Los trastornos alimentarios, un problema de salud mental: "No tiene que ver solo con la comida, es la punta del iceberg"
Una experta detalla las claves de estas enfermedades psicológicas, desde los mitos que las rodean hasta el papel crucial de la familia y el peligro de las redes sociales

Eugenia Ponte, terapeuta
Huelva - Publicado el
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Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), la terapeuta Eugenia Ponte, del gabinete Génesis Bienestar, ha explicado las claves de estas enfermedades psicológicas que van mucho más allá de la comida. Según la experta, los TCA afectan a la forma en que una persona se relaciona con la alimentación, el peso o la imagen corporal, y vienen acompañados de una fuerte angustia y una percepción distorsionada del propio cuerpo.
Principales tipos de TCA
Entre los trastornos más comunes se encuentra la anorexia nerviosa, caracterizada por una restricción extrema de alimentos y un miedo intenso a ganar peso. Le sigue la bulimia nerviosa, que combina episodios de atracones con conductas de compensación como vómitos o uso de laxantes. También destaca el trastorno por atracón, donde hay ingestas de grandes cantidades de comida con sensación de pérdida de control, pero sin purgas posteriores.
Ponte también ha mencionado otros trastornos asociados como la vigorexia, una obsesión por el deporte más frecuente en hombres, y la ortoorexia, que es la obsesión por comer sano. La terapeuta resume que todos estos trastornos tienen en común una conducta llevada al exceso, ya sea por exceso o por defecto.
Señales de alerta y cómo ayudar
Para detectar un posible TCA, es importante observar ciertos cambios de conducta que a menudo pasan desapercibidos. La experta señala que evitar comer en familia, mostrar una obsesión desmedida por el cuerpo o la comida, los cambios bruscos de peso y el exceso de ejercicio son signos de alerta. Sin embargo, destaca que "el aislamiento social es quizás el síntoma más evidente".
A la hora de ofrecer apoyo, lo fundamental es crear espacios para poder hablar de sentimientos y emociones, asegurando a la persona que no está sola y que pedir ayuda es un gran paso. El acompañamiento debe hacerse sin juzgar y desde un entorno seguro. Según Ponte, es un error culpabilizar a la persona, ya que "esta persona no elige tener un trastorno de la conducta alimentaria, no es que le falte fuerza de voluntad", sino que necesita apoyo profesional.
No es que le falte fuerza de voluntad"
Terapeuta
El perfil del afectado y el impacto del entorno
Estadísticamente, los TCA tienen una incidencia mucho más alta en mujeres, con una proporción que alcanza el 90% de los casos, algo que la experta vincula a la presión social y estética. La enfermedad suele debutar en la adolescencia, una etapa de cambios físicos y de construcción de la autoestima, por lo que es clave fomentar desde la familia un ambiente de aceptación y respeto corporal.
En este contexto, las redes sociales juegan un papel fundamental, por lo que Ponte recomienda supervisar su uso y "enseñar un pensamiento crítico para que los jóvenes sepan que no todo lo que se ve es real". La terapeuta insiste en la importancia de hablar abiertamente sobre la presión estética y la comparación social para contrarrestar los mensajes de cuerpos perfectos que dominan estas plataformas.
Finalmente, Eugenia Ponte desmonta uno de los grandes mitos sobre los TCA: que son un problema relacionado únicamente con la comida. "Un trastorno de alimentación no tiene que ver solo con la comida. Ese es el síntoma, digamos, es como la punta del iceberg", afirma. Detrás de la alimentación se esconden problemas más profundos de autoestima, por lo que es crucial acudir a profesionales, como pediatras o personal de enfermería, que están familiarizados con las primeras señales para una detección temprana.
Un trastorno de alimentación no tiene que ver solo con la comida, es la punta del iceberg"
Terapeuta



