida y recreo, una pieza clave del territorio que combina historia sumergida y un presente vibrante en sus orillas.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




