Las Divinas Palabras de Ernesto Medina. Hoy: La cita previa

Jaén - Publicado el - Actualizado
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Recién jubilado mi hermano Ismael se presentó en una sucursal bancaria de la Plaza del Deán Mazas para recuperar un plan de pensiones que el eximio Rodríguez Zapatero había centralizado en un solo banco. Indefectiblemente tenía que ser esta entidad. Solicitó número dentro la opción “no soy cliente” y se sentó a la espera de su turno. Entretuvo los primeros quince minutos con una ojeada de la prensa digital en el móvil. El siguiente cuarto de hora le permitió la lectura de algunos artículos de opinión. A la vista de que el contador digital no se movía inquirió a un empleado cuándo era previsible que lo atendieran. “Es que como usted no es cliente no tiene preferencia. Además, quien lleva esos temas ha salido a desayunar”.
Afortunadamente la batería del teléfono estaba a tope. Aprovechó para hablar con la familia. También resolvió, con parsimonia, un juego de palabras por mor de ganarles a sus hermanos el pique diario. Transcurrida una hora larga, se dirigió de nuevo a la misma mesa donde otro “trabajador” le explicó que el compañero que se encarga no había vuelto todavía. “Debe de estar al caer”.
Cuando la paciencia estaba por trocar en ira irrefrenable, finalmente accedió a la ventanilla prometida. “Hoy no puedo atenderlo. Usted no tiene cita concertada”. Suplicó, quejose, apeló al tiempo de espera, alegó que él no había elegido el banco. “Como favor podría buscarle un hueco dentro de tres horas. Si no, el lunes de la semana que viene a la 9.30”.
Ayer consiguió finiquitar el asunto. “La transferencia será efectiva dentro de diez o quince días”. Hastiado se abstuvo de interpelar al susodicho sobre la demora puesto que era un trámite digital. Al contarme su historia le repliqué que yo venía de MUFACE pues gozaba de hora concertada la semana anterior. Me atendió una joven encantadora y eficiente mientras otros colegas estaban ociosos desdeñando a diversas personas, que sin el pasaporte de la cita previa aguardaban que alguien tuviera la bondad de reparar en ellos. Da igual público o privado. La cita previa es una gangarrera que llegado el momento ocasionará algún incidente grave.
Mientras nos tomábamos un vermú me pidió que contase lo sucedido en la radio al grito de “ciudadanos, levantaos contra el abuso”. Orillé la conversación porque rumiaba en mi interior que a Jaén llevan citándola sin fecha per saecula saeculorum. Continuamos sumisos sin tan siquiera amagar-amasar-amargar-amartillar una sublevación giennense. Por cierto, el vermú estaba bueno. Con rodaja de naranja, evidentemente.
Palabras, divinas palabras



