El misterio del agujero del donut: la sorprendente conexión naval que explica su origen
La solución de un joven marinero en 1847 para evitar que la masa quedase cruda por dentro dio lugar a uno de los dulces más populares del mundo

Porque agujero Donuts
Málaga - Publicado el
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El donut, un dulce popular en todo el mundo y del que solo en España se venden 250 millones al año, debe su nombre a la combinación de las palabras inglesas 'dough' (masa) y 'nut' (nuez). Sin embargo, la característica más universal de este bollo, su agujero, tiene un origen que pocos conocen y que está íntimamente ligado a la vida en el mar.
Un marinero con una idea brillante
La teoría más sólida sobre la invención del agujero se remonta a 1847, cuando un marinero estadounidense de apenas 15 años llamado Hanson Gregory se cansó de que los bollos que preparaba su madre quedaran siempre crudos por dentro. Aunque el exterior quedaba crujiente, el centro de la masa nunca se cocinaba bien.
Hanson tuvo la idea de perforar el centro de la masa usando la tapa de un pimentero de hojalata. Este sencillo gesto permitió que el calor se distribuyera de manera uniforme, logrando una cocción perfecta y reduciendo el tiempo de fritura. Según explica el ingeniero naval y capitán de la marina mercante, Raúl Villa, esta es la explicación más contrastada que existe.
La historia del agujero tiene que ver con la del amigo Hasson Gregory, no existe otra"
Ingeniero naval y capitán de la marina mercante
Aunque la historia del donut moderno parece nacer en Holanda en el siglo XVII y llegó a Estados Unidos con los colonos, ya en la Antigua Grecia existían masas similares que se horneaban. No obstante, fue la solución de Gregory la que definió para siempre la forma del donut.

Donuts de sabores
La comida en alta mar: del 'bizcocho' al cocinero profesional
La conexión del donut con el mar no convierte a este dulce en una comida típica de barco. Históricamente, la alimentación a bordo era muy diferente. En tiempos de las galeras, la base de la dieta era el llamado bizcocho, una torta de harina de trigo que se cocía dos veces para endurecerla y garantizar su conservación durante las largas travesías.
Este alimento era duro, poco dulce y muy difícil de comer si no se mojaba en agua o en la ración de vino que se repartía. Su dureza era tal que ha quedado registrada la anécdota de Gonzalo de las Casas, a quien se le negó el regreso a la península desde Nueva España por estar desdentado e ser incapaz de comerlo.
Ser cocinero a bordo en el siglo XXI
Hoy en día, la situación ha cambiado radicalmente. Desde 2014, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece unas pautas para la formación de los cocineros de buques, exigiéndoles una titulación y cualificaciones específicas. El armador y el capitán son los responsables de garantizar que se sirve comida nutritiva y agua de calidad.
Las cocinas y despensas de los barcos modernos son diseñadas por ingenieros navales para cumplir con estrictas condiciones de higiene, orden y seguridad. Los cocineros deben tener una formación sólida para evitar la contaminación de los alimentos por microorganismos o sustancias químicas.
Uno de los mayores retos es adaptar los menús a circunstancias imprevistas, como un temporal. Raúl Villa destaca que "con muy mal tiempo, pues a veces resulta muy difícil preparar los menús, o al menos cocinarlos igual como estaba previsto inicialmente". El cocinero debe ser capaz de replanificar las comidas con las existencias disponibles para garantizar el éxito de la misión.
Con muy mal tiempo resulta muy difícil preparar los menús"
Ingeniero naval y capitán de la marina mercante
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