Violencia en las aulas: un niño de 11 años deja inconsciente a un compañero con un mataleón y baila tras la agresión
Una inspectora de la Policía Nacional advierte que más del 70% de los casos ya son ciberacoso y desvela un ataque de un niño de 11 años que ha encendido las alarmas

Málaga - Publicado el
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El acoso escolar se ha transformado en una violencia silenciosa que, además de dejar una profunda huella en quienes la sufren, ha encontrado en el mundo digital un altavoz sin descanso. Insultos, amenazas, la difusión de imágenes sin consentimiento o el control a través del móvil son manifestaciones de un problema que preocupa cada vez más a familias y educadores. Según datos del Ministerio del Interior, más del 70% de los casos de acoso escolar ya tienen una prolongación en el entorno digital, una modalidad conocida como ciberacoso. Este fenómeno afecta a menores a edades cada vez más tempranas, con víctimas que sufren esta doble vertiente de acoso incluso antes de los 12 años.
La línea que separa el conflicto del delito
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Para abordar esta problemática, es fundamental diferenciar un conflicto puntual de una situación de acoso. Susana Prieto, inspectora de la Policía Nacional en el área de Participación Ciudadana de Málaga, establece una distinción clara en los micrófonos de COPE Málaga. El acoso escolar se produce cuando "un alumno o varios alumnos emprenden una actividad violenta contra otro alumno u otros alumnos". La clave, según la inspectora, es que esta violencia debe ser "continuada y prolongada en el tiempo", no un hecho aislado. Esta agresión puede manifestarse como acoso verbal con insultos y motes, violencia física con golpes, e incluso acoso sexual o un completo aislamiento social de la víctima.
La percepción de las autoridades es que el problema va en aumento. "La verdad es que en mi unidad cada vez recibimos más denuncias de tema de acoso", admite la inspectora Prieto. Aunque este incremento puede deberse en parte a que "los padres están más asesorados y tienen más constancia de los recursos que tienen", la conclusión es clara: "efectivamente, hay más casos", sentencia.

Susana Prieto, inspectora de la Policía Nacional en el área de Participación Ciudadana de Málaga
El papel del entorno: observadores y responsabilidad legal
La Policía Nacional ha puesto en marcha un programa de charlas preventivas en los colegios, dirigidas tanto a alumnos como a padres, para atajar el acoso escolar y el ciberbullying. Uno de los objetivos principales de estas intervenciones es movilizar al "observador pasivo", es decir, al resto de compañeros que presencian la violencia. La inspectora subraya que el silencio es el gran cómplice de esta lacra. "Es que es verdad que el acoso escolar y el ciberacoso se nutre mucho del silencio", explica, refiriéndose tanto al de la víctima, que calla por "humillación, la vergüenza o el miedo", como al de los testigos.
Nos preocupa muchísimo que pueda descender la edad a la que se produce el acoso"
Inspectora de la Policía Nacional
A menudo, los observadores no intervienen por miedo a convertirse en el siguiente objetivo, pero la experiencia policial demuestra que la unión es la mejor defensa. "Si el grupo se pone fuerte y se hace fuerte, al final, el que va a estar fuera de contexto es el acosador", asegura Prieto. Es crucial que los menores entiendan también las consecuencias de sus actos. "Hay chavales que no saben ni que están cometiendo un delito", advierte la inspectora, recordando la existencia de la Ley 5/2000 de responsabilidad penal del menor y la responsabilidad civil de los padres sobre los daños morales causados. Además, los profesores son considerados "garantes de la seguridad" de los alumnos en el centro.
Retrato del agresor, la víctima y un caso que enciende las alarmas
El perfil del acosador no se limita a los varones; también hay chicas que ejercen este tipo de violencia. A menudo, provienen de "familias desestructuradas", con abandono o con un estilo educativo muy autoritario. La falta de empatía, la incapacidad para aceptar un "no" y una baja tolerancia a la frustración son rasgos comunes. Por otro lado, el perfil de la víctima es muy amplio: puede ser un alumno nuevo, alguien con características físicas diferentes, con otra orientación sexual, de otra etnia o, simplemente, un buen estudiante con pocas habilidades sociales.
Un caso reciente ha encendido todas las alarmas en la comunidad educativa de Málaga por su crudeza y la temprana edad del agresor. La inspectora Prieto lo califica de "bastante extraño". Se trata de un niño de 11 años que realizó la técnica del "mataleón" a un compañero. Esta maniobra consiste en "asfixiar a la persona, pero no hasta el punto de que muera, sino de que se desvanezca". La víctima cayó de boca, sufriendo "bastantes lesiones en la cara". Lo más perturbador, relata Prieto, es que el agresor, "después de hacer eso, bailó, o sea, como que se rió".
El acoso escolar y el ciberacoso se nutre mucho del silencio"
Inspectora de la Policía Nacional
Este suceso ha generado una gran preocupación por el descenso en la edad de los agresores. Aunque el niño de 11 años es "inimputable a nivel penal", se activó inmediatamente el protocolo de acoso escolar, que puede derivar en su expulsión. El caso también se ha derivado a Servicios Sociales y a la Fiscalía de Menores para evaluar el entorno familiar del menor y determinar las actuaciones formativas necesarias.
Frente a la virulencia del acoso tradicional, el ciberacoso añade una dimensión de omnipresencia. "El problema que tiene es que ya el acoso no es puntual en el centro educativo, sino que no tiene fin, son 24 horas los 7 días de la semana", detalla la inspectora. Por ello, el consejo es unánime y firme: la víctima debe comunicarlo a un "adulto de confianza", ya sea un familiar o un profesor. Callar solo perpetúa el sufrimiento.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




