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Un perrito agresivo mordía hasta al adiestrador pero ocurrió algo que cambió su comportamiento

Faruk, un perro muy agresivo que apenas tenía ocho meses, se cruzó en su camino con Adrián Navarro, el adiestrador y fundador de LOPECAN que consiguió cambiarle ese comportamiento

Audio

Escucha la intervención del adiestrador Adrián Navarro en COPE Málaga

Enrique Ortiz

Redactor COPE Málaga

Málaga

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15:54

Mucha gente adquiere un perro pensando que va a ser lo más bueno y que con unas simples pautas van a lograr que tengan un comportamiento ideal. Pero cada perro es un mundo. Es el caso, por ejemplo, de Faruk, un cruce de malinois y pastor alemán al que era imposible acariciar e incluso mordía al que intentara hacerlo. No solo con las personas, sino que también lo hacía con los perros que se le acercaban. La situación era muy compleja y, sin duda alguna, para iniciar un tratamiento se requería mucha técnica y paciencia, algo que le sobra a Adrián Navarro, fundador y adiestrador de Adiestramiento Canino LOPECAN. Adrián cuenta con una amplia experiencia a lo largo de su carrera y, afortunadamente y como cuenta en COPE Málaga, Faruk se cruzó en su camino con él, algo que cambió la vida del perro para siempre.

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MORDIÓ AL ADIESTRADOR EN VARIAS OCASIONES

Viendo la gran labor que realiza Adrián Navarro en otros muchos casos, los dueños de Faruk decidieron ponerse en contacto con él cuando el perro apenas tenía ocho meses. La sorpresa es que en los primeros contactos con Adrián, el perro le llegó a morder en varias ocasiones. “Nos encontramos con un perro muy reactivo, de hecho el primer y segundo día que fui a verlo me mordió. Es más, cuando me lo traje interno a mi casa también me mordió el primer día por acercarme más de la cuenta”, admite el adiestrador.

La situación requería de mucho trabajo, por eso decidió llevárselo interno a su casa para empezar a tratar con el perro. “Me lo traje a casa para poder trabajar de forma más constante y diaria con él”, explica Adrián, que confiesa que a pesar de ser un perro más “chiquitito” de lo que suele ser habitual en estas razas, pesaba unos 25 kilos e imponía mucho. “Lo ves sacando los dientes y te impresiona. Era muy reactivo y es de los perros que te tiran a morder y para cuando te das cuenta ya te ha hecho una herida”, cuenta.


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EL INICIO DEL TRATAMIENTO

Adrián Navarro decidió, como cuenta anteriormente, llevárselo a su casa para tratar con él de manera más constante y efectiva. “Tardé casi un mes en no necesitar comida para tocarlo, pero es que el perro tardó unas dos semanas en empezar a comer bien. Cuando llegó tenía un bloqueo muy grande. Al final lo que hicimos fue jugar con el agua, es decir, en vez de tener agua siempre a disposición se la ponía yo siete u ocho veces al día. Así poco a poco tenía más confianza conmigo”, detalla.

El adiestrador, eso sí, se apoyó en unos alumnos que tenía en prácticas para tratar a Faruk. “Junto a ellos hicimos muchos ejercicios de acercamiento y empezó a ver que las personas que venían a mi casa no le hacían nada malo, que todas las visitas que tenía le daban cosas positivas”, comenta Adrián Navarro, que también se apoyó en los perros que tiene en su casa y que están perfectamente equilibrados, los cuales ayudaron muchísimo al cambio de comportamiento de Faruk, ya que “se soltó antes con los perros que con las personas gracias a que mis perros se acercan a la gente y se ponen contentos cuando viene gente”.

Vídeo

En este vídeo se puede comprobar la evolución de Faruk

SE DIO CUENTA QUE MORDER NO RESOLVÍA NADA

La gran experiencia de Adrián le lleva a analizar al perro desde un punto de vista único. Como explica, Faruk mordía porque era una conducta aprendida que le daba resultados. “El perro sabía que cuando mordía la gente o los perros se iban. Aunque suene un poco heavy, estos perros necesitan llegar a morder para darse cuenta de que así ya no resuelven lo que antes resolvían y optan por tomar otros comportamientos”, apostilla.

YA NO TIENE NINGUNA RESPUESTA AGRESIVA

Toda vez que el perro ya aceptaba ser acariciado sin tener una respuesta agresiva, el adiestrador de LOPECAN decidió llevárselo a la calle para tratar con más gente. Todo fue un éxito, ya que Faruk se dejó tocar, aunque admite que “se le nota que todavía no está cómodo del todo cuando le tocas, pero no tiene ninguna intención agresiva, de hecho cuando le dejas de tocar mueve el rabo y te mira contento .Cuando llega a espacios nuevos le cuesta un poco de trabajo, pero ya no muerde, no tiene esa reactividad. Simplemente cuando no le gusta algo se quita o se sienta o mira hacia otro lado”, comenta.

La actitud de Faruk ha cambiado por completo gracias a que Adrián Navarro se cruzó en su camino. Ahora es un perro sociable y para nada es agresivo, por lo que el objetivo principal se ha conseguido. “El perro es una maravilla ahora, da gusto verlo, cuando lo has visto dos veces viene y te salta como si lo conocieses de toda la vida. Es como la noche y el día en comparación con lo que era en un principio”, cuenta.



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