Jesús, el protagonista del 'milagro de Zaragoza' que evitó un atentado de ETA en 1991: "No sabía que era un coche bomba, pero vi que tenían duplicada mi misma matricula y sospeché"
Este zaragozano se ofreció a empujar un vehículo averiado que resultó ser un coche bomba a solo 100 metros de un cuartel de la Policía

Entrevista a Jesús, el protagonista del atentado fallido de ETA en Zaragoza
Zaragoza - Publicado el
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En 1991, una asombrosa casualidad evitó un atentado de ETA contra un cuartel de la policía en Zaragoza. El coche de los terroristas se quedó sin gasolina a escasos 100 metros de su objetivo, en la calle Lastanosa esquina con Marcos Zapata. Jesús, un ciudadano que se encontraba en el lugar, ha relatado su historia en los micrófonos de COPE Zaragoza, explicando cómo una matrícula clonada le hizo sospechar y llamar a las autoridades.
Un encuentro fortuito que evitó la tragedia
Jesús se encontraba esperando a un cliente cuando vio un coche blanco en doble fila. Un hombre y una mujer, los terroristas, intentaban moverlo sin éxito. "La mujer se metió al coche y el hombre se puso a empujar. Al principio no hice nada porque el hombre no pidió ayuda, pero cuando la mujer salió del coche para ponerse a empujar también, ya decidí acercarme a ayudarles", ha explicado Jesús en COPE 35 años después de este increíble suceso.
Al acercarse para ayudar, la sorpresa de Jesús fue mayúscula: "Justo cuando fui a poner las manos en el coche, vi que la matrícula era la misma que la mía". El coche de los etarras era un Corsa blanco, mientras que el suyo era un Renault 11 de color rojo.
Los etarras habían clonado el número de una matrícula al azar, pero lo que no esperaban era que el dueño del coche que tenía ese mismo número en su matrícula fuera a encontrarse con ellos justo cuando se quedaron sin gasolina, apenas 100 metros antes de llegar a su objetivo.
Justo cuando fui a poner las manos en el coche, vi que la matrícula era la misma que la mía"
Testigo del atentado fallido de ETA en Zaragoza en 1991
Por inercia, Jesús exclamó en voz alta: "Joder, pues esta es mi matrícula". Ante el asombro del terrorista que le dijo a Jesús que eso era imposible, este zaragozano decidió no buscar el conflicto e improvisó una excusa sugiriendo que podría ser un "error de tráfico". A todo ello se sumó que Jesús ya había notado algo extraño en la actitud del hombre, que "giraba la cara siempre hacia el lado derecho para que yo no lo reconociera".

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Jesús siguió ayudando para no levantar ninguna sospecha. Empujando el coche dieron la vuelta a la calle Lastanosa, pero el coche no hacía amago de arrancar. Jesús les indicó que muy cerca de allí había varios talleres mecánicos. "Al principio pensé que podían ser unos ladrones sin más, pero a medida que pasaba el rato empecé a sospechar que podían ser terroristas. La matrícula estaba muy nueva", nos cuenta Jesús en COPE.
La llamada de jesús a la Policía
A pesar de la tensión, Jesús se libró de esta complicada situación diciéndole a los etarras que él "tenía prisa" porque "iba a ver un partido de fútbol del Real Madrid". Se despidió y cogió su moto para ir a casa de sus padres: "No quise ir a mi propia casa porque tenía un hijo pequeño"

Actual calle Lastanosa donde tuvo lugar el suceso
"Corté por lo sano", ha afirmado Jesús en COPE que acto seguido se dirigió a casa de sus padres para llamar a la Policía de forma segura. Advirtió a sus padres de lo sucedido y poco después, la Policía se puso en contacto con Jesús. Lo recogieron y lo llevaron hasta el lugar de los hechos.
"Allí me encontré con un robot de desactivación de explosivos y fue cuando se confirmó que se trataba de un coche bomba de ETA", asegura Jesús. El vehículo contenía 30 kilos de Amosal y 200 de tornillería, una carga preparada para causar una masacre.

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El proceso posterior incluyó la identificación de los terroristas a través de fotografías y varios viajes a Madrid para testificar en la Audiencia Nacional: "La Guardia Civil y la Policía me enseñaron muchas fotografías para identificar a los terroristas. Más adelante, otro chico que estaba cerca del lugar de los hechos y yo tuvimos que ir a testificar a la Audiencia Nacional".
El miedo tras el atentado fallido
Las secuelas más profundas fueron personales. Jesús ha confesado el miedo que vivió durante años, especialmente por la seguridad de su familia y su hijo, que entonces tenía tres años. "Si hubiera visto la matricula de lejos, hubiera ido directo a la Policía y no me hubiera acercado a ayudarles", reflexiona Jesús en COPE.
Ese temor se manifestaba en la vida cotidiana. "No dejaba entrar a mi familia al garaje. Intuitivamente, cada vez que arrancaba el coche parecía que fuera a explotar. Me encogía", ha relatado. La Policía le enseñó a revisar los bajos de su vehículo, pero la ansiedad era inevitable. Una causalidad única que, fruto del azar y la suerte, evitó una auténtica tragedia en la Zaragoza de 1991.




