El último adiós al pino de Fuentepiña, ¿Qué significó en la vida y obra de Juan Ramón Jiménez?

El emblemático árbol de Fuentepiña, inmortalizado en "Platero y yo" y otras obras del autor, es talado tras los daños de un tornado, pero el ayuntamiento plantará un hijo en su lugar. La experta juanramoniana, Mari Paz Díaz, analiza su significado.

Pino de Fuentepiña
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Elías Luis Grao

Mari Paz Díaz, experta en Juan Ramón Jiménez y su obra

Elías Luis Grao

Huelva - Publicado el

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El Ayuntamiento de Moguer ha anunciado la tala del histórico pino de Fuentepiña, el árbol que el propio Juan Ramón Jiménez eligió como lugar de sepultura para su burro Platero. La decisión llega casi un año después de que un tornado derribara el centenario ejemplar. A pesar de los esfuerzos por recuperarlo, no ha sido posible, aunque el alcalde, Gustavo Cuéllar, ha confirmado que un hijo del pino será plantado para mantener vivo su legado.

Fuentepiña, un refugio vital y literario

Este paraje no fue solo la casa de veraneo de la familia Jiménez. El propio Nobel de Literatura se trasladó a vivir a Fuentepiña a principios del siglo XX, buscando un remanso de paz. El cambio se produjo tras la sorpresiva muerte de su padre, Víctor Jiménez, el 3 de julio de 1900, un suceso que desató en el poeta un profundo miedo a la muerte y recurrentes crisis nerviosas.

La finca, cuyo nombre completo es Santa Cruz de Vista Alegre, se convirtió en su santuario. Situada a solo dos kilómetros de Moguer, cerca de la casa de su médico, el doctor Rafael Almonte, le proporcionó el entorno de calma que necesitaba. Este periodo de crisis personal se transformó en una etapa de gran inspiración y fructífera producción literaria.

La inspiración de Fuentepiña quedó plasmada en numerosas creaciones, como el poema "En su colina amarilla", escrito en 1901. En esta composición, enmarcada en su etapa modernista, afloran temas como el amor, la soledad y la melancolía, pero también un atisbo de esperanza a través del uso del amarillo, su color favorito, que para él representaba la primavera y la luz solar.

El origen de 'Platero y yo'

Fuentepiña es, además, un lugar fundamental en la génesis de "Platero y yo", la obra más universal del poeta. Tras un tiempo fuera por motivos médicos, Juan Ramón Jiménez regresa a Moguer en 1905 y es entonces cuando el inseparable Platero entra en su vida. El burro se convierte no solo en su compañero, sino también en su medio de transporte para los trayectos diarios entre el pueblo y la finca.

De aquellos paseos, del contacto directo con la naturaleza y de las vivencias en el campo moguereño comenzaron a fluir las páginas de la elegía andaluza. La primera edición de la obra se publicó el 12 de diciembre de 1914 con 66 capítulos, y su inmediato éxito llevó a una edición ampliada a 138 capítulos en 1917.

Por este motivo, el Nobel de Literatura eligió el ahora desaparecido pino centenario de Fuentepiña como el lugar para el eterno descanso de Platero, inmortalizándolo en su obra con estas palabras: "Bebe tranquilo, Platero. Yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la piña, que a ti tanto te gusta. Estarás al lado de la vida alegre y serena".

Bebe tranquilo, Platero, yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la piña"

En otros pasajes, el poeta se refiere a él como el "pino de la corona", un árbol amigo que describía con admiración y nostalgia: "¡Qué amigo un árbol, aquel pino verde, grande, pino redondo, verde junto a la casa de mi fuente piña!". El propio Jiménez lo describía como "milenario", aunque su edad real rondaba los 200 años.

Sabrás los versos que la soledad me traiga"

Un lugar de peregrinaje cultural

La relevancia simbólica de Fuentepiña ha sido una constante. Un hecho poco recordado es que los cursos de verano de la Universidad Hispanoamericana de La Rábida, actual Universidad Internacional de Andalucía, ya organizaban homenajes al poeta en esta finca desde el verano de 1945, once años antes de que se le concediera el Premio Nobel.

La propuesta, impulsada por el entonces alcalde de Moguer, Pablo García Izquierdo, buscaba resaltar la obra del escritor, que en esos momentos se encontraba en el exilio. El propio Juan Ramón tuvo conocimiento de estos actos y los agradeció en una carta fechada el 19 de junio de 1948, mostrando su emoción por que se celebraran en un lugar tan significativo para él.

Las calles de Moguer, sus plazas y fincas como Fuentepiña conforman un escenario global que el poeta recreó en su literatura. Obras como "Almas de violeta", "Baladas de primavera" o "La soledad sonora" están impregnadas de los paisajes y gentes de su tierra, un lugar que, gracias a su legado, está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de sitio histórico.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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